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 Palabras del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, en el I Encuentro Internacional de Prensa Independiente

 Bogotá, 13 may (SIG).

En 1791 –cuando se introdujo la Primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos–, Thomas Jefferson dijo – palabras más, palabras menos- que sin una absoluta libertad de prensa no era posible un buen gobierno.

A la vuelta de unos años –al terminar su administración– Thomas  Jefferson cambió radicalmente su opinión y dijo que con absoluta libertad de prensa era imposible hacer un buen gobierno.

A mí eso no me ha pasado - no me ha pasado todavía porque no he terminado mi mandato- y ojalá que no me pase para poder decir eso, creo que no me va a pasar porque yo vengo de las entrañas de periodismo.  

Lo digo con total convicción y con el cuero duro que me han dejado los medios y periodistas que –como decimos popularmente en Colombia– me han dado hasta con el balde.

El libre pensamiento, la libre opinión, la libre expresión y libre oposición. Esos son unos principios que yo –como Presidente de la República y antes y sobre todo como periodista, fui  inclusive presidente de la Comisión de Libertad de Prensa, de la SIP, fui a El Salvador, a Chile en época de (Augusto) Pinochet a defender la libertad de prensa – esos son principios que defiendo a capa y espada.

Una prensa fuerte, una prensa de calidad y que pueda trabajar con plenas garantías, es una aliada indispensable de la libertad, de la paz, de la prosperidad sobre todo de la democracia.

En este oficio confluyen no solo lo más profundo de mis sentimientos –algunos de los años más felices de mi vida los pasé en un periódico, en una sala de redacción haciendo periodismo – sino también mis mayores convicciones como demócrata.

En buena hora – querido Jorge Hernán- Asoprensa y el Departamento de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central han convocado este Primer Encuentro Internacional de Prensa Independiente.

Colombia tiene muchas  experiencias y muy valiosas para aportar, pero también mucho que aprender ahora que recorremos el camino hacia el final de un conflicto armado después de 50 años de estar en guerra, las guerras impactan directamente a los medios de comunicación a la libertad de expresión, a la verdad.  

El Presidente o el Rector de la Universidad (…) dijo hace algunos días que en un contexto de posconflicto el periodismo no puede seguir siendo el mismo, que tiene que repensar sus costumbres y redefinir sus tradiciones.

Creo que tiene razón. Necesitamos una nueva narrativa para un nuevo país. Un país en paz.

Es que nosotros infortunadamente nos hemos acostumbrado a ver país en guerra como sociedad y el periodismo también se ha acostumbrado a reportar la guerra como algo normal y eso es un problema, por eso es importante cambiar esa narrativa.    

El año pasado –en la entrega de los premios de periodismo Simón Bolívar– yo les propuse a los periodistas imaginar el día en que las buenas noticias sean las que ocupen los titulares de los periódicos.

Ese por supuesto es un sueño de todo Mandatario, sé que es muy difícil porque va un poco en contra de la naturaleza de lo que es el periodismo. 

Un día en que esas buenas noticias abran los noticieros y centren la atención de los comentaristas radiales y los tuiteros. Hoy en día eso comienza también a cambiar esa narrativa 

Un día en que vivamos en un país normal –con problemas, con diferencias y retos, claro–, pero donde NO nos matemos entre hijos de una misma nación.

No es fácil imaginarse algo así. Llevamos décadas concentrados en la guerra que quiero terminar. 

Yo lo vivo a diario: la narrativa de la guerra sigue imponiéndose, sigue imperando, si hago un discurso de 20 minutos, y hablo de política, no pasa nada… Si anuncio programas sociales para los más necesitados, no pasa nada… Pero si menciono, en un solo minuto de ese discurso, la palabra Farc, saltan las alarmas y es lo único que registran los medios.

Es cierto –y lo he dicho– que el periodista es como el perro guardián de la sociedad, por eso entiendo y aprecio y estimulo la crítica, -el perro guardián siempre alerta para gruñir, para ladrar cuando algo no está bien, y muchas veces si algo está bien, si acaso bate la cola- pero los invito a encenderlas a los periodistas cuando las  cosas vayan bien, sobre todo cuando la narrativa ha sido una narrativa de guerra durante tanto tiempo.

En estos últimos años -ayer lo decía en una exposición a editores económicos y a opinadores de las diferentes organizaciones sociales.   

Hemos creado 2 millones 700 mil empleos nuevos y llevamos 56 meses consecutivos reduciendo el desempleo mes tras mes frente al mismo mes del año anterior. ¡Eso nunca se había visto en Colombia y nunca se había visto en el mundo!

Las organizaciones internacionales dicen: ‘mire eso es algo muy particular, récord que tiene Colombia del cual deben sentirse orgullosos’

La pobreza bajó 12 puntos porcentuales en los últimos 5 años y hoy Colombia tiene casi 4 millones y medio de colombianos y colombianas, fuera de la pobreza. ¡Eso tampoco se había visto!

Por eso el BID dijo, Colombia ahora puede decir, lo dije ayer, el BID lo dijo hace una semana, puede decir con orgullo que ya es un país de clase media.

En el año pasado la economía creció al 4,6 por ciento, el mayor crecimiento de cualquier país de América Latina de los países medianos y grandes. Y prevemos que este año ese crecimiento siga estando bastante por encima de la región.

¡Esas son noticias que valen la pena ser contadas porque mantienen el espíritu optimista, positivo de la gente!

Si uno no les cuenta sino las noticias negativas ese optimismo que se traduce eventualmente en iniciativas, en emprendimiento pues se va apagando, se va marchitando.

Pero sin renunciar, y en eso quiero ser muy claro, al deber de informar siempre: dejemos de perpetuar esa sentencia según la cual las buenas noticias no son noticias. Es algo que nos enseñan muchas veces hasta en las clases de periodismo, no, las buenas noticias no muchas veces son noticia, sí, pueden ser noticias.

Sobre todo en un mundo que está cambiando tan rápidamente, los descubrimientos, las nuevas tecnologías, eso es noticia.

Pero yo no vine a decirles a los periodistas cómo hacer su oficio.

Sin embargo, así como lo estamos haciendo en toda Colombia, tenemos que apostarle a no alimentar, a no avivar el conflicto. A no atizar las controversias entre quienes estamos del lado de la democracia.

Y retomo a Jefferson, quien dijo también una frase muy bonita, muy real que yo aplico mucho. Una diversidad de opinión no constituye una diversidad de principios.

Es bueno que nos diferenciemos dentro de un marco democrático, es bueno que existan las controversias dentro de una Constitución y unas leyes. Pero no exageremos para poner en tela de juicio esa Constitución y esas leyes.

Cada ciudadano, cada corriente política, cada medio de comunicación tiene sus propias opiniones, y son todas muy respetables. La opinión de todo el mundo debe ser respetable, y tiene en mí a un celoso defensor de esa libertad para expresarlas y defenderlas.

Yo uso también una palabra, una frase de Voltaire que decía, yo estoy en total desacuerdo con lo que usted piensa, en total desacuerdo, pero me hago matar por su derecho a expresar su opinión.

Así es el talante de una democracia real.

Los enfoques críticos son necesarios. Yo los aprecio tanto que hasta colecciono las caricaturas que me hacen, y ustedes saben que casi ninguna caricatura es para aplaudir sino para llamar la atención sobre algo que falta.

Yo tengo todas las caricaturas, no todas porque no cabrían, pero las más ácidas las tengo ahí, recordándome todos los días la crítica.

Y obvio que la crítica la considero como una especie de ducha de agua fría todos los días para mantenerme con el polo a tierra.

Porque en el gobierno uno se va aislando, lo van aislando los sanedrines y el primer círculo de la guardia pretoriana va aislando al gobernante, no aquí sino en todas partes, si uno se deja aislar, si uno comienza a no escuchar la crítica o a rechazar la crítica ahí sí queda aislado totalmente.

Por eso esas caricaturas yo las miro todos los días y les recuerdo, tengo mi polo a tierra.

Por eso yo –que en esas caricaturas me pintan como muy ojeroso, respingado y copetón– pues soy el primero en defender la labor y la libertad de los caricaturistas y de todos los críticos.

Ojalá sea sin insultos, sin hostigamientos. Las críticas deben ser también picantes, elegantes, y sin obstáculos y sin sed de venganza. Eso es algo que anima a cualquier democracia.

Y por supuesto yo quiero ser muy claro que aquí no estoy buscando unanimismos, ni les estoy pidiendo a los periodistas que abandonen el escepticismo o la mirada crítica, que hacen parte de la esencia del oficio, todo lo contrario. 

Pero sí les pido recordar siempre ese poder tan grande que tienen en las manos para informar y para dar a la opinión pública unos elementos de juicio, unas herramientas en tiempos tan cruciales para Colombia.

Estamos viviendo un punto de inflexión: la forma como se informa, la forma como se opina la realidad siempre buscando la verdad debe ser siempre tenida en cuenta para poder contribuir a que ese punto de inflexión de nuestra historia nos lleve a mejor puerto.

Si ustedes –se lo proponen– pueden dar a la esperanza, que aviva esas acciones positivas.

Tenemos ante nosotros la posibilidad de cambiar la historia; de garantizar –de una vez y para siempre– que nuestro país recorra la senda de la prosperidad y el desarrollo.

Lo podemos empujemos juntos, todos los colombianos, pero sobre todo, los que hacen las noticias, los que guían la opinión, juntos hacia ese fin supremo de cualquier sociedad, en todas las sociedades el fin supremo y a través de la historia tiene que ser la paz. Esa paz que –al margen de las posiciones políticas o editoriales– yo considero que queremos todos los colombianos. Todos queremos esa paz.

No es lógico estar en contra de ese bien supremo.

¡Que ojalá ese sea un que propósito que nos una en lugar de dividirnos!

Les he pedido a todos los críticos: sigan con sus críticas, pero pongámonos de acuerdo en que sí queremos la paz y queremos también una paz justa, una paz duradera, sostenible; la podemos construir entre todos y la vamos a construir entre todos.

Informar con la verdad, la verdad es un elemento fundamental, con la mayor imparcialidad posible. Dicen que la total imparcialidad no existe, que cada uno de nosotros tiene unos sentimientos que se van a reflejar en el uso de adjetivos, en darle un poquito más de importancia a una opinión que a otra; puede que eso sea cierto, es humano. Pero siempre hay que buscar ser lo más imparcial posible, verificando siempre los hechos.

Y ustedes lo viven, yo lo vivo todos los días, la cantidad de rumores, la cantidad de chismes, la cantidad de historias que cuando uno va a verificar no son ciertas.

Yo me acuerdo una clase de comunicación que recibí cuando estaba en la universidad con un gran profesor de la Universidad MIT nos puso en la clase, éramos 30 y pico de estudiantes, a hacer el siguiente ejercicio: le dio a un estudiante una pequeña historia, un parrafito de una historia, le pidió a los estudiantes que le contaran la misma historia al compañero, y fue uno detrás de otro, cuando llegó al estudiante 30 y pico – que éramos como 36- le preguntó ¿cuál es esa historia? Era completamente distinta a la historia que inició. Y él decía, por eso siempre hay que ir a la fuente a verificar los hechos y pensando siempre en el público y en las fuentes, no solo es la forma de hacer un buen periodismo sino de contribuir a ese objetivo del buen periodismo que es la democracia y la libertad.

¡Es también un magnífico aporte del periodismo a la paz! 

Aquí hemos visto que en las guerras la primera víctima es la verdad.

Parte fundamental de las guerras a través de la historia es utilizar la desinformación para perjudicar al enemigo, para debilitarlo.

Pues hemos vivido tanto tiempo en guerra, que esa estrategia de guerra la aplicamos en el diario vivir. Entonces para perjudicar a un contradictor, o a un crítico, o a un opositor, o a un adversario, o a un competidor, entonces usamos esa misma estrategia de desinformar de sembrar mentiras.

Y eso es lo que los periodistas nunca deben hacer, nunca deben caer en esa trampa, todo el mundo quiere hacerlo. Los periodistas tienen la responsabilidad de filtrarlo, de poder decir realmente lo que es.

Los portavoces del incendio le hacen un favor muy flaco a nuestra democracia, le hacen un favor muy flaco a la libertad de expresión, inclusive, muchos que la dicen defender.

En Colombia necesitamos más bomberos… y menos pirómanos.

Es lo que necesitamos para ir construyendo esa democracia cada vez más fuerte.

Bienvenida la crítica –entonces–, y bienvenidos todos los que quieran controvertir, pero que la ética debe ser regla de oro: controvertir, discutir, respetar las diferencias pero con ciertos  principios y cierta ética, la verdad.

Una ética que –como decía Gabo– debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón. Esa frase de Gabo.

Esa frase de Gabo es muy necesaria tenerla en cuenta. Gabo era un periodista como ninguno, con una gran sensibilidad sobre el buen periodismo.

Lo vi muchas veces ejerciéndolo, lo vi muchas veces enseñándolo, lo vimos muchas veces en su escuela que él creó, la Escuela de Periodismo, con Jaime Abello, y las clases de Gabo en ese sentido eran maravillosas.

Y esa frase es una frase bien importante, la necesidad de siempre mantener unos estándares éticos en la profesión del periodismo. 

En esta lucha por garantizar la absoluta la libertad de prensa tenemos grandes retos por delante, pero también tenemos resultados que el mundo está reconociendo.

Una organización muy respetada que ha tenido mucha presencia en Colombia, Human Rights Watch –que ha mantenido una posición crítica– reconoció hace dos semanas que en nuestro Gobierno no hay persecución del Estado contra periodistas, como algunos han sugerido y como sí se denunciaba en épocas anteriores.

Ahora bien, también señalo un tema muy delicado –del que somos muy conscientes– y al que le estamos poniendo toda la atención.

Y me refiero a la situación que viven los periodistas que ejercen su oficio sobre todo en las regiones, que es donde la presión de los actores violentos al margen de la ley es más evidente.

Los tiempos más oscuros de la violencia contra los comunicadores de Colombia ya están comenzando a quedar atrás.

Algunos de ustedes se recordarán otros no tanto de la época de Pablo Escobar, de las grandes mafias del narcotráfico y cómo el periodismo surgió de esa situación fortalecido.

Bombazo a El Espectador, Guillermo Cano, tantos periodistas sacrificados. Ahí vimos el homenaje que hoy se le rindió a varios de los periodistas, esta lista encabezada por Jaime Garzón.

Esa violencia contra el periodismo, contra la libertad que afortunadamente la estamos ya controlando pero no la hemos terminado de controlar. En las regiones todavía existe esa presión contra los periodistas, amenazas.

Ya afortunadamente el número de asesinatos se ha reducido sustancialmente. 

Un solo periodista asesinado el año pasado 2014, pero más de 160 amenazados o agredidos por cumplir con su deber –esa no es una cifra del Gobierno es una cifra para la Fundación para la Libertad de Prensa, Flip -son cifras que a mí me preocupan y siguen siendo preocupantes.

Por eso estamos protegiendo a la mayor cantidad de periodistas posibles que realmente estén amenazados. Hoy en día 137 periodistas se benefician de las medidas de protección del Estado.

Ojalá sea cero ese número muy pronto. Que ningún periodista por opinar, por ejercer su profesión tenga que andar con alguien que lo cuide. Ese es el país que yo quisiera tener.

Queremos que todos estos indicadores sean cero permanentemente y para eso estamos trabajando a diario.

Actualmente está avanzando el proceso de formalización de una política pública para garantizar o para reforzar el derecho a la libertad de expresión, sobre todo de quienes ejercen el periodismo en nuestro país.

Y en este proceso –que lo iniciamos en 2012 el Ministerio del Interior está trabajando con la Flip, con un proyecto que se denomina: Antonio Nariño– y han participado más de 20 entidades estatales, más de 23 organizaciones de la sociedad civil, están involucradas más de 8 universidades y, por supuesto, muchísimos medios de comunicación.

Ojalá Asoprensa pueda participar en forma activa para ir mejorando cada vez más ese entorno donde tienen que trabajar los periodistas y que puedan expresarse con toda libertad y tranquilidad.

Para este año nos pusimos unos objetivos claros: vamos a redactar un documento de política pública y las entidades del Estado van a asumir unos compromisos concretos.

Esto nos va a permitir adoptar –ya sea de pronto a través de un documento Conpes que es un procedimiento en donde se concretan las decisiones del Estado o a través de un decreto– una política pública para ese propósito, para seguir fortaleciendo, garantizando, defendiendo la libertad de expresión en Colombia.

Juan Gossaín tenía razón cuando escribió que los periodistas que trabajan a brazo partido por su vecindario, por la verdad y por ayudarle a la gente son los apóstoles de la vida moderna.

Porque cuando la violencia se ensañó con los periodistas, si hay un país que haya sufrido esa violencia donde los periodistas hayan sufrido esa violencia es aquí en Colombia, el coraje siempre fue más fuerte, más fuerte y nunca, nunca: yo viví esas épocas como periodista, renunciaron a la decisión de defender la verdad y servir al país.

A esa determinación le debemos también la posibilidad de estar hoy recorriendo hoy en Colombia el camino hacia una posible paz.

Si el periodismo hubiera claudicado es muy posible que hoy no estaríamos como estamos hoy acariciando la posibilidad de esa paz.

Una paz que –insisto– no es la paz de Juan Manuel Santos, no es la paz de mi Gobierno, es la paz de todos ustedes, de todos los colombianos.

Decía otro gran periodista, Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, que la salud democrática de un país se puede medir al evaluar la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus medios de comunicación.

Esto, que parece tan obvio, es algo que –en palabras del propio Nobel– no se puede perder de vista si se quiere frenar cualquier intento de restringir la libertad de prensa, y si se quiere evitar el periodismo sensacionalista que infortunadamente también ha hecho carrera.

Tenemos afortunadamente buenos síntomas en ese frente, pero tenemos el deber de hacer una especie de ejercicio de mejoramiento continuo, con sus propios medios se autocritiquen, se autoevalúen para ir mejorando cada vez más.

Y la calidad de los medios y su responsabilidad está cambiando también muy rápidamente el producto de la tecnología, hoy en cierta forma cada ciudadano con su teléfono celular puede grabar, puede filmar, se convierte en un potencial periodista.

Está cambiando totalmente la profesión pero los principios básicos nunca cambian porque la libertad y la libertad de prensa la tenemos que construir entre todos.

La academia, universidades como esta, la Central, juega también un papel fundamental en este proceso.

¿Cuáles son los perfiles profesionales que queremos formar? ¿Qué tipo de periodistas queremos formal? ¿Cuáles son las historias que queremos contar? ¿De qué herramientas éticas, críticas, herramientas argumentativas vamos a dotar a los nuevos periodistas, sobre todo en un mundo tan cambiante como el que estamos viviendo?

Esos son interrogantes muy interesantes que tenemos que darle respuesta permanentemente

El periodismo de inclusión es otro de los retos que tenemos por delante, pues un país en paz implica también la llegada de nuevas voces, de nuevas visiones, de nuevas opiniones.

Por eso, Asoprensa al reunir lo que se denomina el periodismo alternativo, independiente, le hace un gran aporte a este fortalecimiento de lo que todos queremos, que es que la prensa sea cada vez más sólida en su defensa por los principios de libertad.

Entonces estamos listos para escuchar lo que tienen que decir los contrarios, aceptar sus diferencias, ese es el tipo de preguntas que las escuelas, las facultades, tenemos que ir sembrando para enseñarnos a respetar las diferencias entre una sociedad.

También hay preguntas que tenemos que responder como sociedad, y debemos hacerlo con acciones que contribuyan a crear armonía en la opinión pública.

¿Cómo fue que terminamos condenados a más de medio siglo de guerra? ¿Cuáles son esos errores que no podemos volver a repetir para no perpetuar esta guerra? ¿Dónde fallamos como sociedad? ¿Por qué permitimos una guerra 50 años?

A mí la gente cuando voy al exterior, me dicen: oiga, pero ustedes, ¿Qué han hecho para poder resistir la guerra de 50 años? Pero, ¿Qué han hecho para poder permitir una guerra de 50 años?

Es el conflicto armado más viejo del mundo, el único en el hemisferio occidental.

Los inversionistas, muchos me dicen: yo invierto en Colombia cuando sea un país normal. ¿Qué es un país normal?, pues un país sin guerra, así de sencillo.

Esa pregunta que hacen en el exterior, aquí en el interior a mucha gente le parece extraña, pero por qué hacen esa pregunta, como que nos acostumbramos –repito- a vivir en guerra y creemos que eso es normal y eso es lo que tenemos que terminar.

Y una pregunta muy importante que les hago a ustedes y que me hago constantemente: ¿Cómo estamos cada uno de nosotros aportando a desarmar el lenguaje, a desarmar los ánimos agresivos y las opiniones agresivas?

Esa pregunta la debemos hacer todos los días porque la paz también la hacemos al interior de nosotros mismos, de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestros colegios y eso es algo que los medios de comunicación pueden ayudar en forma definitiva a ir promocionando y estimulando.

Así generamos libertad de prensa, así generamos libertad de opinión y libertad de expresión.

Los medios masivos y los alternativos, así como los comunitarios –y, por supuesto, los independientes– son claves, importantísimos en este proceso.

Ustedes llevan el faro. Ponemos en sus manos, manos responsables y capaces, esa tarea de guiarnos en la niebla hacia la luz de la verdad, que no es otra que una información veraz, una información objetiva, una información que defienda unos principios básicos en torno a los cuales todos hemos crecido.

Ustedes pueden ser constructores de un país en paz, de ese país que merecen nuestros hijos y nuestros nietos, un país más libre y un país más equitativo, un país donde la paz deje de ser noticia porque se da por hecho.

Yo creo que eso es posible, pero la ayuda de ustedes es indispensable.

Muchas gracias.