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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Seminario Internacional ‘Regalías y Calidad de la Inversión en Colombia: una transformación en marcha’

 Bogotá, 10 nov (SIG).

Permítanme, en primer lugar, felicitarlos por la realización de este Foro y por la acertada decisión de apoyarse en la OCDE, en el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

Que privilegio, esto quiero resaltarlo, para Colombia y para este Gobierno, tener estos tres validadores aquí presentes en este foro, tres validadores que han venido siguiendo la política económica del Gobierno con lupa. Y estoy dando cada reforma, cada decisión. Eso para nosotros no es ninguna imposición, es todo lo contrario, es una tremenda ayuda.

Y lo que quiero resaltar y que el país entienda es la importancia de tener estas tres instituciones validando la política colombiana, y en este caso una política tan importante como es el tema de las regalías.        

También quiero agradecer, y les doy la bienvenida, a los expertos internacionales y a los nacionales que están aquí presentes para compartir con nosotros sus experiencias y sus conocimientos.

Este seminario cobra especial relevancia por su oportunidad, por su pertinencia.

En los últimos meses, en este último año, todos, todos hemos estado muy atentos a la evolución de los precios del petróleo y, por supuesto, en su incidencia, en sus consecuencias en nuestro quehacer cotidiano en materia de inversión, en el presupuesto.

Ayer no más en el Consejo de Ministros tomamos una decisión muy importante: recortar en 9 billones de pesos el presupuesto de este año para irnos ajustando a esa nueva realidad económica.

Lo que hemos hecho en este último año de dejar de depender en un 20 por ciento de los ingresos petroleros, para que el año entrante solamente dependamos en 2 por ciento, es un ajuste muy fuerte.

Pero que lo hemos hecho con un concepto que hemos utilizado de austeridad inteligente, es decir, mitigando los efectos, sobre todo los efectos sociales, que eso no impacte nuestros programas sociales, y que en la medida de lo posible no impacte nuestro crecimiento.

Tratar de combinar esas dos cosas pues no es fácil. Creo que la medida de lo posible lo hemos logrado.             

Y otra parte muy importante: Colombia acaba de elegir a sus mandatarios locales, responsables de ejecutar los planes de desarrollo en sus departamentos, en sus municipios, y responsables de priorizar inversiones según la disponibilidad de los recursos.

Quiero aprovecharme y saludar aquí a algunos de esos gobernadores electos, al gobernador de Santander, Didier Tavera; al gobernador del Atlántico, Eduardo Verano; al gobernador de Caldas, Guido Echeverry, y al gobernador del departamento del Guainía, a Javier Zapata, y al alcalde de Santa Elena del Opón, Alexis Parra. En sus manos va a estar hacia el futuro esta política, de mano del Gobierno Nacional, y es muy importante.

De manera que este es un muy buen momento para hacer un balance del nuevo Sistema General de Regalías y del impacto que ha tenido, llevamos tres años, que ha tenido esta política en la economía, en las finanzas públicas, en el desarrollo regional, en nuestra política social y en nuestra política de ir descentralizando el país. 

Hace exactamente tres años que sacamos adelante esa Ley, que la considero histórica, que reformó el Sistema, y lo hicimos en plena bonanza minero-energética. Histórica por muchos motivos, porque además nadie pensaba que esto fuese posible. Histórica por el impacto que va tener y que está teniendo ya en ese gran objetivo en donde esas tres organizaciones coinciden en la necesidad de tener más equidad en este país. Por eso yo la llamo la gran reforma de la equidad para Colombia.

Y digo que fue una Ley histórica también porque consistió en un cambio de paradigma para todas las regiones. Este tipo de transformaciones son difíciles de asimilar y más difíciles todavía de ejecutar.

Pero, afortunadamente, nuestras instituciones, el andamiaje institucional, estuvieron a la altura: el Congreso de la República, las administraciones territoriales, los partidos políticos –todos– jugaron ahí un papel constructivo y hoy podemos ver esos resultados.

El cambio de paradigma consistía en que los recursos generados por la explotación del subsuelo, que es de todos los colombianos, debían ser una riqueza colectiva y servir para el desarrollo de todas las regiones del país, y no solo de las regiones productoras.

Recuerdo que por aquel entonces, cuando estábamos discutiendo esta reforma, cuando estábamos socializando la idea, que nuestra propuesta estaba centrada -y lo dijimos muchas veces- en la equidad que debía promoverse a través de las regalías, y hablábamos de tres tipos de equidad: la regional, muy importante porque hay unos desequilibrios enormes, la equidad social y la equidad generacional. Esos tres tipos de equidades.

Hoy puedo decir, con mucho orgullo y mucha satisfacción, y todos los aquí presentes podemos decirlo, tres años después de su de implementación, el balance es más que satisfactorio.

El periódico El Tiempo publicó este domingo un informe, un informe sobre las regalías, y basta repasar algunos de los titulares de los informes que publicó, un informe de más de 10 hojas, 10 páginas de periódico, repasar algunos de los titulares para entender el impacto, en la práctica y más allá de las cifras, que son muy crudas, lo que esto ha tenido en la redistribución de estos recursos:

Un titular decía: La erradicación de desnutrición infantil de Antioquia.

Otro titular: La pavimentación de calles en los 12 municipios de Quindío.

Otro titular: Las mujeres que se convirtieron en empresarias en Atlántico.

Otro titular: El acueducto que se construyó en un corregimiento de Riohacha, en Camarones, después de 400 años de esperar agua.

Otro titular: La transformación del Litoral del San Juan, al sur del Chocó, uno de los departamentos más pobres, donde al fin tienen colegio y además cuentan con la primera cancha sintética de fútbol profesional en todo el Pacífico.

En el Casanare se hicieron las primeras casas gratis con las regalías.

En fin. Todo esto y lo que ustedes vieron en el video al comienzo de este evento, y mucho más, hemos hecho con los recursos del subsuelo: casi 4.000 obras ya terminadas y otras 7.000 que van a estar finalizadas cuando terminemos este cuatrienio, todas dirigidas a mejorar la calidad de vida de los colombianos comunes y corrientes, de los colombianos de a pie.

Además, desde el año 2012 se han aprobado proyectos por cerca de 9.000 obras, es decir 9.000 proyectos, por un volumen que asciende 28 billones de pesos. Y 18 billones provienen precisamente del Sistema General de Regalías. Eso equivale a más de la mitad de las inversiones en, por ejemplo, las vías de cuarta generación que ya están en marcha.

El Director del Departamento Nacional de Planeación va a hacer un balance más detallado sobre el nuevo sistema, pero yo quisiera por lo pronto destacar algunos de los más importantes avances, y sobre todo teniendo en cuenta esos tres principios, tres formas de medir la equidad que mencioné antes.

Hablemos primero de la equidad regional.

Desde el principio quisimos que la reforma contribuyera a una mejor distribución de los recursos, y no que el 80 por ciento de las regalías –como ocurría antes– beneficiara solo a 17 departamentos y a algo más de 500 municipios –que sumados solo representaban apenas al 23 por ciento de la población–.

En otras palabras, 3 de cada 4 colombianos no recibían ningún beneficio producto de las regalías. Estos recursos no le llegaban a poco más de 3 de cada 4 colombianos

Hoy –en cambio– los recursos llegando a los 32 departamentos y a los más de 1.100 municipios de Colombia.

El entonces Ministro de Hacienda, que quiero además agradecerle su presencia aquí, hoy Presidente de Ecopetrol, describió esta política de equidad como distribuir “la mermelada” en la tostada. En lugar de que la “mermelada” se concentrara en una esquina de la tostada, que se distribuyera por toda la tostada.

Esa “mermelada”, que ha tenido tanta resonancia, es precisamente los proyectos que hoy le están llegando al país entero, a todos los municipios.

O sea que su teoría, doctor Echeverry, de la “mermelada”, funcionó, y está funcionando, y le quiero contar que a donde yo llego, a cualquier municipio, me dicen: ‘Presidente, por favor más “mermelada”, queremos más “mermelada”. Porque eso es proyectos que están impactando –y de qué forma- el bienestar de las regiones, sobre todo de los colombianos más vulnerables.

Y esas obras, esa “mermelada”, son proyectos que han aportado enormemente al crecimiento y productividad de cada territorio en Colombia.

Y ese beneficio no deja de cobijar a las regiones productoras. No. Eso se distribuye en todo el territorio, incluyendo, por supuesto, a las regiones productoras que siguen recibiendo regalías directas. En Meta, por ejemplo, las regalías aportaron 4,4 puntos porcentuales, adicionales, al crecimiento anual promedio de su departamento.

Y en términos de crecimiento y competitividad nacional, que son de esos indicadores que ustedes los tres validadores mencionaban, que son importantes a nivel mundial, el impacto también ha sido muy importante: Las regalías han aportado 0,6 por ciento adicional al crecimiento anual de Colombia.

Es decir: las inversiones hechas con estos recursos explican, justifican, son responsables del 15 por ciento del crecimiento de nuestra economía, el 15 por ciento, pero además –muy importante– guardan estrecha relación con la equidad social, que es el segundo objetivo en materia de equidad que hemos tenido presente desde el principio.

Por un lado, estas inversiones –estos tarros de “mermelada”– han contribuido a la generación de más de 320 mil nuevos empleos desde el año 2012. Y para cualquier familia los ingresos provenientes de un empleo, un empleo formal, contribuyen, y de qué forma, ya está comprobado, a su progreso personal, pero sobre todo a la equidad del país, que es lo que estamos buscando.

De otra parte, estas mismas inversiones explican un 17 por ciento de la reducción total de la pobreza en Colombia.

Colombia ha sido, para orgullo nuestro, uno de los países que más ha logrado reducir la pobreza y la pobreza extrema en estos últimos 5 años, de toda la región. Pues esto contribuye en el 17 por ciento de la reducción de la pobreza, es decir ha contribuido a que más de 460 mil pobres y 110 mil pobres extremos hayan superado su condición, con solamente el tema de las regalías, y eso está medido y comprobado.

Hace tres años explicábamos que era muy justo destinar un mayor porcentaje de regalías –y, por supuesto, una mayor inversión– a los departamentos con más necesidades básicas insatisfechas.

Por aquel entonces, a varios de los departamentos más pobres les correspondían menos del 1 por ciento del total. Por ejemplo, a todos los del Pacífico, Orinoquía y Amazonia.

Hoy, Cauca, Nariño, Caquetá, Vaupés y San Andrés, entre otros, triplicaron sus ingresos, y Chocó, Amazonas, Guaviare, Guainía y Risaralda, los duplicaron.

Ahí se evidencia una distribución de las regalías más equilibrada y justa, en la que hemos dispuesto más recursos para quienes necesitan más inversión.

Yo salgo de aquí para Nariño, por ejemplo, que es uno de los departamentos más beneficiados; era uno de los más pobres, sus necesidades básicas insatisfechas eran de las más altas. Le correspondió a Nariño, lo mismo al Cauca, más recursos y eso es equidad.

Y el efecto de esa iniciativa ya es evidente en cifras:

Por un lado, ha mejorado sustancialmente el Gini municipal de regalías, es decir cómo se distribuye, cómo están distribuido esos recursos. Un indicador que, ustedes conocen, que indica qué tan equitativo o inequitativo es un país o una región.

Pasó el Gini municipal de 0,92 a 0,39, o sea se redujo en casi un 60 por ciento. Un salto muy importante y muy favorable en materia de irrigación de inversiones para las regiones, regiones que antes no recibían esos recursos.

El tercer tipo de equidad, que es muy importante, eso también es responsabilidad –es la que venimos hablando desde hace tres años– la equidad generacional.

Que si nos vamos a gastar todos los recursos y no dejarles recursos a nuestros hijos y a nuestros nietos, ahí también los estados tienen que ser responsables.

La explotación de los recursos no renovables es un privilegio de toda una nación, pero esto implica responsabilidad, sobre todo con quienes no han nacido, pero que en el futuro seguirán construyendo patria.

Entonces ahí también tenemos que ser conscientes de las decisiones que estamos tomando, y por eso mismo concebimos el ahorro en el nuevo sistema de regalías, pensando en que fuera sostenible en el largo plazo, y además tuviera en cuenta esos inevitables ciclos económicos. A esa frase que dice que “lo único seguro en la vida son la muerte y los impuestos”, yo le agrego: “y los ciclos económicos¬”.

Hoy, ese ahorro –después de 3 años- es un ahorro importante: en estos tres años, se ha incrementado en un 76 por ciento –comparado con el periodo 2008 y 2011–, alcanzando cerca de 11 billones de pesos –lo que además representa un ahorro del 28 por ciento del total de las regalías generadas–.  

Ahí hemos sido también muy responsables con el futuro de este país.

Y este ahorro además significa un colchón para poder manejar y mitigar el desplome del precio del petróleo.

Eso sí, vale aclarar que –frente a esta coyuntura– la reforma a las regalías tuvo un papel protagónico pero no exclusivo.

El Sistema de Regalías hace parte de un conjunto de instrumentos que hoy, como ustedes lo han escuchado y yo les agradezco mucho las palabras de los tres representantes de estas instituciones que están patrocinando o que están participando en este foro, nos proyectan ante el mundo como un país con una política económica y una institucionalidad fiscal que puede considerarse de clase mundial.

La reforma a la Constitución colombiana para introducir el concepto de Sostenibilidad Fiscal, ahí creamos un marco de responsabilidad que permite proteger los derechos de las generaciones presentes y futuras.

No quiero entrar en detalles, pero fue un debate lindísimo que dimos en el Congreso y después en la propia Corte Constitucional, aduciendo que las crisis fiscales, y lo digo por experiencia propia, porque me tocó manejar como Ministro de Hacienda la peor crisis fiscal que ha sufrido este país en los últimos 100 años, los que primero sufren son los derechos de los ciudadanos y generalmente de los más vulnerables.

Por eso evitar las crisis fiscales es una forma de defender los derechos de los ciudadanos, y nuestra Constitución, que es una constitución muy garantista, tiene esos derechos como prioridad.

De manera que si defendemos esos derechos a través de evitar esas crisis fiscales, estamos siendo totalmente consecuentes con el espíritu de nuestra Constitución.

Fue un debate muy lindo, que finalmente se impuso, y hoy el mundo entero está diciendo: mire a Colombia, miren lo que están haciendo ustedes en Colombia, que es ejemplo para países por ejemplo en Europa, que ha sufrido en estos últimos años las crisis fiscales con la vulneración de los derechos de sus ciudadanos.

La Regla Fiscal, que fue el complemento a ese proyecto de Reforma Constitucional, nos obliga a mantener una senda del gasto que sea responsable, que sea coherente y además que nos ayude también, porque la regla no es tan rígida, nos da cierto margen de maniobra para poder tener algunas medidas anticíclicas y mitigar los efectos, por ejemplo, de la baja del precio del petróleo, ahorrando en las épocas de las vacas gordas e impulsando la economía cuando está por debajo de su potencial, como lo estamos haciendo en este momento.

Esos dos instrumentos que nosotros mismos nos impusimos como medidas de autocontrol, hoy sirven para guiarnos en el ordenamiento fiscal y en el control del gasto público. Y eso nos ha ayudado a mantener la confianza de los mercados en nuestra economía, que es un activo muy importante de mantener y muy fácil de perder.

En consecuencia, son útiles también para sortear los ciclos económicos, que a la postre terminan por “evaporar” los beneficios alcanzados con las bonanzas minero-energéticas.

Cuántas bonanzas simplemente pasaron y dejaron a los pueblos arrasados, abandonados. Por eso las bonanzas hay que invertirlas e invertirlas bien.

Es por esto que hoy tenemos un reconocimiento de seriedad y confianza, al punto que hemos logrado mantener el grado de inversión, inclusive, logramos mejorar las calificaciones en el primer cuatrienio dos veces, primera vez en la historia que eso sucede, en un contexto económico mundial muy complejo. Y eso es también muy importante de destacar.

Y vale decir que ya empezamos a usar estos mecanismos para flexibilizar el gasto –en beneficio de las regiones–, teniendo en cuenta que hoy las vacas no están tan gordas sino que se están adelgazando.

Por un lado, incorporamos más de 350 mil millones de pesos al presupuesto, producto del “desahorro” del 10 por ciento de este Fondo de Ahorro y Estabilización.

De otra parte, “desacumulamos” los rendimientos financieros de la cuenta única del Sistema, y eso significó 400 mil millones de pesos adicionales para el mismo presupuesto.

Y como medida adicional establecimos un incentivo para los principales municipios productores, quienes recibieron 180 mil millones de pesos más, adicionales.

Estos mecanismos se suman a una bolsa de medidas compensatorias –permitidas por la reforma a las regalías– que alcanzan 4,8 billones de pesos.

Hacia adelante, aún con los precios actuales del petróleo, proyectamos ahorros cercanos a los 68 billones de pesos, de aquí al año 2024 –es decir, en los próximos 9 años–.

Hay un último énfasis distinto a esos tres tipos de equidad. Aparte de la equidad, un principio que yo he aplicado en el Gobierno desde el comienzo, y es el del Buen Gobierno. Un principio que yo como concibo como  administrar con eficiencia, eficacia, transparencia y con rendición de cuentas.

Y aquí hemos hecho un inmenso esfuerzo, y yo le agradezco al representante de la OECD, sus comentarios sobre el ingreso nuestro al Comité Antisoborno, Anticorrupción, de la OECD, porque esa es prioridad nuestra.

Y estas las regalías las hemos querido administrar con total trasparencia. Algunas veces los alcaldes, los gobernadores, se nos quejan –no, es que esos sistemas son demasiado engorrosos-, pero eso tiene también su finalidad, y es que los recursos se inviertan bien.

Hoy las regalías son sinónimo de inversiones, inversiones que se ven y que cada vez están representadas en proyectos que tienen mejor calidad, proyectos que se ejecutan en el tiempo debido y no en el doble o en el triple del tiempo, como sucedía antes, a través de los llamados OCADs, que son los Órganos Colegiados de Administración y Decisión. Eso nos lo inventamos en la creación de este sistema. Tenemos un “triángulo de Buen Gobierno” entre los departamentos, los municipios y la Nación.

Y ahí se decide, de manera abierta y de manera colegiada, en qué invertir las regalías, según los proyectos que más beneficien a la gente, según las prioridades de cada departamento, de cada región.

Más recientemente, avanzamos en consolidar un sistema de evaluación por puntajes, para que no quede al libre albedrío de los funcionarios que están ahí presentes, en donde se califica mejor a los proyectos que, por ejemplo, contribuyan más a cerrar las brechas sociales, o los que son de mayor importancia para el desarrollo de una región, o que apalancan recursos de otras fuentes.

Cada criterio tiene un puntaje y el puntaje se aplica a los proyectos y entonces así se escogen los proyectos. No es porque venga el senador de turno, el representante o el Presidente, y diga: mire, yo necesito hacerle un favor a fulano de tal, hágame el favor y me construye esta carretera o hágame el favor y me invierte esto. No. Esto obedece a un sistema, y eso es un cambio del cielo a la tierra frente a lo que sucedía anteriormente.

Con estos sistemas de seguimiento hacemos también un trabajo preventivo. Aquí prevenimos mucho la corrupción, prevenimos los malos manejos, porque está también centrado, y eso lo hemos hecho con mucho cuidado y con mucho esfuerzo, en ir fortaleciendo las capacidades de las entidades territoriales.

Ir fortaleciendo e incentivando la vigilancia de las comunidades, que las comunidades estén conscientes de cuáles son los proyectos y qué se está haciendo para que pueda decir: oiga, ¿qué pasó con este proyecto y porqué esto no avanza?

Me acuerdo que con el entonces ministro Echeverry, nos propusimos poner en una página web todos los contratos del Gobierno, para que todos los colombianos pudieran tener información sobre en qué se está invirtiendo, y eso está hoy abierto a disposición de todo el mundo.

Hemos reducido el número de acusaciones de corrupción, de casos irregulares, de casos asociados con las regalías –óigase la cifra- antes había más de 8 mil 500 casos en entredicho, acusados de corrupción, de malos manejos. De 8 mil 500 casos que se daban todos los años en el régimen antiguo, hoy hay un poco más de 200. De 8 mil 500 a 200 con el nuevo sistema. 200 siguen siendo demasiado, como yo les digo a la Fuerza Pública, un homicidio es demasiado, pero bajar de 8 mil 500 a 200 ya es un avance muy significativo. Y no le voy a preguntar cuánto porcentaje es de 8 mil 500 a 200, 40 veces.

Hacia adelante es muy importante seguir fortaleciendo esa capacidad de las regiones, para estructurar, esa palabra es mágica, estructurar bien los proyectos. Porque, por ejemplo, un grupo importante de proyectos aprobados en los OCAD aún no inician ejecución debido a problemas en su estructuración, en la formulación, que no se han resuelto.

Entonces los proyectos mal estructurados, mal presentados, pues generalmente tienen problemas de ejecución y se demoran mucho más. Y en este propósito, las entidades territoriales, locales, las recién elegidas, van a seguir contando con el apoyo total del Gobierno Nacional, porque está es la mejor inversión: invertir en las capacidades de los municipios, de los departamentos, para mejorar su capacidad de estructurar los proyectos es, tal vez, de las mejores inversiones.

Nos hemos propuesto lograr mucho más con menos recursos, y esto va a exigir mucho trabajo, trabajo en equipo –mucha cooperación–, y también aquí hemos utilizado mucho la creatividad y tenemos que seguir innovando, siendo creativos.

Con las regiones desde los territorios, tenemos la misión de seguir avanzando hacia esa construcción de una visión colectiva y de largo plazo. La de una economía diversa, sofisticada, pero sobre todo incluyente, y con las regalías estamos cumpliendo ese cometido.

Seguimos comprometidos con esta transformación, inspirada en convertir los recursos naturales no renovables en verdaderos activos que generen retornos permanentes para todo el país y para las próximas generaciones.

Usted, querido Representante del Banco Interamericano de Desarrollo, nos hablaba del estudio que ustedes hicieron o el plan de 20 años hacia atrás y de 20 años hacia adelante. Y aquí le agrego un ingrediente muy importante, y le agradezco mucho el reconocimiento que hace de Colombia sobre estos –sus primeros- últimos 20 años, que realmente hemos avanzado muchísimo, bajo prácticamente todos los indicadores que se miden en el BID, el Banco Mundial y la OECD.

Pero esos avances, esas buenas cifras que nos dio el Director del Banco Mundial y de la OECD y las suyas, todos esos buenos resultados han sido en medio de un conflicto, con ese freno, porque yo asimilo ese conflicto a un freno de mano, cuando uno está manejando y el freno de mano está puesto.

Lo que estamos buscando es quitarle ese freno de mano a la economía. Entonces imagínense ustedes esos próximos 20 años sin ese freno de mano. Este conflicto, si logramos terminarlo en el próximo año, nos va a quitar ese freno de mano. Y nos va abrir unas oportunidades que jamás habíamos visto nosotros, porque no hemos visto un solo día de paz.

Nadie los aquí presentes o tal vez algunos, yo me incluyo de pronto, nacimos en un país que no estaba en conflicto pero en los últimos 50 años hemos vivido en conflicto armado. A un costo, que mucha gente no se alcanza a imaginar.

Hay gente que dice: ‘Esa guerra no nos ha tocado, esa guerra no nos ha costado’. No, nos ha costado una enormidad en materia de recursos, de ruptura de nuestros valores, de nuestros principios, lo que eso ha generado nuestra sociedad, eso ha sido un costo monumental.

Entonces hagamos el análisis de lo que sería el beneficio de esa paz en términos económicos. Solamente el mayor crecimiento que se estima entre punto y medio y hasta dos puntos. En algunas regiones ocho por ciento. Regiones que no han tenido nunca una inversión, por presencia del conflicto armado. Regiones que van a poder ser beneficiadas con las regalías en materia económica, pero en materia social, en materia de productividad. Ustedes tres, la OECD, el Banco Mundial, el BID, dicen: América Latina necesita aumentar su productividad.

El conflicto armado nos ha representado a los colombianos una merma en nuestra productividad enorme. Y hay una cifra, solamente cito una: los desplazados, las víctimas de la violencia que suman más de 7 millones y medio, al ser desplazados de su entorno bajan su productividad de un 50 a un 90 por ciento.

Entonces imagínense lo que eso, solamente en términos de productividad, ha costado, acumulado, dentro de 20, 30 ó 40 años.

Entonces sentémonos a hacer ese ejercicio de los próximos 20 años, y agreguémosle que el factor de crecimiento, de prosperidad, de competitividad, de productividad, más importante, es lograr la paz. Y estas regalías lo que estamos haciendo es generando y construyendo y sembrando esa construcción de paz hacia el futuro.

Muchas gracias.