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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Encuentro Nacional de Jóvenes por la Paz: ‘Una Mirada hacia el posconflicto’

 Bogotá, 11 nov (SIG).

Primero que todo, muchas gracias.

Muchas gracias a la OEI por, no solamente patrocinar este evento, sino por el apoyo que nos ha venido dando desde el comienzo. Porque no es la primera vez que ustedes dan este apoyo, sino cuando estábamos creando este proceso, ustedes ya estaban ahí presentes.

Muchas gracias al señor Rector de la Universidad. Esta es una universidad que se ha caracterizado, como su nombre lo indica, por el libre pensamiento, y una universidad con principios liberales. Y eso es precisamente lo que queremos implantar en este país hacia el futuro y lo que nos va a facilitar la paz.

Muchas gracias a Redepaz, a los jóvenes que están aquí presentes.

Decirles que estamos en un momento crucial de nuestra historia, en un punto especial, en un punto de inflexión para Colombia.

Y quiero como recordar un poco lo que ha sido este proceso, la importancia que tiene este proceso para el futuro, sobre todo para ustedes los jóvenes y para ustedes los miembros de las Fuerzas Armadas, de nuestro Ejército.

Porque realmente las decisiones que estamos tomando van fijar las pautas para nuestro hijos. Para nuestros hijos. Y van a abrirle unas oportunidades a Colombia que nunca nos habíamos imaginado que pudiesen existir, porque llevamos demasiado tiempo en guerra y llevamos demasiado tiempo en un conflicto armado,  y en cierta forma nos acostumbramos a vivir en guerra.

Yo creo que no hay una sola persona aquí en este escenario, ni una sola, que pueda decir que ha vivido un solo día en este país, en paz.

Y por eso es tan importante el paso que estamos dando. Y es tan importante que ustedes entiendan, para que se entusiasmen y hagan parte de esta gran transformación, de este gran cambio, que puede surgir y debe surgir o debe gozar nuestro país.

Cuando comenzamos este proceso, hace 5 años –llevamos más de 5 años en el proceso– teníamos muy claro por qué teníamos que hacerlo y para dónde íbamos. Y nos pusimos unas metas. Como debe ponerse cualquier persona, cualquier empresa en la vida. Unos objetivos, unas metas ambiciosas.

Y comenzamos el proceso porque las condiciones estaban dadas. Condiciones,  entre otras cosas, que antes no estaban presentes y por eso fracasaron los numerosísimos intentos que se hicieron para lograr la paz en este país.

Gracias, entre otras cosas, al papel, al trabajo a la valentía, a la determinación y al sacrificio de nuestras Fuerzas Armadas, parte de esas condiciones se presentaron: la correlación de las Fuerzas Militares a favor del Estado, que la guerrilla finalmente entendiera que por la vía de la violencia no iba a llegar al poder, ni iba a lograr ninguno de sus objetivos.

Que los comandantes de la guerrilla se dieran cuenta que para ellos personalmente era mejor negocio la paz que la guerra. Y otras condiciones que se están presentando.

E iniciamos el proceso con muchas dificultades, porque un proceso de paz es difícil. Un proceso de paz, sobre todo después de tantos años de guerra, significa un cambio de paradigma, un cambio de mentalidad.

Liderar un país en un proceso de paz es bien complejo, liderarlo en tiempos de guerra es mucho más fácil.

Lo decían los grandes líderes mundiales, uno de ellos Churchill: ‘si yo me paro y yo sé quién es mi enemigo, y yo le pido al pueblo por favor ayúdenme a derrotar ese enemigo, porque si no lo derrotamos él nos desaparece a nosotros’.

Y el pueblo entero se reúne y se une alrededor de esa causa. O sea, en las guerras, el liderazgo es fácil.

En el proceso de paz el liderazgo es mucho más complejo, porque tiene uno que comenzar a convencer la gente a que cambie de actitud –sobre todo después de tantos años de guerra–, que la guerra no es el camino.

Que los que han sido víctimas puedan mirar a sus victimarios con ojos diferentes a la venganza, al odio.

Que es mejor respetar las diferencias y dirimir cualquier conflicto, cualquier pleito, por la vía del dialogo que a punta de fusil y bala.

Que hay que reconciliarse.

Todo eso genera unos desafíos muy complejos en materia de mentalidad de la población, en materia de actitud de la gente frente a su entorno.

Miren lo que nos ha sucedido últimamente. Hemos hecho muchos estudios sobre qué piensa la gente de la paz.

Hemos descubierto cosas tan insólitas, tan sorprendentes, tan insensatas pero tan reales como que la gente que no está muy enterada de lo que esto significa la rechaza porque significa un cambio.

Solamente cuando uno se sienta y le explica, mire, pero este cambio es positivo; este cambio le puede significar a usted mejores condiciones de vida, mayores oportunidades de empleo; significa que usted no va ser víctima más, que no va haber más víctimas después de usted.

Y ahí comienzan ¡ah, ya! Ahí sí me interesa.

Pero la primera reacción es de rechazo. Por el cambio. La gente le tiene miedo al cambio.

Y es ahí donde una sociedad necesita unirse en torno a una causa importante y creo que tenemos la gran oportunidad.

Cuando se comenzó este proceso, cuando comenzó este proceso yo puse unas líneas rojas. Clarísimas. Se las expuse al país, hice una alocución en televisión y lo he venido repitiendo durante 5 años.

¿Qué es lo que vamos a negociar y qué es lo que no vamos a negociar? ¿Qué no está en juego?

Y yo aprovecho aquí para reiterarles a nuestros amigos de las Fuerzas Militares, siempre he dicho no está en juego algo que en todos los procesos de paz se pone como primer punto.

¿Qué vamos a hacer con nuestro ejército? ¿Qué vamos a hacer con nuestra Policía? ¿Qué vamos a hacer con nuestras Fuerzas Armadas?

En este caso, yo les dije a los señores de las Farc, ese tema no se discute, no está en la agenda, no ha estado en la agenda, no se ha discutido, no se discute y no se discutirá.

El futuro de las Fuerzas Armadas lo discutimos entre las Fuerzas Armadas, el Gobierno y el Estado. No con la guerrilla.

Por supuesto que ellos han querido que eso se meta, que eso sea parte de la negociación.

Les hemos dicho siempre no, esa es una línea roja que se ha respetado. A tal punto que se ha puesto en la mesa de negociación a dos miembros de las Fuerzas Armadas muy respetables, dos generales, Mora y Naranjo, como para que sirvan de garantes en ese sentido.

Y ahí nos hemos mantenido y nos seguimos manteniendo.

Por otro lado nos pusimos otras líneas rojas. Aquí no vamos a poner en tela de juicio o a discutir nuestro Estado de derecho, nuestro futuro comercial, nuestra política de inversión, nuestra política de impuestos.

Nada de lo que quisiera la guerrilla que se cambiara está en la mesa de negociación.

Lo que está en la mesa de negociación es simplemente unos puntos específicos que, si acordamos entre las dos partes, los cinco puntos, se termina el conflicto. Y ahí comienza la construcción de la paz.

Y esos cinco puntos hay que repetirlos, porque muchas veces la gente no los conoce. Son cinco puntos complejos, porque son puntos, digamos, de gran envergadura, pero en el fondo son muy sencillos, porque son cosas que tendríamos que hacer con o sin conflicto la mayoría de ellos.

Por ejemplo, el primer punto que tiene que ver con el desarrollo rural. Ahí que se negoció es más inversión en el campo, más colegios, más hospitales, más carreteras, más acceso a los campesinos a la tierra, sin necesidad de expropiar a nadie.

El campo colombiano afortunadamente es amplio, vasto, tenemos millones de hectáreas sin producir, hay campo para todos.

Y en ese sentido, lo que necesitamos hacer es invertir más en el campo, porque allá está concentrada la pobreza y la pobreza extrema. O sea que ahí pues no hay mayor razón para temer algún tipo de intervención.

Lo segundo es profundizar nuestra democracia. Eso es lo que hacen todas las democracias en el mundo. Todos los años se discute: cómo perfeccionamos nuestra democracia, cómo le damos más representación a ciertos sectores que se sienten sub-representados, cómo les damos más transparencia a los sistemas electorales, cómo le damos más garantías a la oposición.

Eso fue también lo que negociamos, una profundización de nuestra democracia. Que lo hacen todas las democracias, todos los años.

Un tercer punto, muy importante: ¿qué es lo que ha financiado la violencia en este país en los últimos 40 años? El narcotráfico.

Hemos sido el principal proveedor de cocaína del mundo –y lo seguimos siendo– durante los últimos 35 o 40 años.

Y eso ha significado que la violencia en este país se ha multiplicado, eso ha significado que los grupos ilegales se puedan mantener, puedan comprar más armas, puedan generar más violencia y por eso tratar de cortar ese combustible de la violencia es algo maravilloso para el país y para el mundo.

Porque si nosotros somos los principales proveedores de cocaína en los mercados mundiales, pues se van a ver afectados los carteles de México, los consumidores en Miami, en España, en París.

O sea, el efecto de cortar o disminuir al máximo el tráfico de cocaína, la exportación de cocaína de Colombia, es un beneficio mundial.

Por eso cuando acordamos con la guerrilla ¿qué fue lo que acordamos?

Que ellos en lugar de estar defendiendo el narcotráfico lo iban a combatir. Que se iban a aliar con el Estado para sustituir los cultivos ilícitos por cultivos lícitos.

Que en lugar de tener francotiradores disparándoles a nuestros soldados, a nuestros policías cuando van a esos cultivos de coca –los cultivos ilícitos–, o en lugar de poner minas alrededor de esos cultivos, van a ayudar a sustituir esos cultivos por cultivos lícitos. Y van a ayudar a desmantelar los laboratorios de coca y van a ayudar a desaparecer de esos corredores que han estado presentes durante tanto tiempo en el país, de exportación de coca.

Eso tiene un efecto muy importante para Colombia y para el resto del mundo.

El punto de las víctimas, muy importante. Esta es la primera vez –primera vez– que ponemos las víctimas como el centro de la solución de este conflicto, sus derechos-.

¿A qué tienen derecho las víctimas? Tienen derecho a que los reparen.

Y venimos reparando. Ya llevamos más de medio millón víctimas reparadas y tenemos que seguir reparando esas víctimas.

Tienen derecho a la verdad. Muchas de las víctimas lo único que necesitan, lo que quieren es la verdad. Miren lo que están clamando las víctimas del Palacio de Justicia, que nos digan la verdad.

Tuve una experiencia muy conmovedora con María Alejandra Villamizar –aquí presente– hace unos días, con una víctima. Un campesino que salió desplazado por la violencia del Quindío para el Vichada.

Luego le mataron a su papá, la guerrilla le mató a su papá. Luego le mataron a su hermano. Y el otro hermano se fue a averiguar qué le había pasado al hermano. Y ese otro hermano desapareció, nunca volvió a oír de él, era muy cercano a este campesino.

Luego se fue para el Guaviare y desplazado nuevamente del Vichada. Y en el Guaviare iba caminando, tenía una señora y dos hijos, por un caminito, y de pronto pisó una mina y le volaron las dos piernas, parte de un brazo.

O sea, víctimas como esas, realmente son pocas.

¡Ah! Y fuera de eso lo volvieron a desplazar, porque él había identificado quién había sido el responsable de buena parte de esos crímenes.

Y nos sentamos con él y le pregunté ¿usted le daría la mano al responsable de todo eso que le ha pasado a usted?

Se quedó mirando y me dijo: Presidente, sí. Yo le daría la mano y yo sería capaz de perdonarlo.

Y yo le decía ¿de perdonar todo lo que le han hecho a usted?

Me dijo, sí. Porque yo pienso que esto que me sucedió a mí le puede suceder a mucha gente durante muchos años. Por eso soy capaz de perdonar. Lo único que yo sí pediría, lo único, es que me dijeron dónde está mi hermano desaparecido, me que dijeran la verdad. Que me dijeran por qué mataron a uno de mis hermanos y por qué desaparecieron al otro. Solamente que me digan eso y con eso quedo yo tranquilo.

Por eso, esos derechos de las víctimas se convirtieron, por primera vez en la historia de la humanidad, ¡óigase bien!, este es un proceso que está haciendo historia, está sentando precedentes. Nunca antes un proceso de paz había puesto las víctimas y sus derechos como el centro de la solución.

Entonces el derecho a la verdad, el derecho a la reparación. Y la reparación siempre tiene que ser simbólica.

Si uno le paga un millón de pesos a una víctima o inclusive le da una casa ¿eso le reemplaza a un hermano, a una mamá, a unos hijos?

No. La vida humana no tiene precio.

Pero es un gesto simbólico de la sociedad con esa víctima para decir, mire esto le ayuda a mitigar su dolor. Por eso es tan importante la reparación.

Por otro lado, el derecho a la justicia, que ahí ha sido el tema más complicado de la negociación y siempre ha sido en cualquier negociación de paz, en cualquier parte del mundo.

Cuánto de justicia se sacrifica para lograr la paz.

La guerrilla decía ¿y nosotros por qué vamos a ser la primera guerrilla en el mundo que entrega las armas para irse a una cárcel?

Y nosotros les decíamos pues porque el mundo ha cambiado. Ya no se pueden decretar esas amnistías que se decretaron en el pasado. Esas amnistías ya en el mundo de hoy son imposibles, porque hay que pasar por el cedazo de lo que se llama la justicia transicional. Porque estamos obligados por un Tratado Internacional que fue el que creó la Corte Penal Internacional, porque el mundo de hoy es diferente.

Y fue difícil convencerlos. Finalmente aceptaron. Van a pasar por esa justicia transicional los máximos responsables de los crímenes más graves, más atroces. Van a ser investigados, juzgados, condenados y sancionados.

Eso ya está acordado.

Y yo espero que en los próximos días, las próximas semanas, los detalles de unas diferencias de interpretación de estos acuerdos queden resueltos, se publique todo lo que se acordó en materia de justicia transicional y sigamos con el último punto, que ya estamos discutiendo, que es el punto que tiene que ver con el fin del conflicto.

Y aquí quiero hacer dos anotaciones importantes aprovechando la presencia de las Fuerzas Militares, los miembros de nuestro Ejército.

En la justicia transicional –y también se lo dije a mis soldados y a mis policías desde el primer día– ustedes no van a ser sujeto de negociación. No vamos a discutir el futuro de las Fuerzas, el futuro de las Fuerzas la determinamos nosotros.

Lo que sí les prometo –se los dije hace cinco años, se los dije hace cuatro años, hace tres años, hace dos años, y se los sigo diciendo, porque ya está–, es que si hay beneficios para la guerrilla en materia jurídica, habrá por lo menos los mismos beneficios para los miembros de nuestras Fuerzas.

Porque no queríamos que se repitiera la situación en donde los que atacaban a la democracia y las instituciones, salían amnistiados, y los que la defendían salían condenados. Eso no se iba a repetir. Y no se va a volver a repetir.

Por eso los beneficios que se den a un lado, se darán en otro. Pero no como producto de una negociación con las Farc, es como producto de esa justicia transicional, pero por voluntad del Gobierno y por acción del Estado colombiano.

O sea que los militares pueden estar absolutamente y totalmente tranquilos que si alguno cometió algún error durante este conflicto, podrá también beneficiarse de la justicia transicional.

Es decir, que solamente los que cometieron crímenes atroces van a ser sujetos de algún tipo de restricción de la libertad –y ya están establecidos los cinco años, ocho años–, y el resto va a quedar en cierta forma amnistiado.

En el caso de los policías y los soldados no hay amnistía, pero no se les va a sancionar en la forma como se sancionaría una situación ordinaria.

El fin del conflicto, que es el tema que falta. Ahí estamos discutiendo el cese al fuego.

La guerrilla pregunta o pide, y ha pedido desde hace cinco años cese al fuego.

Hemos dicho que no, no cese al fuego, al principio porque teníamos una experiencia terrible con la guerrilla en materia de cese al fuego. Siempre nos habían puesto conejo. Siempre nos habían engañado. Siempre habían aprovechado las negociaciones para fortalecerse militarmente y políticamente, en todas las circunstancias, en todos los intentos.

Acuérdense lo que sucedió en el Caguán. Ese es el ejemplo más diciente.

Entonces, como dicen vulgarmente, al perro no lo capan dos veces.

Entonces les dijimos no, aquí no va a haber cese al fuego.

Porque, entre otras cosas, el cese al fuego era un incentivo también perverso para prolongar las negociaciones indefinidamente. La guerrilla armada dialogando, sin presión militar, qué incentivo tendría para llegar a algunos acuerdos.

Por eso no aceptamos el cese al fuego durante todos estos años.

Pero llega un momento donde ya hemos avanzado lo suficiente y esto tiene que terminar. Y ahí sí tiene que comenzar a discutirse cómo va a ser ese cese al fuego.

Y estamos en ese momento. Ya hemos evacuado todos los puntos y ya tenemos que discutir el fin del conflicto, cómo va a terminar esto.

Y eso tiene una cantidad de arandelas, una cantidad de puntos que hay que negociar. Porque por ejemplo la guerrilla dice, mire mientras negociamos esos puntos, por qué no jugamos –ustedes se acordarán el juego de la estatua–, ¡ah! nos quedamos quietos las Fuerzas Militares y la guerrilla. Y no nos disparamos el uno al otro.

Eso es lo que quieren.

A eso se le responde no señores, les agradecemos su gesto de un cese al fuego unilateral –la guerrilla dejó de atacar a las poblaciones, a las Fuerzas Militares, a los oleoductos, y lo ha venido cumpliendo y hay que reconocer que lo ha venido cumpliendo–, pero lo que no pueden exigir es que haya reciprocidad en igual forma, porque ellos siguen atacando a la población, siguen extorsionando, siguen traficando en drogas, siguen beneficiándose de la minería ilegal.

Entonces las Fuerzas Militares y las Fuerzas Armadas y la Policía no van a dejar de perseguir a quienes siguen delinquiendo. Entre otras cosas, porque a eso es a lo que nos obliga la Constitución. Y por órdenes mías no vamos a hacer eso.

Lo que les he dicho es aceleremos la negociación para que ustedes se concentren en los sitios donde se van a concentrar y por ejemplo, se les financie su alimentación y cómo van a vivir. Porque en este momento van a seguir extorsionando, porque si no entonces de dónde viven, dicen ellos.

Y a lo cual nosotros les decimos precisamente por eso no podemos ni vamos a hacer un cese al fuego sin todas las arandelas que eso significa, que es verificación, verificación internacional, y que efectivamente dejen de extorsionar, dejen de traficar, dejen de beneficiarse de la minería ilegal. Y ahí es donde sí sería apto y sería viable un cese al fuego definitivo.

O sea que estamos en ese proceso de negociar los puntos del cese al fuego definitivo. Y hasta que no tengamos todo eso negociado pues no vamos a decretar un cese al fuego por parte del Estado colombiano, porque eso sería permitirles a ellos y a otros grupos ilegales que siguieran delinquiendo. Y eso no lo vamos a hacer.

Pero la respuesta de ellos es aceleremos este proceso para poder decretar ese cese al fuego.

¿Y cómo se van a desarmar?

Esta es otra pregunta. Ellos prometieron que 60 días después de firmar el fin del conflicto comenzaría el proceso de desarme.

¿Cómo va ser eso? Eso tiene que negociarse.

¿A quién le van a entregar las armas? Tiene que negociarse. Hay muchas modalidades, hay muchas formas, pero lo que sí es absolutamente indispensable es que tienen que dejar las armas.

Todo este ejercicio, todo este proceso, es precisamente para que puedan hacer política pero sin armas.

Entonces los que están diciendo no, que es que se van a quedar con las armas así sea por allá escondidas, no, tiene que ser sin armas.

Porque de eso se trata el proceso, que puedan hacer política sin armas, sin violencia.

Y eso es lo que falta. Falta terminar algunos aspectos de los derechos de las víctimas, por ejemplo el derecho a la reparación. Estamos negociando la última parte de esa reparación, ellos dice que ellos no tienen por qué reparar, porque ellos son víctimas. A lo cual les digo no sean cínicos. Ustedes son los máximos victimarios, ustedes tienen que reparar como el resto. El Estado repara, pero ustedes también.

Entonces apenas terminemos esa negociación, queda el punto de las víctimas resuelto y quedaría el último punto.

Y aquí viene el esfuerzo que ustedes pueden hacer y deben hacer.

Viene la última parte, viene la refrendación. Ese fue otro de los puntos que yo le prometí al pueblo colombiano desde hace 5 años para dar tranquilidad, para que la gente tuviera la confianza de que aquí no vamos a feriar el país, que aquí no vamos a entregar el país como algunos están diciendo. Que aquí lo que se está negociando es algo totalmente razonable, totalmente conveniente para el país.

Pero, sin estar obligado –porque jurídicamente, legalmente, no estaba obligado yo–, prometí desde el principio vamos a diseñar un tipo de refrendación para que el pueblo colombiano, si no le gusta lo que negociamos, pueda decir no nos gusta.

Punto. Acatamos la voz del pueblo.

Pero si dice si nos gusta, pues seguimos adelante.

Y discutimos mucho cuál sería ese proceso de refrendación. Todavía no nos hemos puesto de acuerdo con la guerrilla, ellos siguen insistiendo en su asamblea constituyente.

Les hemos dicho de todas las formas bájense de esa nube, asamblea constituyente no va a haber.

Algunos dicen que nos vayamos por un referendo. El referendo tiene toda clase de complicaciones, entre otras cosas porque ¿ustedes se imaginan los 64 o 65 puntos sometidos punto por punto a un referendo? Eso es imposible.

Y por eso nos fuimos por la vía del plebiscito.

El plebiscito es una pregunta al pueblo colombiano diciéndole qué es lo que acordemos, porque eso lo haríamos después de que firmemos los acuerdos.

Hay que hacer una gran pedagogía sobre qué fue lo que firmamos, qué fue lo que se negoció, como un paquete. Y el pueblo colombiano va a tener la oportunidad de salir a votar y decir me gusta o no me gusta. Sí o no.

Y esa es una refrendación totalmente democrática, totalmente transparente. Y es la oportunidad para que todo el pueblo colombiano, porque todos los que les gusta, pueden salir a votar y todos los que no les gusta también pueden salir a votar.

Y si gana el no, pues eso será acatado y seguiremos en guerra durante 20 o 30 años.

Y si gana el sí, el Congreso de la República y el proceso será legitimado para seguir avanzando en la forma como se acaba de negociar de aquí al 23 de marzo.

Eso es lo que nos espera, un plebiscito que la guerrilla todavía no ha aceptado, que sea plebiscito, pero que se tenía que presentar en el Congreso por una cuestión de tiempo.

Y se les ha venido explicando, porque ellos dicen no es, que eso es decisiones unilaterales de Gobierno y no nosotros no aceptamos decisiones unilaterales.

A lo cual les decimos miren, lo que pasa es que ustedes se demoran mucho en tomar en decisiones y el tiempo apremia. Y tenemos que ir ganando tiempo.

¿No dizque ustedes que quieren un cese al fuego ya, lo más rápido? Pues entonces aceleremos.

¿No dizque ustedes quieren que esta paz se pueda comenzar a construir lo más pronto posible? Pues aceleremos.

Y para acelerarlo necesitamos, por ejemplo, que la refrendación esté lista a más tardar en junio del año entrante.                        

¿Por qué en junio del año entrante? Porque en junio del año entrante los cambios en la Constitución que se están discutiendo hoy, en este semestre, y que se van a discutir en el próximo semestre, porque las Constituciones tienen para cambiarlas dos periodos legislativos, entonces coinciden, coincidiría la firma de los acuerdos, el cambio de la Constitución, para acelerar la implementación y la refrendación.

Si algo de eso se demora, se demora todo. Por eso no podemos, como quien, dice perder tiempo.

Y si no presentamos el proyecto de acto legislativo en este semestre, pues perdemos todo un semestre. Si no presentamos el proyecto de ley estatutaria para la refrendación, para el plebiscito, que requiere además una aprobación de la Corte Constitucional, pues entonces no vamos a poder refrendar los acuerdos en mayo o junio del año entrante.

Y si no podemos refrendar los acuerdos en mayo o junio del año entrante, no se inicia todo el proceso de implementación de los acuerdos sino hasta diciembre del año entrante o si no hasta el 2017.

Y eso es lo que nadie quiere, porque todos los procesos de paz en el mundo nos han enseñado que hay que acortar el tiempo entre el momento en que se firman y el momento en que se comienza la implementación.

Todo esto lo que está buscando es acortar los tiempos y poder darles la paz a los colombianos lo más pronto posible.

Hay mucha gente que dice, por ejemplo, que no, que el plebiscito no debería ser el instrumento. Que se pongan punto por punto y que se someta el pueblo colombiano cada punto de la negociación.

Eso no es posible, no es práctico y no es viable.

¿Por qué? Porque lo que el pueblo tiene que decidir, lo que los colombianos tenemos que decidir, es todo un paquete.

Si ustedes someten al pueblo colombiano la pregunta ¿ustedes están de acuerdo con darle algunos beneficios jurídicos a la guerrilla?, la mayoría del pueblo colombiano dice no.

Y con razón. Dicen ¿y por qué vamos a darles beneficios jurídicos a unas personas que no han hecho otra cosa que secuestrar, atacar, cometer todo tipo de atrocidades?

Si ustedes le preguntan al pueblo colombiano ¿usted pensaría que las Farc el día de mañana deberían participar en política?, el pueblo dice no, ¿por qué va a participar en política esta gente que no ha hecho otra cosa que hacer daño a Colombia?

Entonces, cada punto por separado, pues la gente va a decir que no.

Sin embargo, si usted le dice a un colombiano ‘este es el paquete que contiene esos elementos y otros, este es el costo de la paz –la paz cuesta–, pero la alternativa es continuar en guerra 20 o 30 años más y este es el costo de continuar’.

Y la gente dice: ‘a ver, el mundo no es perfecto; me voy a tener que tragar algunos sapos. Entonces  yo sí prefiero la paz que la guerra’.

Y eso es lo que el pueblo colombiano tiene que decidir. Si el costo de esa paz es un costo que está dispuesto a pagar o no.

Y ese es el gran interrogante y el gran desafío que tenemos por delante.

Y la refrendación, que se va a hacer de aquí a julio del año entrante, pues ahí es donde el pueblo colombiano va a poder expresarse.

Y ahí es donde necesitamos el apoyo de personas como ustedes –aquí presentes–, de las universidades, de hacer pedagogía.

Más del 50 por ciento de la gente no sabe todavía qué es lo que se ha acordado y el otro 50 tampoco entiende bien qué significa la paz.

¿Qué significa la paz para un joven que hoy está estudiando en un colegio, en una universidad, o que quiere estudiar y no ha podido? ¿Qué significa la paz para un campesino? ¿Qué significa la paz para un ama de casa en Bogotá o en Cartagena del Chairá?

Cuáles son esos beneficios. Eso todavía no se ha estudiado o no se ha explicado lo suficiente y la gente todavía no ha podido captar la inmensa oportunidad que tiene Colombia de terminar una guerra que le ha costado tanto al pueblo colombiano y las oportunidades que se abren con la terminación de esa guerra.

Ejemplos hay muchísimos. Y todos tenemos que comenzar a poner nuestro granito de arena. Todos ustedes aquí presentes tienen que comenzar a tratar de entender un poquito más de qué se trata este proceso, para poder entusiasmar a otros y decir mire, este es el camino.

¡Qué gran oportunidad que tiene el pueblo colombiano de unirse en torno a una causa!            

Esta tarde, a las 6:30 de la tarde, el pueblo colombiano va a estar todo, todo unido en torno a nuestra Selección Colombia. Y vamos a gritar todos el primer gol de James (Rodríguez).

Y le vamos a ganar a Chile, tengan la seguridad de que le vamos a ganar a Chile.

Pero de esa misma forma, todos tenemos la inmensa oportunidad de meter unos golazos con este punto de inflexión que es la paz.

¿Cuánto les ha costado a los campesinos de Colombia la falta inversión en el campo?, ¿por qué está concentrada la pobreza en el campo? Porque no ha habido inversión. ¿Y por qué no hay inversión? Porque el conflicto ha estado en el campo. 

¿Cuántos de los delincuentes que están robando aquí en los Transmilenios, que les roban los celulares a los que están usando los celulares aquí en Bogotá, o en Medellín, o en Barranquilla, son producto del conflicto? Es decir, gente desplazada, 7 millones y medio de víctimas, que se van a los cinturones de miseria de las ciudades.

Porque muchas señoras aquí en Bogotá dicen, ‘no, porque a mí esta guerra no me afecta’.

Claro que la afecta.

¿Cuántas oportunidades de empleo no se han perdido por la guerra?

Se calcula que la economía colombiana habría podido crecer entre 2 y 3 por ciento por año, más, ni no hubiese conflicto.

O sea que alguien lo describió muy bien. Colombia ha progresado muchísimo. Hoy tenemos unos indicadores muy positivos.

Pero hemos venido manejando con el freno de mano puesto. La economía colombiana y el progreso colombiano han tenido un freno de mano puesto, que ha impedido que Colombia realmente explote todo su potencial.

Y ese freno de mano es el conflicto colombiano.

Ayer estaba yo reunido con el rector de la Universidad de los Andes y la Decana de Economía. Me estaban trayendo un estudio de los costos de la guerra y de los beneficios de la paz.

Y les dije esto hay que divulgarlo por todos lados, esto  la gente no ha entendido los inmensos beneficios que le traería a Colombia dejar de ser el único país de todo el hemisferio occidental con un conflicto armado.

Yo les doy dos ejemplos: el turismo.

No sé cuántos de ustedes ya vieron la película de Colombia Magia Salvaje. Eso es una partecita de las riquezas que tenemos.

Aquí estuvo el Primer Ministro chino hace unos meses. Venía porque Colombia es uno de los países con mayor potencial para aumentar la producción de alimentos.

China tiene ‘uno que otro’ habitante. Y el Primer Ministro chino me dijo ‘solamente producimos el 40 por ciento de lo que consumimos; el esto lo importamos. Y estamos muy preocupados de dónde vamos a sacar los alimentos para poder alimentar nuestra población en 20, 30 o 40 años’.

Y uno de los países, ya identificado por la FAO –que es la Organización Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas–, que tiene mayor potencial es Colombia.

¿Por qué no hemos podido hace esto? Porque el conflicto armado nos lo ha impedido.

Pero el punto no era la parte de la gran oportunidad en materia agropecuaria; el punto es el turismo.

Y nos pusimos a ver cuántos chinos están saliendo por el mundo o viniendo a América, der turismo.

¿Saben cuántos chinos vienen a América todos los años a hacer turismo?

100 millones de chinos.

¿Saben cuántos vienen a Colombia?

9 mil.

Y le pregunté bueno, ¿por qué no vienen más chinos a hacer turismo a Colombia?

Ah, porque ustedes están en la lista de un país con conflicto armado.

Si usted, señor rector, quiere hacer un intercambio estudiantil con Estados Unidos y usted hace con la universidad que sea, la Universidad de Harvard, un intercambio de estudiantes, entonces usted manda unos estudiantes de aquí para allá y la Universidad de Harvard les manda unos estudiantes a sus magníficas facultades de derecho, por ejemplo, pues no vienen.

No pueden venir porque estamos en una cosa que se llama el travel warning, la advertencia de viaje, que es producto de ser un país en la lista de conflicto armado.

Esos son solamente dos ejemplos de millones de ejemplos que existen de los costos y de los beneficios de la paz.

¿Y qué es lo que yo quisiera?

Que ustedes, los jóvenes que está aquí presentes, los miembros de las Fuerzas Armadas, que además van a ser también muy beneficiados, ustedes son los van a dejar de poner allá a arriesgar sus vidas; hoy tenemos cuántos soldados por ejemplo en la Fuerza de Tarea Omega, allá en las selvas del Caguán.

14 mil.

Esos podrían venir, podrían capacitarse mucho mejor. Necesitamos una Fuerza Pública fuerte, necesitamos más policías y más soldados, tenemos todavía mucho territorio sin presencia del Estado.

Pero ya no operaciones contra guerrilla en la mitad de la selva, sino en operaciones de soberanía, de ayudar por ejemplo a la seguridad de las ciudades, a la seguridad del ciudadano de a pie, lo que hacen los ejércitos y las fuerzas armadas en cualquier país normal.

Y los jóvenes… Por ejemplo ¿usted en qué curso está?

–En séptimo.

¿Y usted ya sabe qué quiere estudiar?

Ingeniería industrial

¿Dónde? En cualquier universidad. No importa, ingeniería industrial. Buenísima.

Pero mire. Le cuento. Yo comencé estudiando ingeniería industrial y me tocó colgar la toalla. Me pasé a economía, porque era bien difícil. Pero usted va ser mucho mejor que yo.

Pero para que tenga mucha más oportunidades de poder estudiar ingeniería industrial dentro de cuatro años, le faltan cuatro años, las oportunidades de empleo, de puestos en las universidades, porque vamos a tener muchos más recursos para invertir más en las universidades, se abren las oportunidades.

Y cuando usted se gradué de ingeniería industrial, si tenemos un país en paz, tendrá muchas más oportunidades de empleo, que si seguimos en la guerra.

El empleo, solamente crecer punto y medio 2 por ciento al año todos los años, la cantidad de puestos de trabajo que eso va a generar para que el día de mañana James tenga un mejor futuro.

Yo les aseguro, les aseguro que si ustedes se entusiasman un poco con este proceso y nos ayudan –este proceso no es mío, no es de Juan Manuel Santos, no es un capricho mío, ni siquiera de mí Gobierno, esto es de todos ustedes la paz es de todos ustedes, es lo que tienen que entender–, entonces si todos nos unimos, como nos vamos a unir esta tarde, a sacar adelante el proceso y a aprovechar este punto de inflexión para darle al país un salto cualitativo en su desarrollo, para que nos reconciliemos, para que reconstruyamos esa fibra moral  que hemos venido destruyendo durante 50 años de guerra, a este país no lo va a detener nadie.

Entonces es una oportunidad de oro.

Por eso qué bueno haber podido venir hoy. Vamos ahorita para Buenaventura, allá tenemos una ciudad que tiene muchos problemas, pero esta paz también que le ha dado a Buenaventura y a todo el Pacífico colombiano tan duro, pues ahí también hay oportunidades que tenemos que ir sembrando.

Eso lo podemos hacer por todo el país.

Y eso es lo que yo les pido a ustedes. Entusiasmémonos con este proceso.

De aquí a 6, 7 meses vamos a poder darle un vuelco a Colombia muy positivo si todos nos unimos.

Cuando digo todos son todos. Ojalá todos podamos ser partícipes de esta gran ola hacia una Colombia en paz, a una Colombia con más equidad y una Colombia mejor educada.

Muchas gracias.