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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante la conmemoración de los 30 años de la tragedia de Armero

 Armero Guayabal, 14 nov (SIG)

Han pasado 30 años y todos sentimos como si fuera hoy, aquel día en que más de 25 mil colombianos fueron arrebatados a la vida aquí en Armero por la fuerza inclemente de la naturaleza. Su memoria es una presencia que yace también aquí, ahora, en nuestras almas y en nuestros corazones.

Armero expresa con su tragedia la relación de nuestro país, de Colombia, con la vida, con la muerte y con la paz.

Esas vidas se perdieron porque se desató una tragedia que para muchos era una catástrofe anunciada, y por ello sus muertes nos pesan en el alma porque fueron el producto de la imprevisible erupción del Volcán Nevado del Ruiz, pero también, hay que reconocerlo, porque no se escucharon esas voces que lo advertían y no se tomaron las medidas preventivas suficientes, en el tiempo justo, para evitar esa pavorosa tragedia que borró a Armero de la faz de la tierra.

Esos habitantes de Armero, en esta región del Norte del Tolima, tan azotada históricamente por tantas violencias, significan igualmente el valor del hombre y de la mujer colombianos para enfrentar como nadie a la adversidad. Como nunca antes, esos tolimenses fueron los colombianos que enfrentaron en mayor dimensión a la fuerza bruta de una avalancha desenfrenada sobre su pueblo. Todos ellos suman una fuerza gigantesca, una montaña muy alta, como esta cordillera que vemos aquí al frente, pero una montaña de valor, una montaña de dignidad, una montaña de sacrificio.
 
Dentro de ese pueblo de miles de tolimenses que padecieron este sacrificio, se destaca la historia de dolor y valentía que significó la agonía y la muerte de la niña Omayra Sánchez. Hoy convertida en un hito universal, Omayra, tal vez como ningún otro colombiano, enfrentó con tanto coraje y dignidad el reto de estar al frente de la muerte. Tres noches y tres días duró su lucha y su agonía. 

Yo lo viví también muy de cerca porque, por una casual circunstancia, estaba entonces de Subdirector de El Tiempo y encargado de la Dirección, porque el Director estaba de viaje. Me correspondió hoy hace 30 años, a medianoche, entre las once y media de la noche y las tres y media de la mañana, conseguir en Bogotá una motobomba para tratar de salvar a Omayra.

Era la lucha de socorristas, médicos y periodistas. Quiero destacar a uno en particular: Germán Santamaría, periodista tolimense, de El Líbano. Un cronista como pocos que ha tenido el país, que vivió esos momentos y los registró con su magistral pluma en varios escritos. Algunos de ellos se están reviviendo treinta años más tarde.

Él fue el que, con su habitual nerviosismo y su acelere, llegó a mi oficina a decirme: ‘Don Juan Manuel, por favor, usted use su apellido Santos, que hace milagros, y haga el milagro de una motobomba’. Me acuerdo las palabras. Me describió exactamente lo que él había vivido al lado de Omayra y se fue para Bogotá a tratar de conseguir esa motobomba.

Yo inmediatamente me propuse que ese propósito se lograra. Pero a pesar de que se consiguió la motobomba, no alcanzó a salvarla, porque ella murió ese sábado trágico, después de esas tres noches y esos tres días de agonía.

El escritor Germán Arciniegas, uno de los grandes escritores que también ha tenido este país, señaló que Armero sí tuvo lo que no tuvo la Pompeya cubierta por el Vesubio hace más de dos mil años. Es decir, sí tuvo un testigo en la figura de Omayra, para contarle de manera individual a la historia lo que pasó aquel día. Por eso Omayra siempre será la memoria personal e íntima de esta terrible tragedia de Armero.

Al rendir homenaje a todas las víctimas y a la niña mártir de Armero, tenemos que fundamentalmente señalar que siempre la vida derrotará a la muerte. Aquí no triunfó la muerte sino la vida, porque aquí y en toda esta zona están las familias, muchos sobrevivientes, y todos los que recordamos y nunca olvidamos a los habitantes de Armero.

Es por ello que en Colombia vamos a derrotar la muerte con la paz que estamos construyendo. Derrotaremos la muerte y la violencia que tan cruelmente hemos vivido entre colombianos, para construir la paz, con justicia y verdad.

Esa justicia y esa verdad tienen que estar cimentadas también en la memoria. Por eso qué bueno estar hoy aquí en este lugar recordando unas frases de Jorge Luis Borges. Decía Borges: ‘Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos’. Armero es un espejo roto de nuestra memoria en el que debemos mirarnos. No podemos nunca olvidar esta tragedia.

Por eso sancionamos esa Ley de Honores a Armero y a sus víctimas del año 2013.  La Ley declara el 13 de noviembre como Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas de Armero. En nombre de todos los colombianos, aquí me encuentro como Presidente honrando la memoria de los armeritas.

Estamos avanzando en varios frentes que ordena la Ley. ¿Para qué? para preservar la memoria de Armero. Estamos construyendo el registro único de propietarios para identificar familias que perdieron su terreno en la avalancha.
 
Aquí hay funcionarios del IGAC, que ya definió los linderos de Armero, como estaba antes de la tragedia, lo que es clave para identificar los predios. Ayer firmé un decreto, que permite acreditar a los propietarios de hace 30 años para luego poderles comprar los predios. Ahí donde hoy es el Camposanto haremos más obras en honor a la memoria de Armero.   

Ayer mismo también aprobamos un documento Conpes, que es un documento que aprueban los ministros y el Presidente, es una instancia muy importante, para agilizar estas y otras iniciativas de la Ley.

Ordenamos a entidades priorizar los recursos y definimos responsabilidades completas para avanzar en tres frentes, en tres estrategias: en el desarrollo social de Armero y en acciones para honrar su memoria. En el impulso a la competitividad, por ejemplo con la promoción del turismo y formalización laboral y el fortalecimiento institucional, entre otras tareas, concluir el proceso de registro de los propietarios.
  
Con el Ministerio de la Cultura, hemos finalizado varias actividades e iniciativas de homenajes y preservación de la memoria. Hoy entregamos el libro. Se lo entregue al señor Alcalde. Anoche se estrenó un documental: ‘Lo que nos dejó el volcán’, en la televisión nacional, en Señal Colombia.

Antes de ayer, aquí la Orquesta Sinfónica hizo el concierto ‘El rugido de la tierra’, con composiciones dedicadas a Armero y a Omayra. Y este parque conmemorativo ‘Omayra Sanchez’ y la escultura en su honor, también son acciones para no olvidar la tragedia a partir de esa niña, de ese símbolo, de Omayra.

Ya habíamos entregado zonas de juegos, una cancha deportiva y un jardín. Hoy entregamos el centro y muro memorial. Inauguramos la exposición artística y pusimos la piedra de la fase 2 para la zona administrativa, el auditorio, la piscina y la gradería. La memoria, hacer memoria, es útil para no repetir los errores del pasado.

Como consecuencia de la tragedia de Armero, la más trágica en la historia de Colombia y la cuarta en la humanidad, imagínense ustedes lo que eso significa, ahí nació el Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres.

A raíz de otra tragedia, que fue inclusive más contundente por el número de personas que afectó, la ola invernal al comienzo de mi Gobierno, ahí se fortaleció y se modificó la institucionalidad.

Aquí mi señora estuvo presente en el inicio de ese gran programa de Colombia Humanitaria, producto del desastre. Y también ahí aprobamos una ley en el Congreso reforzando toda esa institucionalidad que tanto bien le ha hecho a este país.

Carlos Iván, los quiero felicitar a usted y a su gente. Y a través suyo a las Cruz Roja, a la Defensa Civil, a los Bomberos, a todos los organismos de socorro, a nuestros policías, a nuestros soldados, que siempre están ahí presentes en esos momentos de angustia, de sacrificio, para socorrer a nuestros compatriotas.

Estamos también enfrentando de raíz ese fenómeno que nos está afectando de forma tan contundente: el calentamiento global. Por eso en París vamos a impulsar el acuerdo global. El compromiso de Colombia es bajar sus emisiones en un 20 por ciento.

Solidaridad con Francia

Hablando de París, quiero desde aquí, en este día tan sentido por todos los colombianos, desde Armero Guayabal, reiterarle nuestra solidaridad al pueblo francés, el Gobierno francés, por estos ataques terroristas, por estos ataques cobardes, insensatos, que han sufrido en las últimas 24 horas.

Alguien me preguntaba que si yo iba a cancelar mi ida a la Cumbre Climática. Dije: No, todo lo contrario, allá tenemos que estar presentes todos los jefes de Estado, no solamente para salvar a la humanidad del calentamiento global, porque si no actuamos a tiempo sucederá no con Armero sino con el planeta entero un desastre de consecuencias insospechadas.

También estaremos allá presentes para expresar nuestro apoyo a los franceses, al Gobierno francés. Nuestro apoyo a la defensa de esos principios que los propios franceses han promulgado desde hace siglos: la fraternidad, la solidaridad, la libertad.

Todos los habitantes de la Tierra que creemos en esos principios nos haremos presentes allá en París, para decirles a los franceses: Aquí estamos. No dejaremos que el terrorismo venza a ninguna nación que crea en la libertad.

Apenas supimos de la tragedia inmediatamente nos pusimos en acción, a través de la Embajada nuestra en París, a través de la Cancillería, a ver si algún colombiano había sido afectado.

De acuerdo con las listas que hace hora y media tenía en sus manos el señor Embajador, Federico Renjifo, no hay colombianos víctimas de este terrible ataque terrorista. Hay 128 muertos, más de 80 heridos graves y más de un centenar de heridos adicionales. No hay colombianos, afortunadamente, en esas listas.

Se recibieron 18 solicitudes de familias que decían que sus seres queridos estaban en París y que no habían tenido oportunidad de contactarlos. Estaban estas familias muy angustiadas, por supuesto. La última información, hace una hora y media, es que de las 18 solicitudes, 17 ya han localizado a las personas. Estamos haciendo los esfuerzos para localizar la última: la número 18. De manera que eso también quería informarles, sobre todo a las familias que estaban angustiadas por sus seres queridos.

Seguiremos trabajando para que las catástrofes naturales no vuelvan a enterrar a nuestros pueblos. Seguiremos trabajando en la paz, para evitar las tragedias de la guerra, las muertes, el sufrimiento, la violencia que trae una guerra, que no son obra de la naturaleza sino del hombre. Y nosotros los hombres tenemos que terminarlas.

Realmente, Padre, muchas gracias por sus oraciones, porque esa presencia del Santo Padre aquí hace 30 años nos quedó también incrustada en el fondo de nuestros corazones. La presencia de la Iglesia en estos momentos tan difíciles. El apoyo de la Iglesia por la paz es algo que como Presidente de los colombianos les agradezco de todo corazón.

A todos ustedes, aquí estamos, nunca los olvidaremos, siempre estaremos con ustedes. Muchas gracias.