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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos, en la Noche de la Excelencia.

 Bogotá, 23 nov (SIG).

Por mucho tiempo nuestros niños y jóvenes han escuchado hablar de guerras y conflictos –en las aulas se aprende de la conquista española, del proceso independentista, del inicio de la conformación de la República, del bipartidismo.

Han escuchado también sobre el inicio de las guerrillas y del narcotráfico –y del poder corruptor de este último fenómeno en buena parte de la sociedad–.

Por supuesto, debemos conocer nuestra historia –para no estar condenados a repetirla–, pero ya es hora de escribir un nuevo capítulo… el capítulo de un país EN PAZ que –ojalá–empiece a aparecer pronto en los libros escolares.

Y eso es posible: hoy –más que nunca– el fin del conflicto está cerca, y en ese contexto los maestros tienen una tarea muy importante al interior de los salones de clase.

Ustedes, maestros, siembran semillas de PAZ en cada uno de los rincones de la patria, formando a ciudadanos más tolerantes y respetuosos.

Esta noche, por ejemplo, reconocemos a Dilia Elena Mejía, profesora en los Montes de María.

Ella, viendo cómo el conflicto armado había afectado las actitudes y pensamientos de sus estudiantes, aprovechó el teatro para reconstruir imaginarios violentos y transformarlos luego en escenarios esperanzadores.

Los alumnos de Dilia Elena hoy aprenden a solucionar conflictos de manera pacífica, acudiendo a valores como la solidaridad.

Otro ejemplo es el de Roosevelt Andrés Ramos, profesor de investigación y producción agropecuaria en el municipio de Quimbaya –en Quindío–.

Él se ha dedicado a recuperar los saberes campesinos, impulsando procesos de investigación a partir de las tradiciones y la cultura popular.

Estos son apenas dos ejemplos del trabajo comprometido que siempre han tenido nuestros maestros…, aunque esta vez su responsabilidad es todavía más grande, teniendo en cuenta el momento histórico que vivimos los colombianos.

Lo que quiero decir es que en sus manos está educar a la generación de la paz.

Trabajamos para que este 2016 quede en la historia de Colombia como el año en que pudimos decir ¡adiós a la guerra!

Pero no bastará con despedirnos de la guerra; por delante tenemos muchas tareas pendientes, como la de iniciar una transformación cultural que nos lleve a construir un ambiente de paz, perdón y reconciliación.

Entre todos debemos construir lo que hemos denominado una “Agenda Nacional de Educación para una Cultura de Paz”.

En este propósito, ya se realizó –en octubre– el Encuentro Nacional de Educación para la Paz.

Y para este miércoles el Ministerio de Educación y FECODE están invitando a secretarios de educación departamentales y municipales, para que se reúnan con rectores, docentes, estudiantes y padres de familia.

El objetivo de este encuentro es planear –para el próximo año– actividades de pedagogía para la paz.

Hemos denominado a esta jornada “La Paz es una Nota”. Y será muy importante para imaginar el papel del sistema educativo en los tiempos de la paz.

Sé que ustedes –maestros y agentes del sector educativo– no serán inferiores a un reto de semejante tamaño.

Lo harán bien, porque promover una sociedad más pacífica no es una tarea nueva para ustedes, ni tampoco ha sido la única.

Los maestros también han sabido contribuir de manera especial al progreso del país con semillas de EQUIDAD.

¡Para eso sirve la educación y por eso es considerada como la herramienta más poderosa de transformación social!

Desde el Gobierno nacional hemos venido transformando las vidas de millones de familias –que hoy envían a sus hijos a estudiar de forma gratuita–, pero al final son ustedes, los maestros, quienes tienen en sus manos buena parte de la formación de cada niño y de cada joven.

Y ahora que hemos avanzado en términos de cobertura, lo más importante es que nuestros niños tengan acceso a una educación de calidad.

Ya estamos transitando hacia la Jornada Única, para que nuestros estudiantes pasen menos tiempo en las calles y tengan más y mejores horas de estudio en todos los colegios oficiales.

Esa es una contribución a la equidad, porque entendemos que una buena educación –de calidad– no debe depender de la cuna en la que se nazca.

Es así como –con la Jornada Única– todos van a estudiar ocho horas –y no cinco–, de manera que vamos a igualar las condiciones entre los estudiantes de colegios públicos y privados.

Y para que podamos implementar esta Jornada Única –es decir, para que tengamos los espacios necesarios, en donde se puedan recibir más horas de estudio y de mejor calidad–, empezamos ya la ejecución de un ambicioso Plan de Infraestructura Educativa.

Gracias a este Plan, de aquí al año 2018, vamos a construir 31 mil aulas –que equivalen a 1.500 colegios–, para educar como debe ser a más de 2 millones y medio de estudiantes.

Con estos y muchos otros esfuerzos que venimos realizando, avanzamos hacia nuestra meta –difícil, pero posible– de ser el país más educado de América Latina en el año 2025.

Y los maestros son fundamentales en el cumplimiento de esta meta.

¡Ustedes son protagonistas de esta transformación educativa!

No es fácil ser profesor; se requieren habilidades académicas, psicológicas y sociales; y exige un compromiso de vida con la infancia y la juventud.

Por eso mismo, es un privilegio –y un motivo de alegría– estar aquí reunido con los mejores maestros de Colombia.

Desde el Gobierno nacional trabajamos para brindarles más y mejores herramientas, y para convertirlos en mejores líderes, en ciudadanos emprendedores y en profesores innovadores.

Ya anunciamos las becas docentes para maestrías de profundización, además de programas de inmersión que les permitan fortalecer su conocimiento de otro idioma.

Creamos un programa de estímulos económicos para premiar a los buenos maestros e instituciones educativas que fomenten procesos a favor de la calidad en la educación.

También venimos adelantando un proceso de mejoramiento salarial de los maestros –más que merecido–, que implica una inversión cercana a los 4 billones de pesos adicionales en este cuatrienio.

Con estos y otros esfuerzos le estamos apostando a la palabra clave de esta noche: la EXCELENCIA.

Por supuesto, falta camino por recorrer, lo que solo significa una cosa: debemos trabajar más –mucho más, ustedes y nosotros– para que esa excelencia llegue a todos los rincones del país.

Afortunadamente contamos con docentes como los aquí presentes, verdaderos referentes por sus nuevas tendencias y sus mejores prácticas –que contribuyen a esa transformación educativa de la que hablamos–.

Los colombianos tenemos el deber de reconocer –y premiar– a quienes nos han dado tanto, a quienes aportan –y de qué manera– al presente y al futuro de nuestro país.

Hoy, justamente, estamos agradeciendo el esfuerzo de más de 40 maestros e instituciones educativas, con retribuciones que van desde colecciones de libros hasta incentivos económicos.

¡Gracias a todos por su compromiso!

¡Gracias a todos por sembrar a diario –en cada clase– las semillas de una Colombia en paz, con más equidad y mejor educada!

Yo les digo algo, lo que yo quiero hacer cuando termine esta responsabilidad que tengo como Presidente, lo he dicho muchas veces, no es porque ustedes estén hoy aquí o yo esté aquí, quiero ser maestro, quiero ser profesor. Para poder formar a niños y jóvenes que –el día de mañana– quedarán a cargo de este nuevo país que estamos construyendo.

La generación de la paz será reflejo de sus enseñanzas.

Si más maestros avanzan hacia la excelencia, como los premiados esta noche, Colombia habrá quedado en las mejores manos.

Muchas gracias.