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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la ceremonia de clausura del Curso de Altos Estudios Militares y Curso Integral de Defensa Nacional

 Bogotá, 23 ene (SIG)

Treinta años llevan los coroneles, los capitanes de navío que hoy reciben este diploma, que ascienden muy pronto a ser generales de la República, a ser almirantes.

Treinta años de servicio a la Patria, treinta años de ir aprendiendo lo que es ser un buen militar, lo que es ser un buen ciudadano.

Y qué bueno además ver a tantos civiles tomando estos cursos. El interés cada vez mayor de la sociedad en nuestras Fuerzas, en lo que representan, lo que son, lo que deben ser y para dónde van.

Eso fortalece nuestra democracia, fortalece nuestras Fuerzas. Entre más conoce uno esa maravillosa institución que denominamos las Fuerzas Militares de Colombia, más aprecia uno a sus miembros.

Y lo digo por experiencia propia.

Ustedes hace treinta años ingresaron a la escuela respectiva. Unos aquí en Bogotá, otros en Cartagena.

Yo hace un tiempo un poco más largo también ingresé allá en Cartagena a la Escuela Naval. Y ahí aprendí unos valores, unos principios que me han quedado toda la vida, una forma de ser.

Aprendí algo que es muy importante. Todos los días, cuando izábamos la bandera, aprendí a amar a mí institución, en el caso personal, la Armada Nacional. Y amar mucho más a mi Patria.

Creo que ustedes en su carrera que hoy da un paso muy importante al recibir estos diplomas, y los civiles que hicieron estos cursos y que hoy entienden mucho mejor lo que es la doctrina, lo que significa la estrategia, lo que es la táctica, pues dan un paso, un avance importantísimo en sus carreras y ustedes como seres humanos.

Y quiero felicitarlos a todos, de todo corazón. Lo hacen en un momento muy especial de nuestra historia. La Escuela Superior de Guerra se llama la institución donde ustedes atendieron los cursos necesarios para obtener estos diplomas.

La guerra, la guerra siempre debe tener un propósito. Nunca nadie hace una guerra por hacer la guerra.

Y el propósito fundamental de cualquier guerra es conseguir la paz. Todo soldado de tierra, mar y aire, aquí o en cualquier parte del mundo, va a la guerra con unos objetivos. Pero el más importante de todos es conseguir la paz.

Ustedes, los coroneles, los capitanes de navío que hoy recibieron este diploma,  hacía treinta años en una guerra, porque somos un país, infortunadamente, un país en guerra que lleva un conflicto armado por más de cincuenta años.

Y ustedes van a tener esa experiencia única –no la tienen todos los oficiales a través de la historia– de participar en esa guerra, de haber ganado esa guerra,  porque la paz es su victoria y de poder hacer la transición a un país en paz.

Espero que todo lo que aprendieron en este curso les va a servir mucho para abrir una nueva perspectiva, nuevos horizontes, a nuestras Fuerzas Militares, a nuestra Policía. Fuerzas Militares y Policía que con su trabajo, con su dedicación, con su coraje, con su valentía, nos permiten hoy decir que la paz está cerca, que estamos por primera vez acariciando esa verdadera posibilidad.

Esa transición exige mucha inteligencia, exige la capacidad de hacer la transición. Exige –a ustedes le debieron enseñar en los cursos– un liderazgo especial. Conducir a una tropa, conducir un país en guerra, requiere un liderazgo especial.

Pero es más fácil. En la guerra uno le dice a la población o a los soldados: allá está el objetivo, allá está el enemigo. Todos tenemos que unirnos y vencer a ese enemigo.

En la paz, esa transición de la guerra a la paz, se requiere un liderazgo diferente, porque en esa transición no es simplemente allá está el enemigo. O como decía el general Valencia Tovar, ni siquiera considera considerarlos enemigos, son los adversarios, a quienes uno tiene que vencer.

Pero para lograr esa paz después de cincuenta años, se requiere una capacidad de hacer cambiar la forma de pensar de mucha gente que ha vivido en esa guerra durante tanto tiempo.

Se requiere la capacidad de poder cambiar a esas personas que han sufrido, que han sido víctimas, para que aprendan a perdonar, para que aprendan a reconciliarse. En fin, se requiere un liderazgo diferente, mucho más difícil, porque es mucho más difuso ese objetivo que uno pretende.

Cuando está en guerra, el objetivo es clarísimo; en la búsqueda de la paz el objetivo es difuso.

Por eso es tan importante que entiendan –todos entendamos– todos los colombianos, hacía dónde vamos. Qué es lo que nos espera. Qué espera el país de las Fuerzas Militares.

Ese ha sido uno de los grandes interrogantes, esa ha sido una de las grandes dudas.

Porque la gente tiene dudas.

En este momento mucha gente le tiene miedo al cambio.

Miren lo irónico, después de tantos años de guerra, uno dice mire, va a cambiar su país, va a ser un país en paz. La gente dice ¡uy! ¿Y esa paz qué significa? ¿Esa paz cómo me afecta? ¿Me afectará positiva o negativamente? ¿Qué quiere decir esa paz, qué es lo que están ustedes negociando para que haya paz?

Y ahí se requiere otra característica muy importante de liderazgo que es la capacidad de hacer pedagogía, de explicar en los términos más sencillos de qué se trata esa paz.

Esa paz, para las Fuerzas Militares, se trata primero que todo –lo he repetido mil veces–, se trata de consolidar su victoria.

Lo decía el general MacArthur cuando le preguntaban ¿ustedes por qué buscan tanto la guerra? Decía no, no nosotros no estamos buscando la guerra, buscamos siempre la paz. Y obtenerla es nuestra victoria.

Esas mismas palabras se aplicar hoy en día a nuestras Fuerzas Armadas.

¿Y esa victoria qué quiere decir para nuestras Fuerzas Armadas? ¿Qué quiere decir para nuestro Ejército, para nuestra Armada Nacional, para nuestra Fuerza Aérea, para nuestra Policía?

Tengan la seguridad de que quiere decir un futuro mucho mejor.

Durante todos estos años que a mí me ha correspondido una parte importante de ese proceso, hemos hecho todos los esfuerzos para ir fortaleciendo a nuestras Fuerzas Armadas.

Me recuerdo muy bien hace diez años. Estaba el actual Ministro de Defensa como Presidente de la Andi y fui a decirle necesitamos más recursos para fortalecer nuestras Fuerzas, porque solamente fortaleciendo nuestras Fuerzas vamos a poder ganar esta guerra y conseguir la paz.

No titubearon los empresarios. Propusieron, me acuerdo, un impuesto al patrimonio. Que todavía están pagando.

Y eso nos ha permitido crear las mejores Fuerzas Armadas que tenemos en Colombia en nuestra historia. Porque lo podemos decir con orgullo, ustedes van a ser generales del mejor Ejército que ha tenido Colombia en toda su historia. Ustedes van a ser almirantes de la mejor Armada que ha tenido Colombia en toda su historia. Ustedes van a ser generales de la mejor Fuerza Aérea.

¿En qué sentido la mejor?

En capacitación, en equipo, en infraestructura, porque hemos logrado crear esas Fuerzas que hoy tenemos y por supuesto que tenemos que continuar fortaleciendo a nuestras Fuerzas, que es la columna vertebral de nuestra democracia.

Ya no combatiendo, ojalá, en las selvas del Caguán, pero sí defendiendo la seguridad de Colombia, la seguridad de los colombianos. Lo que hacen las Fuerzas Armadas normalmente en un país en paz.

Nosotros vamos a requerir unas Fuerzas, inclusive, más fuertes, más numerosas de las que tenemos hoy, si queremos mantener esa paz y hacerla estable y duradera.

Ya posiblemente en Tolemaida no existan tantos cursos de contraguerrilla. Pero se van a crear mucho más cursos de ciberdefensa, de la ciberguerra.

El mundo va cambiando. Nuestras Fuerzas también.

Tenemos que hacer un gran esfuerzo para poder ser mucho más efectivos en la defensa de nuestras fronteras.

Vamos a concentrar una parte importante de nuestras capacidades para darles otro tipo de seguridad a nuestros compatriotas, a los ciudadanos del común. Defenderlos de otro tipo de amenazas que van a surgir, que ya están ahí presentes.

Vamos a tener unas Fuerzas que ya están siendo cotizadas en el mundo entero, en un mundo cada vez más complejo, en misiones de paz.

Yo firmé un compromiso en Naciones Unidas hace unos meses, donde me comprometí a que cuando firmemos la paz, podremos ofrecer hasta 5 mil de nuestros hombres en misiones de paz. Para ello se requiere un entrenamiento especial. Muchos países nos están solicitando a los colombianos esa participación porque saben, porque han observado, porque han visto, las capacidades de nuestras Fuerzas Militares.

Cuando vienen los sheiks árabes a sonsacarse a nuestros oficiales, no vienen porque Colombia tiene unas Fuerzas Armadas que nadie conoce o que nadie respeta. Todo lo contrario, porque aquí están los mejores. Y así me lo dijo uno de los sheiks árabes, a quienes reclamé oiga, no se sigan llevándose a nuestros mejores oficiales, a nuestros mejores soldados. Hagamos unos acuerdos.

Y le pregunté ¿y por qué Colombia?

Y me dijo porque ustedes son los mejores.

Y eso hay que aprovecharlo. Y esa transición les va a requerir hacer más cursos de los que ustedes acaban de terminar, para poder irnos acoplando a un país en paz.

La gente se pregunta, bueno ¿y qué va a pasar con lo que nos han venido diciendo en materia de justicia?

Ustedes se recordarán que desde el principio, allá en Tolemaida y en varias de las instalaciones militares, cuando inicio este proceso, les dije –este es un tema que las Fuerzas armadas tienen muy presente, las Fuerzas Armadas tienen muy en su lista de preocupaciones–, no se preocupen que en este proceso de paz, si va haber beneficios para unos, habrá beneficio para las Fuerzas Militares que nos van a ser, bajo ninguna circunstancia, menores que los beneficios que se les están  ofreciendo a ese enemigo que estamos llevando a la mesa de negociación.   

Y así va ser. Y así ya está pactado. Ustedes en eso pueden estar absolutamente tranquilos.
  
Yo observaba esta mañana unos comentarios de un vocero de los empresarios, de un empresario, Gabriel Echavarría, que estaba hablando a nombre de los empresarios y decía que ellos tienen unas preocupaciones. Una de ellas qué si las Fuerzas militares van a sufrir algún tipo de debilitamiento. Que si los recursos de las Fuerzas Militares los vamos a disminuir.

Entonces yo me decía en mis adentros: he fallado yo como líder pedagógico, porque cuántas veces no les he dicho yo a los empresarios, cuántas veces no les he dicho yo a los militares, a todas las Fuerzas, que ese recorte de recursos, que ese recorte que mucha gente dice que se va a presentar, no se va a presentar. Es todo lo contrario, que vamos a continuar este proceso de fortalecimiento y modernización de nuestras Fuerzas, porque ese es un objetivo fundamental, modernizar nuestras fuerzas, acoplarlas a las nuevas circunstancias.  

Y ahí vamos a seguir invirtiendo los recursos necesarios.

¡Ah! Que es que, decía este empresario, es que hemos oído tanto de la guerrilla diciendo que es que van a cambiar la doctrina militar y que es que toda la plata que va hoy a la Fuerzas militares va ser invertida en otros rubros…

¡Y cuántas veces no lo hemos dicho a estos apreciados empresarios y a los colombianos y a los miembros de las Fuerzas que eso no va a suceder. Que no ha sucedido y que no sucederá!

Que nunca ha sido motivo de discusión en la mesa de negociación. ¡Nunca!

Cada vez que ponen, porque siempre ese ha sido un punto de fondo de cualquier proceso de paz. Lo fue en el Salvador, lo fue en Guatemala, lo fue –ahora que vine la semana pasada– de Filipinas.

Me decían los negociadores. Lo primero guerrilla quería allá en Filipinas era cómo es que va cambiar las Fuerzas militares, cómo las cambiaron, cómo los pactaron. Los cambios.

Lo mismo hicieron en Indonesia. Me reuní con el hoy Vicepresidente, negociador por parte de su gobierno del proceso de paz en Indonesia. ¿Qué fue lo primero que negociaron? Las Fuerzas militares.

Pues en esta ocasión ¡no! Porque desde un principio pusimos una línea roja. Las Fuerzas militares no son objeto de negociación con la guerrilla.

¿Que ellos han dicho X o Y? Les sacó a relucir el consejo de Mandela. Mandela en todos sus libros –me he leído prácticamente todos los libros de Mandela dice mire, en una negociación no le paren bolas a lo que dicen –inclusive los propios negociadores– por fuera de la mesa de negociación.

Porque muchas veces están hablando a su propia gente, a unos constituyentes de algún grupo ‘párenle bolas a lo que se negocia en la mesa’.

Y resulta que el futuro de nuestras Fuerzas y la doctrina militar no están en la agenda. Y cada vez que quieren ponerlo, la respuesta –general Florez, usted ya ha sido testigo de eso– es no señores, ese tema no es de esta mesa, no se va  discutir.

El futuro de las Fuerzas lo estamos discutiendo –ya desde hace dos años– al interior. En la Escuela Superior de Guerra, en el Comando de nuestro Ejército, en el Comando de nuestras Fuerzas Militares, en el Comando de la Armada.

Ya han venido un sinnúmero de expertos que dicen miren, los ejércitos modernos de hoy tienen estas características. Esa transición de ustedes requiere estos esfuerzos, muchos de ellos presupuestales, otros de capacitación.

O sea que vamos a seguir en una evolución, en una modernización, en un fortalecimiento de nuestras Fuerzas.  

Y qué bueno que ustedes ahora estén como partícipes de esa transición.

Y cada vez nos acercamos más. Se han presentado hechos que cada vez nos indican que sí nos estamos acercando efectivamente a esa paz.

Hace un año hablaba yo de los acuerdos aquí, en este preciso     Club Militar,  cuando estaba entregándoles estos diplomas al curso del año anterior.

Hoy podemos decir, por ejemplo, que las Farc entre el año pasado y este, han hecho unos gestos que tengo que reconocerlos. Ya anunció –y vamos a ver si lo están cumpliendo– que no a van a reclutar ya a más menores. Muy pronto les vamos a exigir que liberen a todos.

Que ya hay un acuerdo de desminado. Eso es muy importante. Ya hay un proceso para comenzar los desminados. Es un gran reto.

Colombia, después de Afganistán, es el país más minado del mundo. Se van a requerir muchos años, muchas capacidades, costosísimo, pero ya iniciamos.     

En septiembre le pusimos una fecha límite a nuestras negociaciones, fecha que es un acuerdo y que se debe cumplir. En octubre ya comenzamos unos acuerdos sobre los desaparecidos.

¿Qué es lo que las víctimas mucha veces más están pidiendo?

¿Qué paso con mi ser querido? Nunca me dijeron que paso con él, dónde está.

Yo les cuento una anécdota muy triste pero muy diciente, que nos sucedió hace unas semanas.

Estábamos precisamente hablando sobre desminado con un soldado, con una persona de una organización civil dedicada al desminado, y con una víctima, una víctima precisamente de las minas, un señor del Quindío.

Estábamos hablando y le pregunté yo a esta víctima cuénteme un poco su historia.

La historia es más bien impresionante, es triste.

Me dijo mi papá, lo asesinó las Farc. Nos desplazamos hacia el Vichada. En el Vichada las Farc asesinó a uno de mis hermanos. Mi otro hermano fue averiguar qué había pasado, que porque habían matado a mi hermano fusilado. Y mi hermano, el otro que fue a averiguar, desapareció por completo. Nunca volvimos a saber de él. Y yo me casé, decía. Yo me casé y tuve dos hijos. Y tenía una tierrita. Y un día me fui a caminar al pueblo, a comprar un fertilizante y pisé una mina. Me mostró las piernas. No tenía piernas. Un brazo.
    
Y le dije ¿y usted hoy qué siente? ¿Usted qué siente sobre este proceso que estamos iniciando?

Me decía: yo sentí mucho dolor, mucha rabia. Pero a estas alturas yo creo que es el camino correcto.

Y le pregunté ¿usted sería capaz de perdonar a quien le hizo semejante atrocidad a usted y su familia?

Me miro y me dijo, yo de pronto sí, pero yo si requiero una sola condición.

Le dije ¿cuál sería esa condición?

–Que me digan, me cuenten donde está mi hermano desaparecido. Eso es lo que no me deja a mí dormir.

Y eso lo señalo pues simplemente para decir cómo es de difícil esa transición. Pero cómo tenemos que seguir perseverando.

Los países que salen de las guerras y hacen la transición hacia la paz requieren perseverar y requieren que el país todo, como una sociedad, se ayuden los unos a los otros.

Todo este proceso, por ejemplo, que hemos adelantado poniendo las víctimas por primera vez en la historia como centro de la solución de este conflicto, sus derechos, eso ayuda mucho. Porque es que tenemos más de 7 millones de víctimas, muchas de ellas nuestros valientes héroes de la Patria, que también han sido víctimas de este conflicto.

Por eso, ese esfuerzo que tenemos que hacer, es un esfuerzo monumental.

Pero ahí tendremos a los miembros de nuestras Fuerzas en esa transición,  cumpliendo siempre con su deber.
      
Y repito lo que dije al principio. Todos los miembros de la sociedad civil que hicieron este curso –muchos de ellos hoy en el Senado de la República; magistrados, profesionales muy destacados–, hoy entienden muy bien, mucho mejor, qué es lo que hacen nuestros héroes de la Patria.

Y así esa integración entre las Fuerzas militares y el resto de la sociedad debe fortalecerse cada vez más, porque eso es lo que nos va permitir, como país en paz, tener una democracia sólida, fuerte, que nos permita vivir en un país normal.

Vamos a seguir perseverando. Estamos discutiendo la implementación de los acuerdos. Yo vengo de una reunión con la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, discutiendo los proyectos de reforma constitucional que están hoy en el Congreso.

El plebiscito, y con esto termino, el plebiscito que algunos han querido criticar y que a mí me parece que por ahí la crítica no puede tener mucha sustancia y mucha fuerza.

Yo me comprometí desde el principio a muchas cosas, puse unas líneas rojas clarísimas. Aquí no se negocian las Fuerzas Militares; se ha cumplido a cabalidad.

Puse otra línea roja. Aquí no se van a negociar nuestros principios y valores democráticos, nuestra propiedad privada, nuestro modelo de desarrollo, nuestro modelo de inversión, políticas públicas. Y se ha cumplido a cabalidad.

Y también dije cualquier arreglo al que lleguemos será refrendado por el pueblo colombiano.

Hemos estudiado con mucho cuidado y con mucho desprendimiento la mejor forma de someter esto a refrendación. Que si hacemos un referendo, que con fuerza de ley… Creo que esa no es la forma, porque si un acuerdo puede tener 30 o 40 puntos, habría que poner cada punto –porque así lo ha dispuesto la Corte Constitucional– a referendo.

¿Ustedes se imaginan el pueblo colombiano votando por cada punto de los acuerdos? Eso no es viable.

Lo viable, lo sensato, lo más sencillo, pero también lo más contundente es que cuando lleguemos a los acuerdos, los divulguemos, hagamos pedagogía. Esto es lo que se negoció y este es el precio de la paz.

Y el pueblo colombiano va a poder decidir, en su leal saber y entender.

Y yo pago este precio. Porque toda paz tiene su precio. Yo pago este precio o no lo pago. Y continuamos en la guerra. ¿Por cuánto tiempo más? No sabemos. 10, 20, 30 años. ¿A qué costo? Un costo inmenso.

Y eso que le vamos a presentar al pueblo colombiano es una visión muy sencilla: Sí o No. Con plena libertad.

Yo me pregunto ¿habrá una mejor forma de cumplir con el compromiso de someter al pueblo colombiano a una refrendación, de someter lo que se negoció a que el pueblo decida? ¿Hay alguna forma mejor? No la hemos descubierto. No la hemos podido inventar.

Hemos hecho todas las consultas. ¿Cómo sería lo más fácil, lo más democrático, lo más transparente, lo más sencillo?

Un plebiscito. Así de sencillo. Para que el pueblo colombiano salga y diga Sí o No.

Y eso lo estábamos discutiendo esta misma tarde con los miembros de la Comisión Primera.

¿Para qué hacemos eso?

Para ir acelerando el proceso, porque cada vez nos acercamos más a la firma.

Y esa firma tiene que tener una implementación. Y lo más importante es que esa implementación se haga lo más rápido posible.

Me lo decía el Presidente de Filipinas: nosotros llevamos 17 años negociando. Finalmente logramos unos acuerdos. 17 años. Y en la implementación nos hemos demorado mucho. Y eso nos ha generado todo tipo de problemas, porque hay una total desconfianza. Y esa es una regla de oro, aceleren los tiempos.

Por eso el proyecto de acto legislativo. Para poder acelerar los términos para poder cumplir con la implementación, las leyes que se requieran, que no se demoran un año, que se demoran cuatro meses. Y así poder tener una paz estable y duradera lo más pronto posible.

Esa paz que ustedes van a vivir, como generales de la República, como almirantes, y los civiles como profesionales, con un conocimiento que va a ayudar muchísimo, a ir fortaleciendo el desarrollo y la democracia de este país.

Por eso me complace mucho haberles podido entregar personalmente a todos ustedes este diploma, en un día, en un momento de nuestra historia muy especial.

Y podérselo entregar a estos coroneles, capitanes de navío que tanto han hecho por nuestra Patria.

Ustedes hace muy poco tiempo estaban de tenientes coroneles, estaban de mayores, de capitanes. Allá en la selva, exponiendo sus vidas, combatiendo.

Y es gracias a ese trabajo de ustedes que hoy podemos decir los colombianos que la paz puede ser una realidad.

Por eso no solamente los felicito, sino que a nombre de 48 millones de colombianos les agradezco.

Y a los civiles que se tomaron el trabajo, están ahí todos porque se interesaron en este tema, tuvieron la disciplina de asistir a estos cursos y hacer el trabajo porque les interesa su país. Porque les interesa aprender cada vez más sobre algo tan importante como es nuestra doctrina militar, nuestras Fuerzas Armadas.

Porque se enseña a un ciudadano muy importante, a un coronel que lleva treinta años de trabajo muy arduo y que va a llegar a la cúspide de la carrera militar que es llegar a ser general o almirante.

Por eso también a ustedes, muchas gracias.