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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Congreso de la Cámara Colombiana de la Infraestructura

 Cartagena, 27 nov (SIG).

Muchas veces he comparado el arte de gobernar con el arte de navegar que aprendí en la Marina.

Por un lado, en el gobierno, así como en la navegación, lo más importante es tener claro el puerto de destino. Cuando se tiene esa claridad todos los vientos se pueden usar en nuestro favor, incluso las más duras tempestades.

Por otro lado, uno debe tener buenos instrumentos de orientación, como la rosa náutica, que nos señalen los vértices de nuestra trayectoria, que nos muestran cómo usar esos vientos adversos para llegar a la meta.

Hoy por hoy, existe un gran consenso entre analistas y académicos sobre dos pilares que –en momentos difíciles, en tormentas económicas como las que se viven en la región– pueden mantener un crecimiento sostenible en el largo plazo: la educación, que siembra capital humano, y la infraestructura, que crea progreso, competitividad y genera empleo.

Pues bien: nuestra bitácora de viaje demuestra que Colombia se anticipó para afrontar mejor los huracanes que hoy golpean.

Como ustedes saben, estamos empeñados en hacer de Colombia la nación más educada de América Latina para el año 2025, y la educación hoy ocupa el mayor rubro dentro del presupuesto de la nación, algo que nunca antes había pasado.

Pero, además, la educación tiene un importante componente de infraestructura, pues para cumplir con nuestro objetivo de implementar la jornada única en los colegios oficiales, necesitamos más colegios, más aulas…

Por eso vamos a construir en 3 años lo que, al ritmo que íbamos, nos hubiera tomado 60 años, hasta 80 años... Serán más de 30 mil nuevas aulas escolares, lo que equivale a unos 1.500 colegios. ¡Un inmenso esfuerzo de construcción y financiero!

Y en el campo de la infraestructura de transporte –ustedes son testigos y protagonistas– lo que estamos haciendo es una verdadera revolución: la revolución de la infraestructura para la Colombia del siglo xxi.

¡Cuántas veces he venido a este congreso, y hemos evaluado los retos y objetivos!

Aquí estuve hace 5 años, en noviembre de 2010, y el panorama era francamente desolador. La palabra que más usábamos era “rezago”. Varias obras y concesiones estaban frenadas por sobrecostos, problemas técnicos, líos con los anticipos, malos estudios técnicos, corrupción...

Queríamos y queremos estar a la altura de países con la mejor infraestructura, como Chile y México, nuestros socios en la Alianza del Pacífico.

Y permítame agradecerle al Presidente Piñera su presencia aquí con nosotros el día de hoy, él fue un gran coequipero durante todo su gobierno, un amigo de Colombia, recuerdo muy bien cuando firmamos en ese cerro Paranal el sitio de la tierra más cerca a las estrellas que tiene el observatorio más grande del mundo, allá firmamos la creación de la Alianza del Pacífico hace apenas tres años, tres años larguitos.

Y en esos tres años esta Alianza del Pacífico se ha convertido en el proceso de integración Latinoamericana más exitoso en toda la historia.

Recuerdo, en el año 68 firmamos el Pacto Andino, también con Chile, el Presidente Frei, con el abuelo del Vicepresidente (Germán Vargas), el doctor Carlos Lleras (Restrepo), el Pacto Andino que todavía funciona. Pero llevamos casi 50 años y en tres años la Alianza del Pacífico ha superado con creces todo lo que se ha hecho casi en 50 años del Pacto Andino y eso se le debe en buena parte a su dinamismo y a esa eficiencia con que usted ayudo a crear esta Alianza del Pacífico.

¿Qué hicimos? Declaramos a la infraestructura como una de las 5 locomotoras del crecimiento y asumimos –con el ministro de entonces, Germán Cardona– la tarea de ordenar la casa y de construir una institucionalidad fuerte y eficaz.

Doctor Germán por eso le decía la doctor Rojas que Manizales es una fábrica de buenos alcaldes, porque usted también fue un buen alcalde de Manizales.

Sabíamos que nos íbamos a demorar, pero en lugar de prometer obras inmediatas, a la carrera, les propuse hacer la tarea para que los nuevos proyectos estuvieran bien estructurados, porque ustedes lo saben bien: la peor obra y la más cara es la que no se planea bien o la que se deja a mitad de camino.

Y así lo hicimos: como navegantes certeros, seguimos el rumbo que trazamos sin desviarnos de nuestro puerto de destino.

Acabamos al INCO –una entidad que, hay que decirlo, era ineficiente y corrupta–, y en su lugar creamos la Agencia Nacional de Infraestructura –especializada, eficaz, técnica, con altos estándares en gerencia de proyectos–, al frente de la cual pusimos a unas personas de las mejores calificaciones profesionales y humanas, como es Luis Fernando Andrade.

-Se le redujo su sueldo como en un 90 por ciento de lo que estaba ganando antes de lo que ahora gana-

También hicimos realidad el Estatuto Anticorrupción –con el que prohibimos licitar proyectos sin la adecuada estructuración–. Y eliminamos los anticipos, que eran una fuente de ineficiencia y corrupción.

Sacamos adelante la Ley de Asociaciones Público-Privadas, para darle vía libre a inversiones de gran calado –que de otra manera serían muy difíciles de hacer por su exigencia fiscal–.

Creamos la Financiera de Desarrollo Nacional, la Comisión de Regulación de Infraestructura y –más recientemente– la Agencia de Seguridad Vial, que lanzaremos en pocos días.

Y hace dos años –aquí, en este Congreso– sancioné la Ley de Infraestructura, con la entonces ministra de Transporte Cecilia Álvarez, para superar los "cuellos de botella" en asuntos como licencias ambientales o compra de predios.

Pero atención: mientras ordenábamos la casa, tampoco nos quedamos quietos.

En los primeros 5 años de gobierno, pasamos de menos de 800 kilómetros de doble calzada a casi 2 mil kilómetros; mejoramos 33 mil kilómetros de vías terciarias; modernizamos 45 aeropuertos, incluyendo nada menos que el nuevo Aeropuerto Eldorado, e invertimos cerca de 3 billones de pesos en mejorar la capacidad de nuestros puertos.

Luego de tomarnos el tiempo y el trabajo para estructurar bien, llegó el momento de ejecutar en grande, y así lo hemos venido haciendo desde el año pasado, con megaobras como las autopistas de cuarta generación o la recuperación de la navegabilidad del Río Magdalena.

Para ello encargué directamente al Vicepresidente Germán Vargas, por sus demostradas habilidades de ejecución, había demostrado muy bien en la política de vivienda que ayer precisamente entregamos la casa número 100 mil de las casas gratis, que al principio nos decían que iba a ser imposible de cumplir con esa promesa y también a la ministra Abello –por su también demostrada buena gerencia–. Y creo que ustedes han visto en este congreso que no me equivoqué.

Hoy basta salir por carretera para darse cuenta de que Colombia está en obra y que las “futuras concesiones” –de las que hablé hace cinco años– son ya parte de nuestro presente.

El miércoles pasado, en Apartadó, firmamos el contrato de la Autopista Mar 2 –la última obra de la segunda ola de las vías de cuarta generación¬–, que hará realidad la gran vía que comunique al Urabá con el resto del país.

Es decir, ya están adjudicados todos los nueve proyectos de esta segunda ola, cuyas inversiones suman 12 billones de pesos.

Y este mes deben estar arrancando las obras de todos los 10 proyectos de la PRIMERA OLA –que significan 12 billones más–.

Adicionalmente, por valor de otros 10 billones de pesos, hay nueve iniciativas privadas –7 adjudicadas y 2 en licitación–.

Y hay que sumar los 6 billones de pesos que ya han sido adjudicados para cerca de 60 contratos de obra pública –donde están incluidas las llamadas “Vías de la Equidad”–.

Estos últimos proyectos son ejemplo de que no solo hemos emprendido una revolución en materia de construcción, sino que también logramos una transformación en asuntos de contratación.

Recibimos propuestas de más de 3 mil oferentes y –óigase bien– no hemos recibimos una sola queja o reclamo de ninguno de los proponentes.

Esto es el reflejo de un cambio cultural de mucha profundidad y trascendencia.

Ustedes recordarán que –antes– con cada licitación casi que venía garantizado un pleito.

Ahora, con cada licitación lo que garantizamos es absoluta seriedad y transparencia.

Y hay más el, lunes pasado abrimos la licitación para los primeros corredores de la tercera ola, la autopistas entre Bucaramanga y Pamplona y entre Pamplona y Cúcuta vías claves para mejorar la movilidad y el comercio en la zona de frontera con Venezuela.

Y apropósito de Venezuela miren este recorrido con el que se cumple un sueño, el sueño de conectar a nuestros dos vecinos por el norte y por el sur.
Hagamos ese recorrido rápidamente.

• Desde el puente San Miguel allá en la frontera con Ecuador hasta Santana, en Putumayo, se adjudicó ya el contrato de obra pública por el Invías.
• Desde Santana a Neiva, hay una concesión de la segunda ola ya adjudicada.
• De Neiva a Girardot, tenemos una APP de iniciativa privada ya adjudicada.
• De Girardot a Puerto Salgar, una concesión de la primera ola que ya está comenzando a construirse.
• De Puerto Salgar a Barrancabermeja avanzamos por la Ruta del Sol, que está en construcción –y no más el primero de noviembre entregamos 100 kilómetros–.
• Y de Barrancabermeja a Bucaramanga, tenemos una concesión de segunda ola, ya adjudicada.
• El lunes pasado abrimos la licitación para los primeros corredores de la tercera ola que serán las autopistas entre Bucaramanga y Pamplona, y entre Pamplona y Cúcuta.
• Y para rematar, tenemos un nuevo puente fronterizo, financiado por Venezuela y por Colombia el Puente de Tienditas, con las mejores especificaciones. No se ha inaugurado todavía.

¡Y esto en un solo trayecto de los que se están construyendo con criterio de competitividad y ya no simplemente de conectividad es un cambio de enfoque muy importante.

Antes nosotros construíamos las carreteras de pueblo en pueblo conectando ahora hay que introducir el concepto de hacer de nuestra infraestructura de nuestra movilidad algo competitivo
En este caso por ejemplo un camión se demora más o menos 36 horas en atravesar nuestro país, cuando todo esto esté terminando va a demorar la mitad más o menos 18 horas con su respectiva disminución también en los costos del transporte.

¡Quién puede negar que esta sea la mayor revolución de la infraestructura que se haya realizado en el país! ¡Inclusive, no hay nada parecido, por su magnitud, en América Latina!

Ahora, sin entrar en más detalles de tantas obras –que son el fruto de un trabajo de cinco años, que hemos hecho con ustedes–, quisiera referirme a unos desafíos puntuales que nos planteó el doctor Juan Martín al cierre de este Congreso el año pasado.

Es decir, me parece interesante ver los avances, no solo a la luz del último quinquenio, sino de los últimos 12 meses.

Permítame, Juan Martín, citar algunos de esos desafíos –o “tareas pendientes” como usted las llamó– y hablar de lo que hemos hecho al respecto…

Usted propuso, en nombre del gremio de la infraestructura, que se construyera un plan maestro de transporte, con visión de largo plazo.

Chuleado, cumplimos. El Vicepresidente creo que Fedesarrollo y la firma (Steve Davis) ya les hicieron a ustedes la presentación de este nuevo Plan Maestro de Transporte Intermodal, así que no quiero expandirme en detalles.

Basta decir que es una verdadera hoja de ruta a 20 años, realizada con técnica rigurosa sobre dónde y en qué debemos invertir, en qué orden y no dependiendo de quién hace mejor cabildeo.

Hace un año Juan Martín también habló de la necesidad de que haya recursos suficientes de pre-inversión en estudios y diseños de obras.

Ahí también estamos cumpliendo… Desde el Invías apenas invertíamos unos 10 mil millones de pesos anuales para estudios y diseños… En este último año, hemos destinado más de 50 mil millones de pesos para estos efectos, sembrando además –esto es muy importante- sembrando la cultura de la estructuración de proyectos, cultura que en el gobierno central no teníamos.

Esta es una de las mejores medidas para evitar futuros dolores de cabeza con sobrecostos, con problemas y también es un estímulo para empresas de consultoría e ingeniería, que son también grandes aliadas en esta meta de construir una infraestructura sostenible.

Otra propuesta de hace un año… el Gobierno promoviera una política pública para incentivar el crecimiento y modernización de las pequeñas y medianas industrias de ingeniería, de las pymes de ingeniería.

Chuleado, ¡ya está hecha! Y me complace que la hayamos construido en conjunto con la Cámara Colombiana de la Infraestructura. Hay que darle también oportunidades a las miles de empresas pequeñas de ingeniería que hay en el país porque ahí está nuestro talento y ahí está nuestro futuro.

Y vamos ahora el último de los retos que planteó Juan Martín: transparencia en la contratación, en la contratación sobretodo la regional.

No podríamos estar más de acuerdo con esa propuesta y con esa tarea. Esa ha sido también una prioridad en todo mi gobierno.

Tanto así que estamos promoviendo un “Pacto por la Transparencia”, una especie de convenio de sanas prácticas, con los gobernadores y los alcaldes.

En este pacto establecemos reglas de juego claras para evitar actos de corrupción y –en concreto– para impedir que existan contratos direccionados a favorecer un único oferente como ha venido ocurriendo.

Entiendo que a la fecha han firmado este pacto 10 gobernadores y algo más de 150 alcaldes… Muy poquito, doctor Vargas Lleras, Ministra… Ahora que llegan a todos los nuevos mandatarios, y tenemos que lograr que la inmensa mayoría si no todos se comprometan con este pacto.

Y lo haremos con la fórmula muy conocida y muy eficaz, de la zanahoria y el garrote: los que se vinculen a este pacto tendrán recursos de la Nación, y los que no lo hagan, no van a tener recursos de la Nación. Así de sencillo.

De otra parte, estamos trabajando en una nueva Ley de Contratación Pública, como ocurre en el mundo, como recomienda la OCDE, que debe establecer reglas de juego para todos los tipos de contratación, no solamente en materia de infraestructura y no para un sector en particular.

La hemos venido estudiando y tenemos previsto presentar esa reforma al Congreso en los próximos meses, y cuál es el objetivo, que sea un “estado del arte” en materia de contratación.

Porque la transparencia ha sido y debe ser la mayor garantía de la eficiencia.

En esta dirección, venimos trabajando también en la agencia Colombia Compra Eficiente –aquí con la doctora Paca Zuleta- que ha establecido condiciones o normas estándar para contratos de obra pública e interventorías.

Cuánto nos hemos ya ahorrado Paca, solamente con aplicar eso en algunos sectores, más de cuánto… solamente con eso ya nos hemos ahorrado un billón de pesos.

Además, en la Ley de Presupuesto establecimos que NO giraremos recursos por contratos que no estén publicados.

Dicho de otra manera: entidad que no publique en línea, en nuestro Sistema Electrónico de Contratación para que la gente lo pueda ver y pueda vigilar, no tendrá los recursos en sus cuentas –y eso además incluye al sector transporte–.

En el tema de infraestructura, apreciados amigos constructores de Colombia, les hemos cumplido a ustedes pero sobre todo, les estamos cumpliendo a los colombianos.

Y hay que reconocer que en esta tarea han jugado un papel fundamental el Congreso de la República, los partidos de la coalición de gobierno, que estudiaron, debatieron y aprobaron iniciativas clave como la Ley de las APP, el Estatuto Anticorrupción, la Ley de Infraestructura, entre otras, muchas veces lo hicieron en tiempo récord.

Hay que agradecerle al Congreso y a los partidos porque juntos –unidos– estamos haciendo historia y estamos cambiando la faz de nuestra patria.

Quiero por otra parte agradecerles de corazón, doctor Juan Martín, por el reconocimiento que me han hecho hoy, que interpreto como un respaldo a la paz, y quiero terminar hablando de este tema crucial de nuestro presente y nuestro porvenir.

Podría darles muchas razones para invitarlos a respaldar el proceso que adelantamos.

Razones económicas, por ejemplo… Con las concesiones 4G se calcula que vamos a crecer un 0,7 por ciento más por el impacto en la competitividad y mientras se construye en el crecimiento, será como el doble 1,5 por ciento más de crecimiento durante la fase de construcción, los próximos cinco años. Pero, si ponemos fin a la guerra, si logramos silenciar los fusiles de por vida, los estudios hablan de que tendremos, por lo menos, punto y medio adicional de crecimiento, de por vida.

Así que esta es la combinación ideal: con la apuesta en infraestructura y con la paz nuestra economía podrá crecer entre 2 y 3 puntos adicionales. Usted Sebastián Piñera sabe lo que eso significa para un país, más empleo, más bienestar, más recursos, es un círculo virtuoso.

También podría darles razones de seguridad… Ustedes, muchos de ustedes han padecido en carne propia la violencia, muchos han sido extorsionados por los grupos armados ilegales para seguir adelante con las obras. Ustedes entienden muy bien lo mucho más que podríamos hacer si logramos la paz.

Vamos a reorientar los recursos hacia más seguridad a un ciudadano, y habrá nuevas oportunidades para construir más infraestructura –vías, puentes, puertos y aeropuertos– en aquellas zonas muy grandes del país donde el conflicto no lo ha permitido.

Sin embargo, yo creo que el principal argumento, el que los toca a ustedes como colombianos –pero sobre todo como seres humanos– es el de que tenemos una obligación irrenunciable con el futuro de nuestros hijos, con los hijos de nuestros hijos.

Nosotros nacimos, todos aquí hemos crecimos y hemos vivimos en un país de guerra permanente, un conflicto que ha producido más de 220 mil muertos, más de 5 millones de desplazados.

Yo estoy convencido de que podemos darle a las próximas generaciones la oportunidad de vivir en un país en paz… o dicho de otra forma: en un país normal, donde NO nos sigamos matando en una confrontación sin sentido los hijos de una misma nación.

Yo estoy convencido de que tenemos un deber hacia nuestras víctimas… pero que el deber más grande, más imperativo en este momento es que no haya nuevas víctimas, y que cese esa violación permanente de los derechos humanos que lo más sagrado es la vida, cómo es la guerra, la guerra es una fábrica de víctimas.

Yo creo que Colombia SÍ PUEDE CAMBIAR. ¡Sí podemos todos cambiar!

Lo estamos demostrando al construir estas autopistas, estos aeropuertos, estos puertos –el puerto de Cartagena no se ha convertido en uno de los más eficientes de todo el Caribe- los caminos que nos permitirán ser más competitivos y tener un país más moderno… ¡Cómo no vamos a hacer el mayor esfuerzo para detener este desangre que hemos sufrido por más de medio siglo!

Estamos próximos a cerrar el acuerdo sobre la garantía de los derechos de las víctimas con las FARC.

Entre tanto, en este momento se discute en el Congreso un plebiscito, un plebiscito para que los colombianos refrenden los acuerdos.

Y permítanme terminar haciendo algunas precisiones sobre este tema del plebiscito pues sé que algunos de ustedes tienen inquietudes al respecto.

Como bien se sabe, desde el comienzo –hace cinco años- prometí que la última palabra la tendría el pueblo colombiano, y se han barajado varias opciones para poder hacer esa refrendación

Se ha hablado de la asamblea constituyente que es lo que quiera las Farc o el referendo.

La asamblea constituyendo no es viable, porque una Constituyente no es un escenario para refrendar, sino que tiene un alcance mucho más amplio y no sabríamos en qué iría a terminar.

La asamblea puede perfectamente el primer día borrar todo lo que se acordó y ahí sí hacer lo que se les dé la gana.

En cuanto al referendo, este procedimiento se trata de preguntar al pueblo sobre los principales puntos del acuerdo. Uno por uno. Así lo establece la Corte Constitucional y a primera vista aparece como una formula como más democrática y más participativa, pero en la práctica está llena de peligros y no es práctica.

¿Por qué? Por qué nos tocaría hacer un referendo con un sinnúmero de preguntas, 60, 70 preguntas que es prácticamente imposible de entender y sería imposible de votar y lo más grave es que estaríamos desvertebrando lo que desde el comienzo hemos considerado un acuerdo integral.

Por eso, después de muchos análisis y de escuchar la opinión de muchos expertos y de experiencias internacionales, consideramos que la mejor fórmula para consultar a los colombianos sobre su acuerdo o desacuerdo con lo que se pacte en La Habana, es la del plebiscito y plebiscito con las siguientes características:

Primero: el resultado de este plebiscito tendrá fuerza vinculante. Eso qué decir, que si gana el sí, empezamos la implementación de los acuerdos. Pero si gana el no, hasta allí habría llegado el acuerdo, pues no se podrá implementar. Así de duro pero así pero es así de claro

Segundo: Una vez el acuerdo sea firmado, se establece un periodo en que el Gobierno tiene la obligación de hacer una gran campaña pedagógica y de comunicaciones por todos los medios de comunicación, por todos los caminos posibles públicos y privados, informando los términos alcanzados en la negociación. Es una campaña para que los colombianos se enteren en detalle sobre los puntos objeto del acuerdo y sobre los cuales van a votar porque eso sucede con mucha frecuencia.

Uno le pregunta a la gente, bueno usted realmente sabe qué fue lo que se negoció allá en La Habana, y la mayoría no tiene ni idea. Y usted sí ya leído los acuerdos, y la mayoría dicen que no. Hay que hacer una gran campaña de pedagogía inclusive para que la gente se dé cuenta que allá no estamos peleando el país, que allá no estamos entregando nuestras instituciones democráticas, nuestra propiedad privada, nuestro modelo de desarrollo. Lo que estamos negociando es muy sencillo.

Tercero: Para que el sí gane, será necesario que por lo menos 5 millones de ciudadanos acudan a las urnas a depositar su voto en favor de los acuerdos. Si es menos, se considera que se han negado los acuerdos.

Por último, y no menos importante, es que estas mayorías solo rigen para la refrendación de los acuerdos de la paz y no estamos cambiando la Constitución para siempre, no es un artículo transitorio por una sola vez. Nadie en el futuro podrá utilizar este mecanismo para un nuevo plebiscito.

Y eso tiene una sola explicación. Las puertas de la paz nunca habían estado tan cerca. Por eso este régimen especial.

Como verán, existen varias garantías para este plebiscito y créanme que lo más sencillo, porque también sería muy fácil, muchos me han sugerido, olvidarme del compromiso de someter estos acuerdos a una refrendación.

Me dice, usted para qué va a someter esto a refrendación si no ninguna obligación legal en ningún país o muy pocos se ha dicho eso. Pero yo he dicho clarísimamente, yo no voy a faltar a mi palabra, y la paz requiere de una validación del pueblo. Sé que no es un camino fácil pero es el único que garantiza que los acuerdos se implementen con éxito, con plena conciencia de su aprobación por los colombianos.

Hoy, aquí en este congreso que se ha convertido en un congreso estrella de todos los gremios, humildemente, les pido que me ayuden en esta labor de llegar hasta los más lejanos rincones de esta patria a explicar la importancia que para Colombia reviste el fin del conflicto y todos empecemos a construir la verdadera paz.

Porque esta no puede ser una labor exclusiva del Presidente ni del Gobierno. La paz es de todos, de ustedes. La paz la hacemos entre todos. La paz, repito, es de todos y la hacemos entre todos.

Por eso, apreciado Juan Martín, amigos constructores, amigos ingenieros, financistas, los invito –con el mismo entusiasmo con que asumimos las obras que están cambiando a Colombia– a que me ayuden también, a que ayuden al país, a construir esa paz.

¡Démosle una oportunidad a la paz! No hay tarea más urgente ni más importante.

Démosle una oportunidad a la reconciliación, porque la venganza y el odio no nos llevan a ninguna parte… solo a repetir el ciclo de violencia y más violencia.

Démosles la oportunidad a las futuras generaciones –a esas que disfrutarán las obras que ahora estamos haciendo– de vivir en un país del que se puedan sentir orgullosas, ¡muy orgullosas!

Y recuerden siempre: La paz, la educación y la infraestructura no solo transformarán a Colombia: ¡transformarán las vidas de todos y cada uno de nosotros!

Muchas gracias