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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante la condecoración de la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con la Orden de Boyacá

 Bogotá, 9 oct (SIG).

Muy apreciada Presidenta Rousseff: Permítame expresarle, en nombre de 48 millones de colombianos, muy apreciada Presidenta Rousseff, nuestra más cordial bienvenida a Colombia, un país que tiene –y ha tenido siempre– un enorme cariño y admiración por el gran pueblo brasileño.

Recuerdo muy bien cuando, el 1º de enero de 2011, asistí en Brasilia a su posesión como la primera mujer presidenta de su país.

Yo mismo había prestado juramento como Presidente de Colombia cinco meses antes, por lo que podemos decir que hemos encabezado el gobierno de nuestros respectivos países por periodos similares, enfrentando la misma coyuntura internacional, que usted y yo sabemos no ha sido fácil.

Siempre he admirado sus capacidades, su entendimiento sobre el acontecer de nuestra región, su don de gentes y, por supuesto, reconocemos su valentía democrática cuando se enfrentó a la opresión de la dictadura militar.

Hoy me siento muy honrado al recibirla en su primera visita de Estado a nuestro país; la visita de la mandataria de un país amigo con el que compartimos más de 1.600 kilómetros de frontera, la responsabilidad de ser guardianes de la región amazónica, y la fe en la democracia y las soluciones pacíficas.

Somos Brasil y Colombia los dos países más poblados y las dos mayores economías de Suramérica.

Y algo muy importante: somos los dos países con la mayor biodiversidad de todo el planeta, algo que constituye un gran privilegio y pero a la vez una enorme responsabilidad.

De ahí que nuestra cooperación y colaboración en materia ambiental sea uno de los temas más importantes que hemos tratado hoy, más aún cuando se aproxima la Cumbre Ambiental COP21 en París, donde haremos públicos nuestros compromisos con la reducción de gases de efecto invernadero.

Y quiero llamar la atención sobre el ejemplo de buena vecindad que constituyen las relaciones entre Brasil y Colombia, porque así quisiéramos que fluyeran con todos nuestros vecinos.

Tenemos una Comisión de Vecindad Colombia-Brasil, para el manejo de los temas fronterizos, que ha contribuido al fortalecimiento de nuestras relaciones.

Es una comisión que se creó hace más de 20 años, pero totalmente operante, tanto que su última reunión fue en agosto de este año, aquí en Bogotá.

Tenemos comisiones de cooperación en ciencia y tecnología, de cooperación cultural, y –algo muy importante– de cooperación en seguridad, que es la Comisión Binacional Fronteriza –la Combifrón– que se reunió el mes pasado en Brasilia.

Me consta, desde cuando fui ministro de Defensa, la efectiva cooperación que brinda el gobierno del Brasil para la lucha contra la criminalidad organizada, y en particular contra el narcotráfico.

¡Así, con cooperación, es como se construyen fronteras seguras!

Y debo decir que hemos avanzado mucho, pero tenemos mucho todavía por avanzar, y avanzar en nuestro intercambio comercial, por ejemplo, o en nuestras inversiones recíprocas.

Nuestro comercio bilateral –que a comienzos de siglo era de unos 750 millones de dólares– hoy se acerca a los 4 mil millones de dólares.

Nuestras inversiones acumuladas en los últimos 15 años son de alrededor de 2 mil millones de dólares, tanto de Brasil en Colombia como de Colombia en Brasil.

¡Pero hay mucho para hacer! Muchísimo. Por ejemplo, aprovechar más –como acabamos de decidirlo–, el Acuerdo de Complementación Económica entre la CAN y el Mercosur, para que más colombianos consuman productos brasileños y más brasileños compren productos colombianos.

En el tema de inversiones, tenemos la excelente noticia de que hoy mismo firmamos el Acuerdo de Cooperación y Facilitación de Inversiones.

Gracias, querida Presidenta, por venir acompañada de un importante número de delegados empresariales de su país –con los que nos reuniremos en breve–, porque eso prueba su voluntad y su decisión de fortalecer nuestras relaciones económicas.

Somos Brasil y Colombia, además, dos países que tienen mucho para mostrar en reducción de la pobreza y en reducción de la pobreza extrema, un reto que nunca termina y que es prioridad de nuestros gobiernos.

Muy querida presidenta y amiga Dilma Rousseff:

Nos vimos hace un año en Brasil, cuando nuestras selecciones hicieron vibrar el corazón de millones de aficionados con su juego virtuoso, en esa Copa Mundial de Fútbol que los colombianos nunca olvidaremos.

Desde ahora nos preparamos para otra contienda en la que esperamos ver de nuevo a nuestros equipos de camiseta amarilla representando el talante de América Latina.

Pero más pronto –el próximo año– nos veremos en Rio, cuando Brasil nos vuelva a sorprender con unas Olimpiadas que prometen ser maravillosas, como la ciudad que las alberga.

Vamos a enviar el número de atletas más numeroso de toda nuestra historia.

¡Qué bonito Brasil! ¡Cómo queremos a Brasil, apreciados amigos y apreciada Presidenta!

Es un país que los colombianos en cierta forma llevamos en el alma, y usted sabe que es así.

Somos tan cercanos que en unas series más vistas en los últimos tiempos sobre Pablo Escobar, lo interpretó un brasileño que está hoy con nosotros.

¿Dónde está? Aquí. Así identificamos. Buenos actores también.  

Por eso nos alegra tanto su visita, y más aún a esta Colombia que se aproxima a la paz que ha sido tan esquiva.

Muchas gracias, presidenta Rousseff, por sus permanentes manifestaciones de apoyo, y por su disposición a cooperar no solo con la paz sino con la implementación de lo que será el posconflicto en nuestro país.

No han sido solamente manifestaciones, han sido ayudas reales que yo aprecio de todo corazón. 

Hay temas donde podemos aprender mucho de Brasil, como es el caso de la Agricultura Familiar o la agroindustria, sobre la cual hemos firmado un documento de cooperación.

Una Colombia en paz –usted lo sabe mejor que nadie– será la mejor noticia para la paz de la región, para la lucha contra las drogas ilegales y para la protección del medio ambiente.

¡Qué bueno que Brasil nos acompañe y nos esté acompañando y nos acompañe en el futuro en esa construcción de la paz, como un país amigo, como un país vecino y como un país solidario!

Hay un proverbio –que dicen que es brasileño, usted me corregirá– con el que quiero concluir, porque representa la lucha que estamos dando por terminar la guerra:

“La tierra no tiene sed de la sangre de los soldados, sino del sudor de los hombres”.

Así es: queremos una Colombia, una Suramérica, donde no se riegue sangre sobre el suelo, sino apenas el sudor de nuestros campesinos, de nuestros obreros, trabajando por un mejor futuro.

Los invito entonces a brindar por este propósito, y por la eterna amistad entre el pueblo de Brasil y el pueblo de Colombia. ¡Salud!