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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el lanzamiento de Bancompartir

 Bogotá, 15 oct (SIG).

La primera vez que Pedro Gómez tuvo a su cargo una edificación, NO fue como gerente de la firma de Fernando Mazuera, hace más de 50 años.

Fue mucho antes, cuando –por algunos meses– estuvo “al frente” del Ministerio de Agricultura… como celador nocturno.

Así, ayudaba a financiar sus estudios de derecho y además aprovechaba las seis horas de su turno –en el que no pasaban mayores novedades– para estudiar más y llegar mejor preparado que sus compañeros de clase.

La fórmula le resultó: la universidad lo becó.

Ese momento de su vida ilustra muy bien esa actitud –que promovemos dentro del Gobierno– de encontrar oportunidades en medio de las dificultades.

Y sí… Seguramente, por cuenta de aquel joven estudioso, el Ministerio de Agricultura no era el edificio público mejor custodiado por esas épocas… pero –en contraprestación– todos ganamos a un talentoso profesional que desde entonces ha estado al servicio de su país.

Don Pedro ha sido Juez Tercero Civil Municipal de Bogotá, y Personero Administrativo –también de Bogotá–.

Fue Embajador de Colombia en Venezuela y Presidente de la Comisión Negociadora del diferendo con ese mismo país.

E incluso hizo parte de la comisión negociadora con las FARC en el anterior proceso, hace ya 15 años.

Pero el mayor servicio público que ha prestado a Colombia es el que ha hecho como urbanista y constructor.

Todo empezó cuando Fernando Mazuera, como alcalde de Bogotá, lo invitó a trabajar con él, y juntos hicieron un estatuto de valorización que sirvió para financiar obras como la Calle 19, la actual NQS y las Avenidas 26 y Los Comuneros.

Esa fue apenas la “cuota inicial” de una vida dedicada a construir ciudad, a construir comunidad, y a contribuir con soluciones urbanas a la mejor calidad de vida de la gente.

Lo que pasó después –primero como gerente de la firma de Fernando Mazuera y luego en su propia compañía– ha sido la fulgurante carrera de un visionario y un pionero.

Pedro Gómez fue uno de los primeros en vender casas construidas en vez de lotes; fue él quien empezó a desarrollar el concepto de los conjuntos cerrados –para dar un entorno más seguro a las familias–; y también fue él quien incursionó en los centros comerciales de gran escala.

Su legado se puede palpar, de oriente a occidente y de norte a sur en Bogotá: no solo estamos hablando de urbanizaciones –como la ciudadela comercial Metrópolis–, sino que su huella también está en hoteles como La Fontana o el Casa Medina, el Centro  Andino, el Museo de los Niños y Unicentro –que en su momento fue un hito para la ciudad, y luego se replicó en Cali y Medellín–.

Con todo lo que ha hecho, me llama la atención cuál de todas sus construcciones es la que más lo hace sentir orgulloso.

En una reciente entrevista le preguntaron cuál sería su “obra maestra” en términos de arquitectura, y él mencionó con especial afecto a “Plenitud”, un proyecto de vivienda en los alrededores de Unicentro dirigido a brindarles vivienda independiente a personas de la tercera edad.

Esa es una respuesta que no debe extrañar cuando proviene de un hombre que ha dedicado muchas de sus energías a trabajar por los demás.

Prueba de ello es que la palabra “compartir” ha determinado sus más importantes iniciativas sociales.

En este 2015 se cumplen 35 años desde que creó la Fundación Compartir, una organización con un objetivo tan bello como ambicioso –objetivo por el que también trabajamos desde el Gobierno con mucho entusiasmo–: contribuir a mejorar la calidad de la educación en Colombia.

Con el mismo espíritu crearon el Premio Compartir al Maestro y el Premio Compartir al Rector, y ahora –hoy– lanzan otra iniciativa generosa y necesaria.

Bancompartir –aquí lo han explicado– es un banco para darles crédito a quienes no tienen crédito… un banco que cree menos en los papeles y más en la palabra de la gente.

Esta evolución –de Finamérica a Bancompartir– significará más servicios y alternativas financieras para miles de colombianos, desde campesinos y madres cabeza de familia, hasta desplazados y desmovilizados.

Para mí tiene todo el sentido que semejante iniciativa provenga de don Pedro: el aplicado estudiante, el vigilante nocturno que no necesitó de un “palancazo” sino de una oportunidad.

Su historia es excepcional, pero su ímpetu es el mismo de miles de colombianos capaces –como él– de cambiar sus vidas, no con palancas, sino con oportunidades.

Gracias de corazón a usted y a todos los que hacen posible este sueño, incluidas las cajas de compensación familiar, como Colsubsidio, Cafam, Comfandi y Comfenalco Cartagena, que hacen tanto por el bienestar de los colombianos.

Es grato constatar que desde el sector privado, complementan el esfuerzo que hacemos desde lo público.

Nosotros, por ejemplo, a través de la Banca de Oportunidades promovemos el acceso a servicios financieros de familias pobres y de empresas pequeñas o micro.

Con el programa de viviendas gratis les damos techo a familias que nunca hubieran soñado con una casa propia –la mayoría de ellas víctimas de la guerra–; y en materia de educación becamos con estudios superiores a los más pilos entre los de menos recursos.

Me resulta difícil no comparar el legado de Pedro Gómez y lo que hacemos en el Gobierno.

Su trabajo por la paz cuando se sentó en la mesa de negociaciones; su banco para pobres y víctimas; su legado de viviendas para más colombianos, y su fundación para mejorar la educación, resumen los tres pilares, los tres grandes objetivos, de nuestra administración: construir un país en paz, con más equidad y mejor educado.

¡Parece que usted nos los hubiera dictado, apreciado Pedro!

Uno de los eventos a los que asistí hace unos días en Nueva York, donde estuve con ocasión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, me llamó mucho la atención por la pertinencia frente a lo que estamos haciendo.

Era organizado por el primer ministro David Cameron, del Reino Unido, y se llamaba “Leave no one behind” (“Que nadie se quede atrás, que nadie se quede rezagado”).

El primer ministro Cameron destacó particularmente el ejemplo de Colombia, donde hemos reducido la pobreza extrema casi a la mitad en los últimos cinco años, pasando de cerca del 14 por ciento a menos del 8 por ciento hoy.

Y ayer estuve en San Andrés, un modelo para el país, donde se redujo la pobreza extrema del 3,6 por ciento al 1,4 por ciento en los últimos dos años.

¡En San Andrés ya superamos las metas de reducción de pobreza que nos fijamos para el 2018!

Hemos avanzando mucho, pero sabemos que nos queda mucho por avanzar, y por eso nos alegra tanto esta iniciativa de Bancompartir, que dará acceso a crédito a quienes más lo necesitan para mejorar sus condiciones de vida.

¡Que no se quede nadie atrás! Ese también es nuestro objetivo.

Lo dijo  Pedro Gómez, este año, en la Ceremonia del Premio Compartir:

“Educar es la misión más importante de la humanidad y –junto con la paz y la equidad– son los compromisos trascendentes de nuestra nación”.

Gracias, Pedro, por llevar en su corazón estos propósitos que tenemos como país. Y sea este el momento de pedirle que sigamos trabajando en ellos.

Es cierto: usted da un paso al costado de su firma constructora, pero no creo que eso signifique un “retiro” o una “despedida”.

Si ha dedicado su existencia a servir y a aprovechar su talento en favor de los demás, no lo veo “descansando” de ese propósito.

Si usted ha dedicado su vida a COMPARTIR –y de ello dan fe las instituciones que llevan esa palabra–, solo puedo imaginar que seguirá trabajando por la gente… y, ahora más que nunca, trabajando por consolidar la paz de Colombia.

Usted, Pedro, merece toda la gratitud y las condecoraciones del país. Yo supongo que tiene muchas, pero hoy queremos entregarle una más.

Hoy –como el más justo reconocimiento– tengo el honor de imponerle la Orden del Mérito Industrial, como una forma de decirle, en nombre de todos los colombianos, GRACIAS, muchas GRACIAS por compartir su talento, su capacidad empresarial y su corazón con su país.

Muchas felicitaciones –querido Pedro– a usted, y a todos los que hacen parte de Bancompartir.

Y muchas gracias.