Este es el sitio de la Presidencia Agosto 2014 - Diciembre 2015 - última actualización 10 de diciembre de 2015
Skip Navigation LinksPresidencia > Noticias > 2015 > Octubre > Conversemos en Paz: El tránsito mediático desde el pasado hacia el futuro

 Sistema Informativo del Gobierno

SIG

 

 Conversemos en Paz: El tránsito mediático desde el pasado hacia el futuro

Grupo de Pedagogía para la Paz

Presidencia de la República

 Bogotá, 18 oct (SIG).

Las conversaciones de La Habana para poner fin al conflicto han abierto el debate público sobre el papel y los retos de los medios en la transición hacia el postconflicto y la construcción colectiva de la paz. La pregunta es recurrente: ¿Harán la transición desde el pasado del conflicto hacia el futuro de la paz?

Desde el inicio del proceso se han multiplicado los ensayos, manuales, foros, seminarios, conferencias, talleres de capacitación y encuentros entre profesionales del oficio, investigadores y académicos.

Es notable y creciente el interés de los cooperantes internacionales en el asunto; por otras experiencias nacionales saben que el éxito o fracaso de lo que se viene, se juega en parte en los medios. Y no les falta razón. La buena noticia es que el debate está abierto y promete abrirse hacia el conjunto de la sociedad.

Tal es el tema del nuevo capítulo de ‘Conversemos en Paz’, serie de Canal Institucional auspiciada por la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV). La anfitriona es nuevamente María Alejandra Villamizar, directora del Grupo de Pedagogía para la Paz de la Presidencia de la República.

Los conversadores

Los invitados de este domingo 18 de octubre, a las 8 de la noche, son: Javier Darío Restrepo (Maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano), Fabio López de la Roche (Investigador y docente del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional) y Ángel Becassino (Filósofo, escritor, publicista y consultor de comunicaciones). El programa puede verse en el exterior a través de Internet (www.canalinstituconal.tv)

La conversación retoma un viejo trasfondo. Durante el conflicto, los medios no consolidaron una estrategia suficiente para abordarlo y por eso fueron atropellados por él.  Tuvieron la misma visión simplista y recortada de las élites, les faltó perspectiva y no vieron el conjunto, ni siquiera cuando la guerra enredó la economía, la democracia y las relaciones internacionales (Pnud, 2003. El Conflicto, callejón con salida).

Preguntas para la transición

En el nuevo escenario, los medios y los periodistas:

¿Cambiarán sus métodos y se abrirán a un abanico insospechado de agendas informativas,  nuevos actores, relatos, narrativas, lenguajes y tecnologías?

¿Están dispuestos a renovarse con prácticas periodísticas que desestimulen la polarización política que impide el desarrollo de opiniones libres e informadas?

¿Cuáles son las historias y los géneros que pueden coadyuvar a humanizar a quienes dejen las armas, a aclimatar su acogida en la sociedad y a disipar los odios y los prejuicios que dividen a la sociedad entre buenos y malos?

¿Están cerca o lejos de comprender el momento al que estamos siendo invitados como sociedad?

¿Se están preparando para digerir los cambios complejos que están pasando y van a seguir pasando y para procesar informativamente la carga de nuevos significados, algunos densos e incómodos?

¿Cómo informarán cuando empiecen a interactuar la Comisión de la Verdad, la Jurisdicción Especial para la Paz inspirada en los principios de la Justicia Transicional, el Tribunal Penal Internacional, las víctimas y sus organizaciones, las comunidades locales, los procesos y colectivos de Memoria Histórica y excombatientes que contribuyan a la verdad?

¿Cuál va a ser el lugar que los medios y los periodistas les darán en la conversación nacional durante la transición hacia el postconflicto a la oposición política y a los líderes, partidos o movimientos políticos que surjan de la implementación de los acuerdos de La Habana?

¿Apelarán a su capacidad de autocrítica y de mejoramiento continuo para que la propaganda no sustituya la información, los adjetivos no sustituyan los argumentos y las emociones no sepulten las opiniones inteligentes?

¿Propiciarán su suicidio empresarial si se desconectan de las nuevas dinámicas sociales, políticas, culturales e institucionales previsibles en la transición hacia el postconflicto y durante la construcción colectiva de la paz?

¿Prestarán oídos sordos a las voces sintonizadas con los nuevos tiempos históricos, con las demandas de transformación asociadas a la paz más allá de la firma de los acuerdos y con los movimientos, organizaciones y liderazgos anclados a un proyecto nacional de futuro signado por el perdón, la reconciliación, el desarrollo sostenible y la construcción de paz en los territorios?

¿Qué pasará con las audiencias y que dirán ellas sobre lo que los medios les cuenten acerca de lo que estará pasando en el nuevo escenario nacional?

¿Qué puede hacerse para que las audiencias dejen de ser una excusa o justificación para lo que los medios les proponen?

Salir del confort y de los lugares comunes

Será urgente –además de nuevos relatos, formatos y nuevas fuentes– entender el impacto de las nuevas tecnologías en las formas de relacionamiento social y de construcción de memoria.

Las nuevas tecnologías nos achicaron la mirada. El periodismo de calle se fue comprimiendo en la pantallita pequeña del celular, con un gran primer plano, fragmentado, acelerado, fugaz, desconectado de la historia, repleto de emocionalidad, con poca o ninguna racionalidad, sin explicaciones y sin comprensión de procesos. Periodismo para el ojo y el oído, no para la inteligencia.

En esa dinámica, el resultado es claro: información que no interpela, no demanda transformaciones, no aporta conocimiento útil para la interacción social y es ajena a procesos culturales que requieren discernimiento colectivo para saber en qué creer, cuestionar lo que se cree y a quién se le cree.

Tiempo de transformaciones

La complejidad de lo que estamos a punto de vivir implica imaginarse muchas transformaciones o, al menos, el comienzo. Y ya se sabe que sin procesos de comunicación no habrá información, ni opinión libre, ni transferencia de aprendizajes, ni aprovechamiento de saberes sociales como los que abundan en Colombia sobre desarrollo local y cultura de paz.

Es cierto. Existe el riesgo de que las nuevas realidades sean representadas desde lugares comunes, queden despojadas de los nuevos elementos y sin las elaboraciones que requieren procesos más complejos comparados con los conocidos por las audiencias.

Puede ser que se estén dando los primeros pasos en esa dirección. Y puede ser que nos impacientemos porque no vemos los resultados aún. Los cambios no se dan a las velocidades que las sociedades anhelan; siempre están atados al pensamiento colectivo que es lento y contrario a las ráfagas informativas del mundo virtual y mediático.

Puede ser también que los medios necesiten más tiempo para entender que está en juego un proceso civilizatorio profundo y que sacar adelante el proceso de La Habana tiene que ver con la civilidad del país y con la oportunidad de no darnos el lujo de fracasar una vez más, como ha dicho el Papa Francisco.

¿Escurrirle el bulto a la paz?

¿Debe mantenerse inamovible la tesis de que el rol de los medios es informar de la manera más objetiva posible, sin tomar partido ni militar por causa alguna por más altruista que sea ó deben asumir la causa de la paz porque ella es un bien público que obliga a cada quien a comportarse como un servidor público? Se requiere pedagogía para entender que la paz es un bien público al que los medios pueden proteger y servir de muchas maneras.

Los medios, por ejemplo, pueden generar confianza en los excombatientes destacando su condición humana; relatando sus procesos de reencuentro con sus familias, con sus parejas, con sus vecinos; o contrastando su pasado y su presente a partir de la transformación de sus valores y estructuras mentales de tipo jerárquico y político militar.

Los medios también pueden generar confianza en la paz ayudando a comprender que ésta pasa y se construye desde nichos pequeños. El de los militares, por ejemplo, que requieren de aprendizajes distintos a los que tuvieron para sobrevivir en la guerra. El del empleado público que puede transformar comportamientos hostiles por actitudes de convivencia con los ciudadanos que demandan servicios.

Están por contarse muchas historias de acciones individuales que pueden entorpecer o potenciar una acción colectiva, generar confianza o destruirla en pocas horas o días. Faltan relatos que muestren cómo la paz siempre tiene mucho de salto al vacío y requiere fe en las personas y en las instituciones.

La realidad primero, las encuestas después

La transición tiene un riesgo informativo. El conocimiento o la percepción que la gente tiene hoy sobre la paz se están reduciendo cada vez más a la visión estrecha de titulares que recogen los resultados de las encuestas. Cuando los resultados se vierten en un titular, la encuesta le da valor al hecho, siendo que es apenas una tímida fotografía de la realidad en un instante. No mira el conjunto.

Hoy cualquier encuesta tiene la posibilidad de ocupar titulares de primera página como si el resultado estadístico fuera el hecho definitivo e incontestable. Nos hemos acostumbrado a que la paz se construye en las encuestas y olvidamos que son una foto fija mientras la vida está en movimiento.

Las opiniones y las emociones de las personas frente a la paz cambian todo el tiempo. Por esa vía, las encuestas se han convertido en un instrumento de propaganda que por lo general induce el comportamiento con efectos concretos: aprobación, rechazo, euforia, optimismo o depresión colectiva.