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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Periodismo ‘Simón Bolívar’ 2015

 Bogotá, 29 oct (SIG)

Cuarenta años de este Premio. Recuerdo muy bien cuando se lo ganó por primera vez Roberto García-Peña. Yo le acababa de enviar, a veces me pedía editoriales económicos, yo vivía en Londres. Y el día anterior estaba yo muy orgulloso porque me había publicado un editorial y luego se ganó el primer Premio Simón Bolívar.

En esa ocasión dijo Roberto García: ‘Aquí deberían estar dos personas más: Enrique y Hernando Santos’. Se ganaron el premio cuatro años más tarde. Y así sucesivamente se han venido ganando este premio todos nuestros grandes periodistas, muchos de ellos muy cercanos a mí y a mi familia, pero todos muy conocidos y muy admirados.

Han sido 40 años de periodismo cubriendo un país en guerra. Muchos de los ganadores, en las diferentes modalidades, se han ganado esos premios por crónicas, fotografías, que tienen que ver con esta guerra que estamos empeñados en terminar.

En cierta forma, al periodismo en Colombia le ha sucedido lo que le ha sucedido a la sociedad: se acostumbró a la guerra. A eso que el señor Gay Talese, aquí con nosotros, mencionaba en ese libro que escribió, ese libro autobiográfico, en donde decía que a él cuando estaba pequeño en Estados Unidos, hijo de inmigrantes italianos, que tenía un conflicto cuando veía a sus amigos italianos, a Mussolini, a las tropas americanas y al país que lo había acogido, cómo decía: Esto desgarra a las familias, desgarra a una sociedad.

O, por ejemplo, lo que escribía Rodrigo Uprimny en una de sus últimas columnas en El Espectador, de cómo la gente se acostumbra a la guerra. Y escribía una anécdota de Stefan Zweig, a quien le tocó la guerra en Austria y de pronto pasó a Suiza y le tocó tomarse un café en lugar de una achicoria y fumarse un cigarrillo de buena calidad y se enfermó.

En cierta forma a Colombia le ha pasado eso. Nos hemos acostumbrado a la guerra. El periodismo se ha acostumbrado a la guerra. Y qué buena oportunidad ahora poder hacer ese tránsito, hacer un periodismo de un país en paz y una sociedad en paz. Que no se repitan esas escenas, como la de nuestro invitado especial, que vemos en tantas familias, tantas víctimas con las que uno habla, que a uno de sus hijos lo mató la guerrilla y al otro lo mataron los paramilitares, porque uno se fue para un lado y otro se fue para el otro lado.

Hay una frase que se utiliza muchísimo: ‘La adversidad forja el carácter’. Abraham Lincoln cogió esa frase y dijo: ‘La adversidad en el fondo la puede afrontar cualquier ser humano, pero si usted quiere medirle el carácter a alguien, déle el poder’. Gobernantes y periodistas tienen esa situación, tienen poder. Tal vez los gobernantes tenemos poder, lo que hoy llaman el poder duro. Los periodistas tienen el poder suave, pero ambos con poder.

Yo no estoy de acuerdo con Kipling cuando decía que ‘el periodismo es poder sin responsabilidad’. El periodismo también tiene una inmensa responsabilidad. Y ahora tenemos, todos, una inmensa responsabilidad y una inmensa oportunidad.

Si logramos terminar exitosamente este proceso, después de 50 años de guerra, necesitamos reconciliarnos, pero reconciliarnos de veras, en nuestros corazones, en lo que sentimos. Y eso requiere una gran pedagogía, requiere un cambio de cultura.

La reconciliación no es fácil, es muy posible. Pero ahí es cuando, utilizando el poder de los medios, el poder del gobierno y de la sociedad en general, si todos trabajamos en la misma dirección, podemos generar esa cultura de reconciliación y de verdadera paz, que es la base para un país mejor.

Las sociedades, los países, necesitan a veces esos puntos de inflexión, que los una, así como nos unimos todos cuando juega nuestra Selección Colombia. Uno, a través de la historia, si la lee con cuidado, ve cómo los países que encuentran puntos que los unan, esos puntos de inflexión, y los aprovechan bien, dan un salto inmenso en su desarrollo, en su dignidad, en su seguridad en sí misma. Y nosotros tenemos en este momento esa gran oportunidad.

Yo he pensado, por ejemplo, que si podemos utilizar el final de este proceso, y la refrendación que el pueblo colombiano le debe dar al proceso, porque eso se tiene que cumplir, como esa gran oportunidad para unirnos todos: que no sea el Gobierno, que no sean algunos sectores de la sociedad, todos, porque esta paz, lo he dicho muchas veces, no es mía, ni siquiera es del Gobierno, esta paz es de todos los colombianos, de todos ustedes, de todos los periodistas.

Si todos aprovechamos esto para unirnos y entusiasmar al país entero y movilizarnos para hacer una buena transición de la guerra a la paz, ahí habríamos avanzando leguas en muy poco tiempo. Esa es la oportunidad y el reto que tenemos en los próximos meses. Eso es de aquí a mayo – junio del año entrante.

Por eso quiero aprovechar esta oportunidad, estos 40 años del Premio. Nos hace falta aquí José Alejo Cortés e Ivonne Nicholls. Me acuerdo perfectamente cómo le pusieron de empeño y de corazón a este Premio. Fueron realmente los arquitectos. Después de 40 años deben sentirse muy orgullosos, muy bien sucedidos por Miguel y por Silvia.

Pero qué bueno que ese periodismo acostumbrado a la guerra, ahora también asuma esa responsabilidad de llevar al país, porque en ese sentido ustedes tienen mucho más poder que el propio presidente –al presidente y a los gobiernos la opinión pública poco les cree–, ese gran poder para poder movilizar al país entero en la dirección correcta de esa reconciliación, de esa construcción de paz, porque lo que estamos buscando ahora, lo que vamos a firmar es simplemente el fin del conflicto, condición necesaria para poder construir la paz.

Hoy mismo decidimos pedirle a las Naciones Unidas, específicamente al Consejo de Seguridad, un mandato para que nos ayude a administrar lo que sería el cese al fuego y esa transición, la desmovilización, el fin del conflicto.

Miren la ironía, lo comentábamos con la Canciller esta mañana: llevamos 30 ó 40 años luchando para que el Consejo de Seguridad no nos incluya en esas múltiples listas que tiene, países que tiene que supervisar porque hay abuso sexual, porque hay reclutamiento de niños, todos esos fenómenos atroces de la guerra, y que ahora, después de  30 ó 40 años de luchar en contra de que el Consejo de Seguridad nos incluya en una lista, le estamos pidiendo que nos incluya en la lista de los países pero para algo positivo, para arreglar el conflicto.

Sé que lo van a hacer con gusto, ya me lo han dicho prácticamente todos los miembros del Consejo de Seguridad, por una razón muy sencilla: hay 23 conflictos en este momento en el mundo, y el único que tiene la posibilidad de terminar bien es el colombiano. Y el mundo necesita un caso exitoso.

Por eso la comunidad internacional está apoyando con tanta pasión este proceso. Pero lo más importante es que los colombianos, nosotros mismos, sintamos que vamos a hacer esa transición de la guerra a la paz. Y eso depende mucho de ustedes, porque ustedes, repito, tienen más poder que el propio presidente. Muchas gracias.