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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la Clausura del XXVII Congreso Nacional de Asocajas

 Cartagena, 30 oct (SIG).

El papel de las cajas, pues no hay que repetirlo, ustedes lo conocen mejor que yo, pero para el Gobierno el papel de las cajas encaja perfectamente –perdonen la redundancia–, las cajas encajan perfectamente en la política de mi Gobierno, de este Gobierno, porque ustedes, lo que se proponen y lo que quieren hacer, sus objetivos, coinciden con los objetivos del Gobierno.

Por eso lo primero que tengo que decirles es gracias. Gracias porque una parte importante de los buenos resultados sociales que este Gobierno ha podido mostrar hasta el momento, que ya comienza a reconocerse internacionalmente.

La pasada Asamblea General de Naciones Unidas fuimos invitados a varios eventos porque estaban aprobando los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí al año 2030, donde Colombia jugó un papel importante, fuimos los que propusimos esos objetivos en la Cumbre de Rio, pero allá se estaban haciendo una serie de seminarios sobre cómo cumplir con los objetivos.

Y se invitaba a los países que en esos temas específicos han venido teniendo buenos resultados. Uno de ellos, tal vez el más importante, es erradicar la pobreza extrema de aquí al año 2030. Y Colombia fue señalada como uno de los países que más ha logrado reducir la pobreza extrema en estos últimos años.

Y así sucesivamente. La creación de empleo, las políticas de vivienda, las políticas de salud.

Curiosamente aquí nosotros, y con razón, se critica mucho el sistema de salud,  porque le falta todavía mucho por proveer y mejorar.

Pero lo que se ha logrado, ya internacionalmente lo están señalando como uno de los sistemas más progresistas. Y ahí lo miden como un parámetro tradicional que es el número de personas cubiertas por el sistema.

Nosotros ya tenemos cobertura universal –ustedes nos han ayudado mucho en eso–, el número de tratamientos que el sistema cubre: Colombia tiene uno de los sistemas más, entrecomillas generosos, en número de tratamientos.

Y el otro parámetro que se mide es qué porcentaje del ingreso del ciudadano común y corriente le tiene que dedicar a la salud y Colombia tiene uno de los porcentajes más bajos.

O sea que la combinación de esos tres factores, medido con esos parámetros internacionales, coloca curiosamente a Colombia como uno de los países con sistemas más avanzados.

Y el hecho de haber tomado la decisión de eliminar los pacientes de primera clase y de segunda clase es un factor de equidad que tiene una gran repercusión en esa lucha contra la pobreza, la pobreza extrema, y a favor de la equidad.

Y podría seguir enumerando una cantidad de logros donde las cajas han servido de palancas para poder multiplicar los esfuerzos. El tema de vivienda, por ejemplo, que es tal vez uno de los factores que más inciden en la lucha contra la pobreza.

En el programa que tenemos nosotros de lucha contra la pobreza desde la perspectiva de lo que llamamos el enfoque multidimensional, somos pioneros. La pobreza multidimensional la medimos no por el nivel de ingresos como se medía en el BID y como se mide en el Banco Mundial y como se mide en muchas de las entidades multilaterales, sino por el acceso que tienen las familias, los ciudadanos, los hogares, a los servicios básicos.

Y la Red Unidos, el programa de la lucha contra la pobreza extrema desde la perspectiva multidimensional, ha tenido unos resultados muy, muy positivos.

Ya comenzamos  cinco países. Eso fue un concepto que nos enseñó, pues lo adoptamos del Instituto de Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford, inspirado por el profesor Amartya Sen, Premio Nobel de Economía.

Decía mire, el nivel de ingresos realmente no dice mucho a una familia; lo que le dice es si tiene acceso a la salud, si tiene acceso a la educación, si tiene acceso a un empleo, si tiene una casa en condiciones dignas. Y una serie de factores.

Nosotros llevamos ya cinco años midiendo la pobreza con ese tipo de indicadores y por eso afortunadamente hemos logrado avances muy significativos en la lucha contra la pobreza.

Pero todo esto me lleva a decir que la vivienda es de los factores más determinantes en la lucha contra la pobreza. Y ustedes sí que han ayudado en ese campo de la vivienda.

Y el tema de hoy, el tema de ustedes de hoy, tiene que ver con el campo colombiano. Dónde está concentrada la pobreza, la pobreza extrema y otro factor que todavía tenemos mucho camino por recorrer, donde hemos hecho avances, pero tenemos que trabajar mucho más fuerte, porque tenemos que tener más resultados es en la formalidad, la creación de empleo formal.

Y ahí hemos avanzando, pero nos falta mucho camino por recorrer.

Pero todos esos males, en algún sentido están multiplicados en el campo. La pobreza es mayor en el campo. La pobreza extrema es mayor en el campo. La inequidad es mayor en el campo. La informalidad es mayor en el campo.

Y por eso el tema de este evento pues no puede ser el más oportuno, porque es ahí donde vamos a tener que trabajar con más eficacia.

Si logramos ponerle fin a este conflicto armado, se nos abren unas oportunidades enormes para poder precisamente enfocarnos en el campo y el efecto sobre los indicadores sociales en el país van a ser mucho más positivos, porque el retorno social de la inversión en el campo en materia de lucha contra la pobreza y la pobreza extrema, informalidad y demás, pues va a subir muchísimo los indicadores nacionales, precisamente porque aquí está concentrado el problema.

De manera que en eso tenemos mucho por hacer. El campo tiene una cifra de informalidad altísima, 88 por ciento del campo es informal.

Las cifras que nos dio el Censo Agropecuario, que lo ponderamos al comienzo del Gobierno, porque hacía 45 años no se hacía un censo agropecuario –eso les dice cómo habíamos abandonado el campo–, pues ahí es donde tenemos que hacer una labor muy importante.

Y ahí las cajas pueden ayudar enormemente.

(…)

Les voy a pedir un favor. Unos minutos más para hacerles una solicitud.

Llevo 5 años y 2 meses larguitos en el Gobierno. Y hace 5 años di el primer paso hacia la búsqueda de ponerle fin a este conflicto armado que nos ha desangrado durante tanto tiempo, más de 50 años.

Hace 5 años, sentado con algunos asesores internacionales, algunos expertos nacionales, planeamos este camino.

La primera fase totalmente secreta, para determinar la agenda concreta, que si se negociaba se ponía fin a este conflicto. Duramos 2 años negociando esa agenda. Total confidencialidad.

Luego hace un poco más de 3 años se hizo pública en Oslo, la agenda de 5 puntos. Y comenzó la negociación.

Cada paso, cada decisión, ha sido estudiada, analizada, sopesada. Nos pusimos unas líneas rojas desde un comienzo. Se las comuniqué al país: aquí no vamos a negociar nuestro estado de derecho, nuestro sistema político, nuestras instituciones, nuestro modelo económico, nuestra política de inversión.

No vamos a hacer –se lo dijimos a las Farc desde el principio– la revolución por decreto. Les vamos, eso sí, a ofrecer el camino para que dejen las armas y continúen con sus ideales, con su lucha, por las vías legales.

Y se negociaron unos puntos que podrían conducir a que eso se convirtiera en una realidad. Y fuimos negociando punto por punto.

El único punto que acepté yo colocar como punto de política pública fue el que tiene que ver con el desarrollo rural.

Y lo hice a conciencia, porque lo estudié con mucho cuidado lo que las Farc últimamente habían dicho, lo que ellos concebían para el campo colombiano –las Farc nacieron en el campo– y coincidencialmente no era muy diferente a lo que yo pensaba y pensábamos en la campaña que debería suceder con el campo.

Que no es nada del otro mundo, en el sentido en que no es esos bloques estilo soviético, esos esquemas rígidos, sino algo muy práctico: más inversión, más acceso a tierras, una distribución más equitativa, más oportunidades.

Y fuimos negociando punto por punto.

Ninguna de las líneas rojas se ha traspasado, no hemos negociado nada fuera de lo que le hemos venido diciendo al país.

En materia de desarrollo rural, inclusive con agricultores miembros de la junta de la SAC, les he dicho: díganme en este acuerdo qué hay, en el punto número uno qué hay, que le preocupe a ustedes, que lo haga sentir incómodo, que le quite un minuto de sueño.

Aquí no vamos a expropiar a nadie que esté cultivando la tierra legalmente. Vamos a ir a expropiar los que se hicieron a la tierra ilegalmente. Y vamos también a llevar bienes públicos al campo, donde ha estado concentrada la pobreza, como lo acabamos de decir y la inequidad, precisamente porque allá estaba concentrado el conflicto y el Estado no invierte y los privados tampoco. Esa es la gran oportunidad.

En materia de participación política, lo único que negociamos, una profundización de nuestra democracia.

Las democracias son un conjunto de instituciones, las instituciones tienen que renovarse y ponerse a tono con las nuevas realidades y tienen que irse modernizando. Las democracias en todas partes del mundo. En Uruguay, en Francia, en cualquier democracia, eso es una discusión permanente. Y es lo que estamos haciendo en ese segundo punto.

El tercer punto, narcotráfico. Qué bueno, qué maravilla que las Farc,  en lugar de estar matando soldados y policías que van a erradicar cultivos ilícitos, nos ayuden en la sustitución de esos cultivos por cultivos lícitos y nos ayuden a erradicar ese flagelo que nos ha costado tanto a los colombianos durante más de 30 o 40 años.

En el tema de la justicia, acabamos de lograr un acuerdo histórico, un sistema único de justicia transicional, una jurisdicción especial. Primera vez en la historia del planeta que en la negociación de un conflicto armado las dos partes logran  crear un sistema especial de justicia para poder juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad y crímenes atroces, garantizando que no va haber impunidad.

Eso en el mundo entero lo han señalado como algo que va a sentar precedente para otros conflictos. Somos el único conflicto, de los 23 conflictos que hay en el mundo, que tiene posibilidades de negociarse en forma razonable, política.

Y estamos en este momento terminando el quinto punto, el del fin del conflicto.

El fin del conflicto que tiene que ver con la dejación de armas, con el cese al fuego. Ya estamos negociando eso.

Ayer anuncié que le iba a pedir a Naciones Unidas y al Consejo de Seguridad que expidiera el mandato para permitirle a las Naciones Unidas la financiación y el envío de personal para ayudarnos en la vigilancia, en el monitoreo de ese proceso.

Que es muy complejo, que se tiene que dar. Dónde se van a concentrar los guerrilleros mientras dejan las armas, cómo van a dejar las armas, quién los va a vigilar, quién les va a garantizar su seguridad y qué oportunidades les vamos a abrir cuando se desmovilicen.

Afortunadamente tenemos una experiencia acumulada con éxitos y con errores que hemos venido aprendiendo y corrigiendo. Más de 53 mil combatientes ya desmovilizados.

Puede haber un desafío demasiado complejo. No es que sea fácil, pero lo tenemos bastante calculado.

Pero el favor que les quería pedir a ustedes es que las cajas tienen –y su nombre es muy apropiado– una virtud especial. Son cajas de resonancia también.

La capacidad de ustedes de llegarle a la gente, por lo que ustedes han venido haciéndolas tanto tiempo, de poder hacer labores sociales, pero también pueden hacer pedagogía.

Y el favor que les quería pedir es que me ayuden. Me ayuden a partir de este momento, hasta el momento en que podamos ir a refrendar esos acuerdos. Y me ayuden a hacer pedagogía y me ayuden a vender la paz.

Curiosamente en este país, por diversos motivos, uno de ellos que lo he venido estudiando, es el de una sociedad que ha vivido tanto tiempo en guerra, ha generado unas defensas que le hacen más difícil aceptar la paz.

Miren la paradoja, lo escribía un gran jurista, Rodrigo Uprimny, en un artículo hace algunas semanas en El Espectador, que decía, haciendo una comparación del escritor Stefan Zweig, que vivió durante varios años la guerra en Austria y de pronto cruzó la frontera hacía Suiza, y le dieron un café. Que no era achicoria sino era café. Y le dieron un cigarrillo real, no un cigarrillo artificial. Y se enfermó.

Y decía Zweig en su libro, es que me había acostumbrado a la guerra.

Y otra psicóloga, miembro de una Fundación de la Casa Luker, un día me escribió, no  la conozco.

Me escribió una señora Restrepo y me dijo: mire, yo como psicóloga le quiero dar el siguiente consejo. Los niños maltratados en sus hogares, de pronto los lleva uno a un sitio para que no los sigan maltratando. Y ese niño sigue traumatizado durante mucho tiempo, porque no tiene certidumbre. Él sabía que si llegaba a la casa, en la casa le llegaba el papá a tal hora y le pegaba. Pero ya sabía que eso sucedía.

En cambio, en el sitio adonde lo llevan no tiene certidumbre, entonces vive angustiado.

Eso le está pasando a mucha gente con la paz, me decía esta señora.

Y le pregunté, la llamé. Le dije ¿cuál es la solución a eso?

Y me dijo, pedagogía. Explicarles que si hay certidumbre y que la certidumbre es mejor. Que la paz es mejor que la guerra.

Y eso es lo que yo me propongo a hacer a partir de este momento, cuando ya estamos a punto de terminar los acuerdos en La Habana.

Que ha sido un proceso difícil, me lo advirtieron.

Usted, el solo hecho de sentarse con las Farc le va a costar políticamente, porque a las Farc no las quieren en Colombia, me decían estos asesores internacionales.

Y me decían y más difícil va a ser cuando usted comience a hablar sobre los beneficios que les dan a las Farc.

¡Ah! ¡Que les van a dar beneficios jurídicos! La gente va a decir, no. Qué horror, si esos tipos no han hecho otra cosa que secuestrar, asesinar, maltratar a Colombia. ¡Cómo es que le van a beneficios jurídicos!

Y por otro lado usted va a decir les voy a dar posibilidades de hacer política. La gente va a decir que no. ¿Cómo es que van a hacer política después de haber cometido semejantes crímenes tan atroces?

Y después me van a decir que usted cómo es posible que proponga que a esta gente le puedan algún tipo de amnistía, a quienes no han cometido crímenes atroces o crímenes de lesa humanidad. Eso le va a costar políticamente.

Pero cuando termine el proceso y usted tenga un paquete en su mano izquierda, ‘esta es la paz que hemos logrado, con sus costos y con sus dificultades’.

Y en la mano derecha diga ‘estos son los costos de continuar la guerra 20 o 30 años’, no le queda la menor duda que la gente va a apoyar la paz.

Pero para eso requiere que el pueblo colombiano entienda los beneficios de la paz. Entienda que es mejor estar en paz que estar en guerra.

Y a lo último, a usted le va a tocar a hacer un trabajo de pedagogía y de persuasión.

Y yo le agregaría lo siguiente a ese análisis.

Y no se trata solamente de ganar la refrendación. Yo creo que no va a haber dificultades en ganar la refrendación. Con un poco de pedagogía y lo hemos hecho mucho, con mucha gente escéptica, mal informada, desinformada, porque ha habido una gran campaña de desinformación, en la medida en que las cosas se vayan decantando, la gente va entendiendo que realmente sí es mejor estar en paz que estar en guerra.

Y los beneficios de la paz, que todavía mucha gente no los ha entendido bien, por ejemplo en el campo colombiano. Lo que va a significar para regiones que nunca han tenido ninguna inversión.

Usted hablaba de la Altillanura. Toda esa Altillanura, lo que va a representar la paz para poderla poner a funcionar, a producir, a desarrollarse.

Todos esos beneficios que hay que hacer más claro y más explícitos, ahí hay un gran trabajo por hacer.

Pero más allá de eso, cuando uno estudia la historia de los países que han sido exitosos, de esos países que en un momento dado aprovechan las oportunidades que llegan a un punto de inflexión y saben aprovechar para darle un salto cualitativo en su desarrollo, su progreso, necesitan eso, unos puntos de inflexión. Unos puntos que los puedan unir, que los puedan entusiasmar.

Y yo creo que si todos los colombianos asumimos esta transición después de 50 años de guerra hacía la paz, como ese punto de inflexión, y nos unimos todos, y nos ponemos objetivos ambiciosos en materia social, en todo lo que tiene que ver con nuestro desarrollo, las oportunidades que se nos abren serian infinitas. Mucho más que simplemente ganar una refrendación.

Ahí podríamos hacer legalmente la construcción de un nuevo país.

Y ustedes, las cajas, ‘por ser vos quien sois’, aparte de bondad infinita, ustedes pueden jugar un papel importantísimo.

Y lo que yo les pediría es que me ayuden. Esta paz no es mía. Esta paz no es de mi Gobierno. Esta paz es de ustedes, de todos los colombianos.

Y ojalá que cuando venga el año entrante podamos decir, gracias.

Ahora al iniciar este evento, les dije muchas gracias por toda esa ayuda que hemos recibido como Gobierno en nuestra política social.

Y qué bueno que dentro de un año pueda venir a decirles muchas gracias, porque miren este país maravilloso que estamos comenzando a construir, este nuevo país, con esas oportunidades enormes que se nos abren porque hemos logrado la paz.

Muchas gracias.