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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el lanzamiento de la Maestría en Construcción de Paz en la Universidad de los Andes

 Bogotá, 9 sep (SIG).

Tres años antes de que fundaran esta universidad, 1945, hace 70 años, en Inglaterra derrotaron a Churchill en las elecciones, después de haber ganado ni más ni menos que la Segunda Guerra Mundial y de haberse convertido tal vez en el líder más prominente del mundo en el siglo XX. Y alguien dijo después de esa derrota: ‘Es que hay momentos para la guerra y hombres para la guerra, y momentos para la paz y hombres para la paz’, tratando de explicar ese fenómeno electoral en Inglaterra.

Es cierto: hay momentos y hombres para la guerra y hay momentos y hombres para la paz. A mí personalmente me ha tocado hacer la guerra como Ministro de Defensa. Me tocó y nos tocó hacer todo tipo de acciones para construir las condiciones que nos permitieran la paz. Todo soldado y todo ejército que vaya a la guerra deben tener un propósito, que es buscar paz. Yo les digo esto a nuestros militares todos los días: Ustedes no van a la guerra simplemente por ir a pelear, van con un propósito, con un objetivo, y ese tiene que ser la paz.

Después me ha tocado tratar de construir la paz. Tengan la absoluta seguridad de que es mucho más difícil construir la paz que hacer la guerra. Hacer la guerra es relativamente fácil, es un liderazgo muy sencillo, muy vertical, muestra uno trofeos todos los días, todo el mundo aplaude. Hacer la paz significa un liderazgo mucho más profundo, cambiar formas de pensar, tratar de apaciguar la sed de venganza, los odios que se van construyendo y generando a través de las guerras. Liderar para poder cambiar los paradigmas. Eso es mucho más complicado. Pero es necesario.

Qué bueno que la Universidad de los Andes, con la cual he tenido tantos vínculos, 17 años duré en el Consejo Directivo, he admirado siempre esta universidad, que haya tomado este paso de construir esta maestría en construcción de paz. Y qué bueno además lo que acaba de decir Pablo (Navas, Rector de la Universidad de los Andes) que no es de una facultad, que es de todas las facultades, porque la paz tiene que ver con todo.

Me parece que eso señala muy bien o muestra muy bien lo bien concebida que va a ser esta maestría en manos de Angelika (Rettberg, directora de la Maestría en Construcción de Paz), que es de las personas que más ha estudiado este fenómeno, los procesos de paz, todo la parte de la reconciliación, la justicia transicional, todo lo que tiene que ver con un proceso de paz que, como digo, es todo. Porque la paz además no es de nadie, la paz, lo he dicho muchas veces, no es del Gobierno, no es de Juan Manuel Santos, la paz es de todos los colombianos y todos deben aportar en la construcción de esa paz.

Parte del desafío en estos procesos, y Angélika los debe conocer muy bien, tiene que ver con algo que las universidades hacen: pedagogía, educación, explicar el porqué de las cosas. Estos procesos son muy complejos y por eso permítanme unos minutos para recordarles cómo se construyó este proceso, dónde vamos y a dónde queremos llegar.

Este proceso se comenzó a construir hace muchos años, mucho antes de que yo fuera Presidente. A mí no se me ocurrió el 7 de agosto de 2010, en el discurso que pronuncié: ‘Yo tengo la llave de la paz, no la quiero botar al mar, la quiero usar para abrir esa puerta’. Eso venía estudiándose, analizándose hacía muchísimo tiempo. Lo que pasa es que las condiciones para esa paz no estaban presentes. Condiciones como, por ejemplo, que la correlación de las Fuerzas Militares estuviera a favor del Estado. Condiciones como, por ejemplo, que la región y el mundo apoyaran el proceso. Condiciones como, por ejemplo, que los cabecillas de la guerrilla se convencieran de que para ellos es un mejor negocio la paz que continuar la guerra. Esas condiciones no estaban presentes en los múltiples intentos anteriores.

Por eso digo que cuando ocupé el Ministerio de Defensa quise poner en marcha una de esas condiciones, que fue la correlación de Fuerzas Militares, y la otra, la de que los cabecillas se sintieran vulnerados, que se sintieran que para ellos era mejor negocio la paz que la guerra. Hasta el año 2006, cuando llegamos al Ministerio de Defensa, no habían tocado un solo cabecilla en casi 40 años de lucha. Se pavoneaban por el país entero diciendo: estas Fuerzas Militares, este Estado es incapaz de tocarme, es incapaz de afectar nuestro aparato militar. Pues eso cambió, no voy a entrar en detalles, a través de muchos cambios que hicimos a la inteligencia, la forma de operar.

También la parte de la correlación de las fuerzas. Durante el Caguán. En el Caguán la correlación de Fuerzas Militares estaba a favor de la guerrilla. Por eso en esa época quienes pedían cese al fuego bilateral era el Gobierno, el Estado, no la guerrilla. Eso también cambió.

Y el apoyo internacional. Uno de los primeros pasos que di cuando me posesioné como Presidente, a pesar de haber tenido unas diferencias, y esas diferencias se mantuvieron hasta el día de su muerte, con Chávez. Sin embargo, hicimos un acercamiento y nos sentamos frente a frente y dijimos, palabras más palabras menos, le dije yo a Chávez: ‘Usted y yo somos como el agua y el aceite, tenemos diferencias profundas en la concepción del Estado, en la concepción de la democracia, en cómo se debe manejar la economía. Usted tiene su revolución siglo XXI, yo tengo otro modelo. Pero no podemos seguir insultándonos a través de los micrófonos, no podemos seguir peleando en esta forma, la frontera totalmente cerrada, no hay relaciones diplomáticas. Hagamos un alto en el camino, busquemos un común denominador, para ver dónde podemos trabajar juntos y respetémonos nuestras diferencias’.

Él se paró y me dio la mano, y tengo que reconocer que hasta el día que se murió cumplió su palabra, y las relaciones fluyeron normalmente, creo que para beneficio de los dos pueblos. Pero tuvo un gran beneficio que fue el aporte que Chávez hizo a la paz. El apoyo de la región y el apoyo del mundo han sido determinantes.

Cuando comenzamos el proceso, me asesoré, me hice acompañar de personas como Angelika, que habían estudiado los procesos, que han tenido experiencias reales en la negociación. Personas como Shlomo Ben Ami, que fue el negociador de los acuerdos de Camp David. Personas como Joaquín Villalobos, que fue negociador por parte de la guerrilla en la guerra en El Salvador. La mano derecha de Tony Blair, que fue negociador en Irlanda y que además tiene un libro muy bueno que se llama ‘Por qué hablar con terroristas’, que se lo recomiendo para la maestría. Personas de esa talla. Un profesor de Harvard, experto en negociaciones. Para ir diseñando cada paso, cada movimiento, cada condición. O sea que esto no ha sido improvisado. Todo ha sido fríamente calculado, fríamente analizado, porque creo que esa es la forma de proceder en situaciones tan complejas, tan llenas de dificultades, como es un proceso de paz.

Desde el comienzo establecimos unas reglas. Al comienzo nos propusimos: en cualquier negociación, la agenda es más de la mitad de la negociación. ¿Qué es lo que se va a discutir y sobre qué puntos tiene que haber acuerdo para finalizar el conflicto? Eso lo establecimos desde el principio y nos metimos a la negociación sobre la agenda secreta. Nadie supo, que era también la primera prueba para que las Farc demostraran que efectivamente querían la paz, porque siempre en la historia habían filtrado todo para sabotear los procesos. Ellos aparecían negociando, pero en el fondo no querían la paz. Esa fue la primera demostración de que efectivamente sí estaban pensando en serio.

Duramos año y medio negociando esa agenda, cinco puntos específicos, concretos. Y si logramos acuerdos sobre esos cinco puntos, se termina el conflicto, que no quiere decir que inmediatamente llega la paz. Se silencian los fusiles y es una condición necesaria para iniciar la construcción de paz. La construcción de paz, como la forma como han construido esta maestría lo dice muy bien, tiene que ver mucho con el desarrollo del país, con las relaciones entre las personas, con muchísimas cosas que son diferentes al simple acto de silenciar los fusiles.

La hoja de ruta, ahí lo discutimos también con mucho detenimiento. Cese al fuego desde el principio, sí o no. Sopesamos los pro y los contras y yo decidí: No. ¿Por qué no? Porque las experiencias pasadas de cese al fuego han sido fatales. Porque las Farc siempre nos habían engañado. Porque era un incentivo perverso para prolongar las negociaciones indefinidamente. Porque las Farc se mantendrían en el mejor de los mundos, armados, dialogando, sin presión militar. Porque habían siempre aprovechado ese cese al fuego para ganar ventajas militares y políticas. Entonces dijimos: No cese al fuego.

También pusimos una condición que es normal en muchas negociaciones de todo tipo, comerciales, económicas: Nada está acordado hasta que todo esté acordado. ¿Por qué? Ahí hay un punto importante. Porque cada elemento de la negociación es un elemento conflictivo, es un elemento controvertido que va a generar mucha reacción. Mirado aisladamente.

Inclusive me advirtieron, me dijeron: ‘Presidente, usted está consciente de que este paso que usted está dando le va a costar políticamente, le va a costar muchísimo’. Y me decían: ‘Es que el solo hecho de sentarse usted con las Farc, una organización que el pueblo colombiano la mira como terrorista y donde el 95 por ciento de la gente la rechaza, el solo hecho de sentarse con ellos ya le cuesta. Pero cuando usted comience a hablar de beneficios para las Farc, la gente va a decir: ¿Esto qué es, que las Farc van a hacer política, que van a tener beneficios jurídicos? Eso va a ser muy costoso políticamente. Entonces tratemos de que se pueda negociar todo y cuando tengamos el paquete completo, ahí sí podemos hacer una evaluación objetiva y sopesar los próximos contras de la paz y la guerra’. Y ahí, me decían ellos, es cuando la gente se va a dar cuenta: ‘Oiga, esto sí es muy importante. Yo voto por eso’. Pero cuando esté el paquete completo, cuando esté la paz ya diseñada, graficada y con todos sus beneficios. No por pedacitos, porque cada pedacito es costoso.

Y así ha sido. Nos propusimos seguir esa hoja de ruta. Me dijeron además que la decisión de conversar en medio del conflicto iba a ser especialmente costosa. Me lo dijo William Ury, el profesor de Harvard: ‘A usted le van dar un margen de tiempo. Van a creer: el Presidente debe saber lo que está haciendo, entonces apoyémoslo’. Pero ese margen de tiempo es muy limitado, porque la conciencia tiene una paciencia muy limitada en aceptar contradicciones. Y entonces cuando usted les esté hablando a los colombianos de paz y ellos vean todavía la guerra, van a comenzar a decir: Este presidente es un mentiroso, este presidente me está engañando, este presidente no me está diciendo la verdad. Y eso va a ser para usted costosísimo’.

Y lo ha sido.  Pero es, y no me cabe la menor duda, el camino más efectivo, más directo, para llegar a ese puerto de destino, a esos acuerdos lo más rápido posible. Y mirando retrospectivamente, no me cabe la menor duda que hicimos lo correcto, a pesar del costo. Y ahora les hablo sobre en qué vamos.

Comenzamos a negociar esos cinco puntos, hace casi tres años, en octubre hace tres años, se anunciaron en Oslo los cinco puntos que habíamos acordado en la agenda previa en forma secreta. Se comenzó la negociación. Las complejidades: cuánta gente se sienta en la mesa, quién es plenipotenciario, quién no es plenipotenciario, cómo va a ser el procedimiento, quién habla, quién no habla, cómo se comunica. Todos son además detalles que me imagino en la maestría también se van a estudiar. Y algún día después del 7 de agosto del 2018, si me invitan, aquí vengo a dar algunas clases de lo que ha sido este proceso.

Hay una cantidad de detalles que son muy importantes, que son muy significativos y que duran meses negociándose. Realmente se estableció el modus operandi. No se imaginan la discusión de dónde se realizaban las negociones, cuántos iban a ser los negociadores, las condiciones en que se iban a negociar. Si se iba a negociar simultáneamente o secuencialmente. Todo eso es parte de una negociación. Se comenzó a negociar y comenzamos a avanzar. Ustedes han estado muy enterados de los avances, pero a la gente se le ha olvidado lo que se ha avanzado.

¿Cuáles son los cinco puntos? Les recuerdo: desarrollo rural, participación política, narcotráfico, víctimas y fin del conflicto. Las primeras tres están evacuadas, ya están negociadas, los textos están acordados. En desarrollo rural, ¿cuál fue el raciocinio para aceptar ese punto en la agenda? Las Farc necesitaban algo para mostrar y lo que se necesitaba en el campo era lo que Colombia tenía que hacer con o sin Farc. Si ustedes analizan, ojalá lo hagan en detenimiento, los acuerdos a que llegamos, son acuerdos totalmente lógicos, acuerdos sobre políticas que el país necesita, que el campo necesita.

Ahora que recibimos el Censo Agropecuario, que no se había hecho hace 45 años, eso demuestra lo olvidado que teníamos el campo. Ahí salen en forma palpable las necesidades de inversión en el campo, de bienes públicos, de más hospitales, de más carreteras, de proyectos productivos, de más acceso de los campesinos a la tierra. La concentración de la tierra en Colombia es vergonzosa y se ha agravado infortunadamente. Esto no quiere decir, no está en los acuerdos, que vamos a expropiar, porque aquí por fortuna tenemos campo y tierra para todos, sino que tenemos que darles acceso a los campesinos a través de mecanismos creativos. Eso es lo que acordamos. Que, repito, tiene que hacerse con o sin Farc.

Ningún agricultor que esté explotando su tierra legalmente. Los que sí se han hecho a la tierra ilegalmente, sí tienen por qué preocuparse, porque esas tierras se las vamos a quitar. Pero los que han explotado sus tierras legalmente, se hicieron a su tierra en forma legal, no tienen de nada de qué preocuparse. Todo lo contrario, va a ser un gran beneficio, porque va a haber mucha más inversión en el campo.

La participación política, lo mismo. Toda democracia es una sumatoria de instituciones. Y las instituciones, si quieren mantenerse vigentes, tienen que irse modernizando, acoplándose a las nuevas circunstancias. Las democracias lo mismo. En todos los países se discute permanentemente cómo mejorar la democracia: en Inglaterra, en Estados Unidos, en Japón, permanentemente. ¿Qué hicimos aquí? Profundizar nuestra democracia. ¿Dónde hay falencias? ¿Cómo podemos mejorar? Darles más garantías a la oposición, darles representatividad en zonas que, por virtud, por culpa del conflicto, no han tenido la representación que deberían haber tenido. Aquí no se les ha hecho ninguna concesión especial a las Farc en materia de representación política. Lo que hemos es profundizado nuestra democracia. 

El punto del narcotráfico, que yo insistí mucho en incluir, las Farc se resistieron hasta el último momento, pero finalmente aceptaron. ¿Por qué se incluyó? Pues porque el narcotráfico ha sido el combustible de toda la violencia de este país durante los últimos 30 ó 40 años. Y las Farc ha sido los principales beneficiarios del narcotráfico y ellos mismos lo reconocen. Ellos dicen: Nosotros no somos narcotraficantes, pero sí hemos financiado nuestro aparato militar con el narcotráfico. Por eso se les decía que era el primer cartel de narcotraficantes. Ese punto es un punto esencial. ¿Y qué se acordó? Que las Farc en lugar de estar disparándoles con francotiradores a nuestros soldados, a nuestros policías, cuando van a erradicar cultivos ilícitos o cuando van a destruir los laboratorios, van a colaborar con el Estado en la sustitución de cultivos, en la destrucción de los laboratorios. Eso tiene una tremenda importancia para nosotros, para la región, para el mundo. Eso también está acordado.

Estamos en este momento, en forma simultánea, porque antes se había negociado en forma secuencial, habíamos dicho: uno detrás de otro, pero para acelerar el proceso acordamos que íbamos a negociar los dos últimos puntos en forma simultánea: el punto de las víctimas y el punto del fin del conflicto.

El punto de las víctimas tiene mucho que ver con la justicia transicional y con los derechos de las víctimas. Primera vez en la historia que un país hace un proceso de paz colocando a las víctimas en el centro de solución del conflicto. Usualmente a las víctimas las dejaban a un lado, no les ponían atención, sus derechos eran ignorados. Pues nosotros quisimos con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras colocar a las víctimas en el centro de la solución. ¿Por qué? Primero, porque hay tantas víctimas en Colombia que si queremos una paz sostenible en el tiempo, esas víctimas tienen que sentirse, en cierta forma, satisfechas con los acuerdos.

Y en segundo lugar, porque la justicia transicional exige que los derechos de las víctimas se respeten. ¿Cuáles son esos derechos? Los derechos a la verdad, a la reparación, a la justicia y a la no repetición. Se han venido negociando. Ya se negoció una Comisión de la Verdad. Muy compleja esa negociación. ¿Quién hace parte? ¿Cómo se elige? ¿Cómo se conforma? ¿Qué va a hacer? ¿Qué papel va a jugar? Pero eso ya está acordado.

Segundo punto, las reparaciones. Nosotros comenzamos a reparar a las víctimas inclusive antes de finalizar el conflicto. Llevamos más de medio millón de víctimas reparadas. Tenemos toda una organización conformada, la Unidad de Víctimas, para ir reparando a las víctimas. Lo único que nos falta en esa negociación es que las Farc accedan a que ellos también tiene que reparar, porque con esa soberbia con que a veces actúan, dicen: No, es que nosotros no somos victimarios, somos víctimas. Les decimos: bájense de esa nube, porque ustedes son los más victimarios de todos. Entonces falta ese pedacito, y ese tema de la reparación quedará resuelto.

Está el tema de la justicia, que es crucial. Cada país, cada conflicto, tiene sus características propias. Muchas veces me dicen: Pero mire lo que pasó en Suráfrica, mire lo que pasó en Ruanda, mire lo que pasó en Bosnia. Todos esos elementos los hemos venido estudiando, teniendo en cuenta. Pero finamente cada conflicto tiene sus características. Nosotros tenemos una complejidad especial y es que estamos atados al Tratado de Roma, somos parte de ese Tratado, que se creó específicamente para poder facilitar procesos de paz como el que estamos negociando, pero que impone una serie de condiciones. La Corte Penal Internacional, que es producto de ese tratado de Roma. Tenemos nuestra propia Constitución, tenemos nuestra propia opinión pública y tenemos la opinión pública internacional, las ONG, están viendo a Colombia con muchísimo interés por muchas razones. Una de ellas es que en cierta forma estamos sentando precedente.

Otra es que somos el único conflicto. Hay en este momento 22 conflictos en el mundo –conflictos muy complicados, ustedes ven la televisión–, y el único que tiene alguna posibilidad de solucionarse por la vía de la negociación, por la vía civilizada, es el colombiano. Entonces esto ha generado una gran expectativa, como necesitamos un caso de éxito. Eso pone al proceso una responsabilidad especial. Pero todos esos factores juegan en ver dónde al final de cuentas traza uno la raya entre justicia y paz. Esa es la pregunta de fondo. La guerrilla quería, por supuesto, que no hubiese nada de justicia, que amnistía, como ha sucedido en tantos otros conflictos. ¿Por qué vamos a ser nosotros la primera guerrilla del mundo que entrega las armas para irse a la cárcel?, nos preguntaban con vehemencia. Les explicábamos: Es que el mundo de hoy es diferente. Ya esas amnistías no se pueden. Es más, les explicábamos que todas las amnistías que se han decretado en América Latina en los últimos 40 años, han sido tumbadas. Inclusive Uruguay aprobó por referendo dos veces amnistía. Sin embargo, después vino la Corte Interamericana, tumbó esas amnistías y se fue detrás de los máximos responsables.

Entonces si queremos que este conflicto se cierre definitivamente, necesitamos seguridad jurídica. Y para tener esa seguridad jurídica, necesitamos pasar por el cedazo de la justicia, en este caso de la justicia transicional. En eso estamos: viendo cuál es ese mecanismo, cómo es ese procedimiento de justicia transicional, y ahí estamos en cierta forma haciendo camino al andar. Porque no hay un modelo que sea aplicable a Colombia, que sea replicable. Tenemos que tener elementos de diferentes procesos, y las circunstancias del mundo y de Colombia nos exigen ser también creativos para cumplir con ciertos mínimos.

Tiene que haber justicia. ¿Qué quiere decir que tiene que haber justicia? Que tiene que haber una investigación, que tiene que haber un juicio, que tiene que haber una condena y que tiene haber una sanción. Eso es inevitable. ¿Cómo? Eso es lo que estamos negociando. ¿Qué tipo de sanción? ¿Qué tipo de condena? ¿Cómo va a ser ese juicio? ¿Quiénes van a ser los jueces? ¿Cómo va a ser la investigación? Pero de la que no nos podemos salvar, que es totalmente indispensable, es una condición necesaria, es que tenemos que pasar por el cedazo de la justicia. ¿Para quienes? Pues no puede ser para todos, porque ahí sí sería la total impunidad. Imagínense ustedes investigando a todas las Farc, uno por uno. Tiene que ser para los máximos responsables, para ellos. El resto sí puede ser sujeto de amnistía, sujeto de suspensión de la pena, pero los máximos responsables tienen que pasar por ese cedazo de la justicia.

Para ese tema se creó una subcomisión de juristas, que han venido trabajando. Estuvieron hasta el día de ayer aquí negociando, de las Farc y el Gobierno. Van a continuar en La Habana este fin de semana y han venido avanzando bastante bien, armando ese muñeco que les acabo de describir. ¿Cómo va a ser esa investigación? ¿Cómo se van a calificar los delitos? ¿Cómo se va a conformar el tribunal? ¿Qué tipo de condenas y cómo se van a pagar las sanciones? Todo eso es lo que se está negociando.

El otro punto que se está negociando simultáneamente es el llamado fin del conflicto. Los ingleses y los americanos lo llaman el DDR: desarme, desmovilización y reintegración. Ese punto es crucial. ¿Cómo va a ser ese cese al fuego bilateral y definitivo? ¿Cómo va ser el desarme? Porque tiene que haber desarme. Cuando dicen algunos miembros de la guerrilla: Es que nosotros no vamos a entregar las armas, están hablando carreta. Tienen que entregar las armas. No hay la menor posibilidad de que pueda haber paz, que yo vaya a firmar un acuerdo, si ellos no entregan las armas. No pueden hacer política con armas. De eso se trata todo este proceso. Que puedan hacer política, sí, pero sin armas.

Eso es lo que estamos también negociando, que tiene una cantidad de aristas, que es muy complejo. Nuestra geografía es muy compleja. ¿Cómo y dónde se van a concentrar? ¿Quién va vigilar? ¿Quién les va a garantizar sus vidas? Tienen el fantasma, con cierta razón, de la UP: ‘Es que ya una vez nos masacraron a todos nuestros líderes, ¿quién garantiza que no nos van a masacrar a nosotros?’. ¿Cómo les damos las garantías? Todo eso se está negociando, y se está negociando inclusive en algo sui géneris, nunca se había hecho, con propios militares en servicio activo de parte nuestra: cinco generales y un almirante, que están allá negociando esos temas. ¿Cómo va ser el desarme? Ahí están siendo acompañados por un delegado del Secretario General de la Naciones Unidas y un delegado de Uruguay. ¿Por qué Uruguay? Porque Uruguay es el país de toda América Latina que más experiencia tiene en estos asuntos. Ha tenido una gran participación en procesos de paz en el mundo entero, en misiones de paz. Sus ejércitos van a cumplir muchas veces responsabilidades en posconflictos. Entonces hay una gran experiencia. Entonces un delegado de Uruguay, un exministro de Defensa y un delegado del Secretario General están acompañando a estos negociadores por el lado del Gobierno y del lado de la guerrilla para armar ese muñeco del fin del conflicto. Esos dos puntos son los que quedan.

Ahora: ¿qué estamos haciendo en este momento? Yo quisiera aprovechar que están los medios de comunicación para nuevamente poner algunos puntos sobre las íes y poder explicar lo que estamos haciendo, porque ha habido mucha gente, a veces de buena fe y muchas veces de mala fe, que quiere tergiversar las cosas.

Una de las primeras manifestaciones que hicimos al comienzo del proceso es que el pueblo iba a tener la última palabra, que iba a haber un proceso de refrendación y que ese proceso de refrendación lo íbamos a acordar con las Farc y ellos aceptaron. Nunca en los tres años que llevamos, he dicho que me voy a bajar de esa promesa. Nunca. Todo lo contrario, la he ratificado y la vuelvo a ratificar hoy aquí ante ustedes: va a haber un proceso de refrendación. El pueblo colombiano se va a poder manifestar a favor o en contra de los acuerdos, de lo que estamos haciendo.

Otra cosa diferente es la implementación de los acuerdos. ¿Qué quiere decir la implementación de los acuerdos? Que si acordamos crear un banco de tierras en el punto de desarrollo rural, eso requiere una ley. Entonces para acordar ese punto, se tiene que aprobar una ley. Esa es la parte de la implementación. Que la implementación de los acuerdos quiere decir que va a crear un tribunal especial con, por ejemplo, esta es una posibilidad, con alguna participación internacional, pues eso requiere de una reforma constitucional.

Entonces lo que a estas alturas ya estamos preocupados es: tenemos que acortar los tiempos entre el momento en que firmemos los acuerdos y el momento en que comienzan a implementarse esos acuerdos. Porque precisamente analizando muchos procesos en otras partes del mundo, si dejamos demasiado tiempo entre el momento en que se firma y el momento en que se comienzan a implementar, ahí hay una especie, como dirían algunos ingenieros aquí en Los Andes, de equilibrio inestable. Es decir, aquí podría haber muchos problemas porque hay falta de confianza. Y la gente misma va a decir: bueno, ¿pero esta paz qué quiere decir, por qué no ha pasado nada? Entonces hay que acortar los tiempos. Es de la esencia misma de la dinámica de un buen proceso.

¿Qué es lo que estamos discutiendo en este momento? Cómo acortamos esos procesos legales, como se requieren normas, se requieren inclusive reformas constitucionales, porque nos quedó corto el Marco Jurídico para La Paz. Porque, por ejemplo, el Marco Jurídico para la Paz dejó por fuera la posibilidad de que la guerrilla hiciera política. Y si no hace política, ¿entonces cuál es el propósito de este proceso? Entonces hay que aprobar una reforma constitucional que permita, por ejemplo, la participación en política de la guerrilla. Por ejemplo, este tribunal que se pueda crear, que eso todavía no hemos acordado el tribunal, pero sí lo acordamos, necesitamos una reforma constitucional.

¿Entonces cuáles son los mecanismos para hacer una reforma constitucional? ¿Cuáles son las vías? ¿Cuáles son los caminos en este país, según nuestra Constitución? Porque las Farc pretenden que sea de acuerdo a lo que ellos quisieran, pero nosotros decimos: no, señores, el señor Presidente de la República y todos los colombianos que estamos en el Gobierno y los que no estamos en el Gobierno, estamos obligados a cumplir es nuestra Constitución, y nuestra Constitución nos da tres alternativas para esa reforma constitucional.

La primera, una Constituyente. Por razones de conveniencia, está descartada. No creemos que la Constituyente sea la forma de reformar la Constitución para implementar los acuerdos. El segundo camino para reformar una Constitución, que está previsto en nuestra Constitución, es un referendo. Pues dije hace dos días que someter todos los puntos de acuerdo a un referendo, ¿usted se imagina lo que sería un referendo con 54 puntos, que tienen que votarse uno por uno? Pues eso es un suicidio, así lo dije, porque eso hace que fracase esa reforma constitucional. Entonces eso también lo descartamos. No fue, amigos periodistas, cuando dije que es un suicidio el referendo, que yo me estuviera desmontando de la refrendación, que nada tiene que ver con la reforma constitucional que se requiere. La refrendación va por aparte. Son dos caminos paralelos y diferentes. La refrendación se mantiene. El referendo para reformar la Constitución, para implementar algunos aspectos de los acuerdos, no es el camino más conveniente.

¿Cuál entonces el camino conveniente? Un acto legislativo. Y precisamente para ir ganando tiempo, tenemos que presentar ese acto legislativo, si queremos que esté listo en junio del año entrante y que se hayan surtido las dos vueltas. Entonces eso es lo que hoy se está discutiendo: el acto legislativo que se le va a presentar al Congreso, los temas en cierta forma generales que contendría ese acto legislativo. Y en la medida en que avancemos en La Habana, le vamos metiendo, como dicen, la carne, los detalles, al proyecto de acto legislativo, para que al final tengamos las reformas constitucionales que se requieren para implementar los acuerdos.

Pero como hay leyes que también se requieren, que van a salir de los acuerdos, para acortar los tiempos se ha hablado de lo que llaman una comisión legislativa, que el propio Congreso determinaría, y que se propondrían aprobar las leyes con unos tiempos más rápidos, precisamente para acortar el tiempo entre la firma y la implementación de los acuerdos. Entonces se estaba pensando: algunas leyes que tengan que ver con ciertos temas sería de la Comisión Legislativa, conformada por el propio Congreso.

Se ha hablado también de facultades al Presidente para algunas de las leyes. Y yo he dicho: facultades al Presidente por principio ya de fondo no me gustan. No me gustan las facultades al Presidente, porque eso es abrirse a la crítica de que el Presidente quiere acumular más poder. No.  Entonces les dije: yo aceptaría algunas facultades, siempre y cuando tengan control del Congreso. Es decir, lo que yo decida tiene que someterse nuevamente a aprobación del Congreso, por un fast track, por unos procedimientos rápidos, nuevamente con el criterio de acortar los tiempos entre el momento de firmar y el momento de implementar. Entonces en eso vamos.

Y ustedes, que les decía que pueden cumplir un papel muy importante como constructores de paz aquí, como universidad, ¿qué se requiere ahorita más que nada? Pedagogía. Que la gente entienda. La gente está confundida, la gente está sufriendo ese síndrome de la contradicción: Es que el Gobierno nos ha engañado. Y hay gente lógicamente interesada en azuzar ese sentimiento: ‘Porque nos habla de paz y hay guerra y mire que la guerrilla’. Entonces, por ejemplo, ¿por qué creen ustedes que salieron a decir que la guerrilla había tumbado el avión de la FAC y el helicóptero de la Policía? Pues para sembrar esa duda en la gente de que las Farc no están cumpliendo. Ya se comprobó, y la semana entrante se va a dar el dictamen oficial, del helicóptero de la Policía, que no fue derribado, que fue un error humano, y tienen todo descrito. Pero el imaginario de la gente es que la guerrilla no nos está cumpliendo y eso se ha alimentado para seguir con esa duda.

Entonces la pedagogía en este momento es muy importante. Que ustedes, por ejemplo, hagan aquí una pedagogía de lo que se ha acordado, de los textos, palabra por palabra, coma por coma, punto por punto, qué quiere decir esto y qué no quiere decir. Y explicarle a la gente por qué este acuerdo es bueno. Es que me produce mucha sorpresa muchas veces, y mucha frustración, que a veces la gente dice: ‘No, es que la paz no es buena, la paz que ustedes están negociando, esa paz no me gusta’. Y prefieren seguir en la guerra.

Entonces aquí requerimos, y yo soy el primero en asumir esa responsabilidad de la falta de pedagogía, pero es que es muy complicado, Angelika usted lo conoce, que durante el proceso se pueda hacer mucha pedagogía porque está uno negociando. Entonces cualquier cosa que uno diga afecta la mesa de negociación. Entonces muchas veces tiene uno que tragar muchos sapos, dejar que las cosas fluyan y seguir el consejo de Nelson Mandela. Mandela decía, y en todos sus libros, en todas sus conferencias, tenía una frase, un consejo sabio y muy aplicable en nuestro proceso: No le paren bolas a todo lo que se dice. Inclusive los negociadores por fuera de la mesa de negociación. Muchas veces los negociadores tienen que hablarles a ciertas constituyentes. Los negociadores tienen que hablarles a los militares, la guerrilla tiene que hablarle a su gente. Entonces salen a decir cosas que nada tienen que ver con lo que se está negociando. Es para ir administrando un proceso muy complejo. Por eso el papel de las universidades puede ser tan importante y tan crucial en este momento en materia de pedagogía. Qué es lo que realmente se ha acordado, ahí están los acuerdos. No estamos entregándole este país al castrochavismo, no estamos sacrificando la propiedad privada, no estamos reduciendo, ni siquiera discutiendo las Fuerzas Militares, no estamos discutiendo nuestro modelo económico, no estamos poniendo en tela de juicio nuestra política de inversión. Nada de eso ni siquiera ha sido discutido, porque no está en la agenda.

Que ellos quisieran, por supuesto. Pero se les dijo desde un principio, me acuerdo la frase que utilicé: ‘Señores de las Farc, no hay la menor posibilidad de que yo vaya a negociar su revolución por decreto. Si el día de mañana ustedes, sin armas, convencen al pueblo colombiano de que tenemos que poner en marcha en Colombia la revolución bolivariana, siglo XXI, pues allá el pueblo colombiano’. Pero en esta negociación, no. Y nada se ha negociado en ese sentido, ningún punto ni siquiera se ha incluido en la agenda.

Esa es la discusión, esa es la confusión: ‘Es que Santos con tal de lograr la paz, va a entregar al país’. ¿Qué voy a entregar, qué puedo entregar dentro de estos parámetros que les he manifestado? Estas líneas rojas, que desde un principio establecí, no se han traspasado ni un solo milímetro en estos tres años, ni se van a traspasar. Lo que pasa es que explicar eso todos los días, en medio de la negociación, es difícil, porque las cosas pueden cambiar en las negociaciones. Entonces de ahí la dificultad de los procesos. Tiene uno que muchas veces ser paciente, permitir que le den rienda a todo tipo de especulaciones y después salir. Y cuando tengamos el paquete completo, además, sí que vamos a necesitar que universidades como los Andes nos ayuden a hacer pedagogía.

Esta es la paz y los costos de la paz son mínimos. ¿Costos en qué sentido? Darle beneficios jurídicos a la guerrilla, sí. Permitirles que hagan política, sí. ¿Pero cuáles son los beneficios de esa paz? Son inmensos. Este país cambia. Nos hemos acostumbrado a vivir en guerra 50 años. Nadie de los aquí presentes, ninguno de ustedes ha vivido un solo día de paz. Y ya lo tomamos como algo cotidiano, no sabemos lo que es un país normal. Aquí a esta universidad no vienen estudiantes americanos porque les prohíben. ¿Por qué? Por el Travel Warning. ¿Y por qué el Travel Warning? Porque somos un país en conflicto. Solamente eso como uno de los inmensos costos de ese proceso.

Aquí en la universidad se hizo uno de los estudios más importantes de los costos de la guerra. Usted hizo un estudio maravilloso que lo he utilizado, pero estudios como los de ustedes hay miles. Los costos de la guerra y los beneficios de la paz. En Suráfrica firmaron la paz y la inversión extrajera se multiplicó por 12, las exportaciones se multiplicaron por 9. En Angola se firmó la paz y el crecimiento económico subió a 17,5 por ciento. Pero lo que significa un estudio, y además me gustó mucho ese enfoque de la productividad. La productividad de los desplazados. Tenemos más de 7 millones y medio de desplazados que se van a los cinturones de miseria de la ciudades y su productividad, el impacto en la productividad de la economía, es inmenso, porque su productividad baja 50, 60 ó 70 por ciento. ¿Cuánto vale a demás ese desplazamiento? En fin, los costos de la guerra son inmensos, los beneficios de la paz son muchos más grandes.

Eso es también algo que ustedes aquí en esta universidad, que tienen la materia prima, que tienen la credibilidad, porque en las democracias de hoy a los jefes de Estado pocos les creen, ustedes tienen la credibilidad, pueden jugar un papel fundamental. Ese es el favor que les pido, Pablo y todos ustedes, ayúdenme a hacer pedagogía. Esta paz, repito, no es mía, esta paz es de ustedes, de Colombia, es de sus hijos. Tenemos esa inmensa, esa gran oportunidad de dejarles a nuestros hijos un país en paz, que sea el único país de todo el hemisferio occidental que logró alcanzar la paz, porque somos el único país que tiene un conflicto armado.

Si terminamos ese conflicto armado, podemos dedicarnos a otras cosas y poder focalizar los esfuerzos, las energías, los recursos que se están yendo en esta guerra, que son inmensos. Yo fui Ministro de Defensa, tengo 14 mil soldados solamente en las selvas del Caguán en este momento, 14 mil. ¿Se imaginan lo que eso significaría para la seguridad de todos ustedes que esos 14 mil soldados se fueran a vigilar la seguridad ciudadana y no tuviera yo que mantenerlos solamente en el Caguán? Muchas gracias.