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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos al instalar el Congreso Nacional de Comerciantes en Cartagena

 Cartagena, 9 sep (SIG).

Yo tenía un discurso escrito, bastante largo, además, muy formal, pero escuchando a quienes me antecedieron en el uso de la palabra y además los temas que estamos viviendo, creo que voy a dejar este discurso para que lo lean en otra ocasión. Y referirme a tres temas que aquí han sido mencionados. El tema de la coyuntura económica que estamos viviendo: la situación actual, de dónde venimos, para dónde vamos; el tema de Venezuela, y el tema también de la paz que mencionó el doctor Velásquez y también con mucha propiedad el doctor Botero.

La coyuntura económica. Quiero comenzar, doctor Botero, diciéndole: qué bueno ese lema y esa aseveración que usted acaba de ratificar: que Fenalco no le jala al pesimismo. Eso es muy importante. El pesimismo es la kriptonita de la economía. Las expectativas muchas veces, como usted lo decía, se convierten en realidad porque la gente comienza a creer que son ciertas, y por eso qué bueno que usted y su gremio y todos ustedes, los comerciantes de Colombia, tengan optimismo, sean positivos y tengan fe en que este país está saliendo adelante, con dificultades, claro está, pero con mucha solidez y mucha fortaleza.

Hay razones para ser optimistas. Es cierto que estamos viviendo una tormenta económica financiera nacional e internacional. Lo nacional muy producido y muy afectado por la parte internacional. Pero Colombia ha venido construyendo una economía muy sólida, que está preparada para este tipo de tormentas, y lo estamos viendo.

Desde hace mucho tiempo, nuestras instituciones, usted hablaba de Alberto Lleras en el año 45, inclusive antes, cuando se creó el Banco de la República. Poco a poco se fueron creando las instituciones económicas que le han dado una continuidad a muchas de las políticas macro en este país, que han hecho que Colombia sea el país con menos volatilidad en toda América Latina desde hace muchísimos años. Ese es un gran activo. Las expectativas siempre han sido de un país estable y eso en economía vale oro.

Cuando llegamos al Gobierno, con el equipo económico, con el Banco de la República, nos sentamos y dijimos: ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué tenemos que fortalecer? ¿Qué tenemos que seguir construyendo sobre lo construido, porque aquí la continuidad es muy importante? Y nos propusimos entrar en una especie de círculo virtuoso para mantenernos en ese círculo virtuoso, porque eso es algo que para el país es muy importante.

¿En qué consiste, en qué consistía ese círculo virtuoso? Tenemos que seguir aumentando la confianza en la economía. Confianza que se basa en un manejo responsable, un manejo que les dé a los inversionistas la tranquilidad de que no vamos a entrar en irresponsabilidades, en locuras, reduciendo la parte fiscal, el déficit fiscal, para dar confianza de que vamos a tener recursos suficientes en el futuro para pagar nuestras deudas.

Por eso hicimos aprobar en el Congreso de la República reformas constitucionales y leyes que iban dirigidas en esa dirección. Eso se logró. Y esa mayor confianza, ese menor déficit fiscal, pues produce un menor costo al capital. Y ese menor costo al capital, para el pequeño comerciante, para el que va a comprar una vivienda, para el industrial y para el país, se traduce en mayor inversión. Es una ‘Regla de Pareto’, como llaman los economistas: si hay menos costo al capital, pues hay más plata para invertir. Esa mayor inversión genera mayor crecimiento. Ese mayor crecimiento genera más recaudos, y así se puede mantener un déficit fiscal muy razonable o inclusive unas cuentas en equilibrio, pero al mismo tiempo haciendo inversiones y haciendo una política social, que este país necesita con tanta urgencia, agresiva, eficaz.

Eso lo hemos logrado. A finales del año pasado, cuando uno tiene ya todas las cifras consolidadas, podemos decir, con mucho orgullo y con mucha tranquilidad, que logramos llegar a ese círculo virtuoso. Fuimos el país de toda la región, economías medianas y grandes, que más creció. El país que más atrajo inversión. El país con uno de los menores costos en materia financiera. Uno de los países que más aumentó su recaudo tributario. O sea que logramos ese objetivo.

Y se nos vino esta crisis. La baja en el precio del petróleo, que nos ha golpeado a los colombianos de forma muy dura, porque nosotros habíamos, poco a poco, ido acercándonos a esa enfermedad holandesa. Muchos dicen que ya la teníamos. Yo digo que teníamos un resfriado holandés, pero sí habíamos comenzado a depender demasiado del sector minero-energético. Eso nos estaba trayendo problemas de toda índole. Y la gente protestaba, sobre todo el sector productivo: que mire que ustedes nos hicieron… Yo me acuerdo, hace 25 años, cuando comenzamos a abrir la economía, que decían: cómo van a abrir la economía si estamos con una tasa de cambio sobrevaluada. Esa crítica la repitieron durante todo este tiempo. Hace un año en la Andi, el gran reclamo era: ¿La tasa de cambio, ‘Presidente; la tasa de cambio, Ministro de Hacienda’.

Vino la baja al precio del petróleo. ¿Y qué hicimos nosotros? Reaccionamos, con miras a mantener el círculo virtuoso, a mantener la confianza ante todo. ¿Y cómo mantiene uno la confianza? Reaccionando oportunamente y reaccionando bien, tomando las medidas, por más dolorosas que sean, las medidas necesarias. Eso es exactamente lo que hemos venido haciendo. De un solo envión, le bajamos al presupuesto de inversión en el Plan de Desarrollo 17 billones de pesos, porque ya no teníamos los recursos que creíamos que íbamos a tener con el petróleo por encima de 100 dólares. Ayer se aprobó el presupuesto para el año entrante, un presupuesto que sigue disminuyendo, un presupuesto que ya no representa el 20 por ciento del PIB sino el 19 por ciento.

Vamos a hacer todo lo necesario, así sea doloroso, para mantener esa confianza y mantener nuestras finanzas en equilibrio, porque ese es uno de los grandes activos que tenemos. Eso es bien importante que quede claro. El presupuesto que se aprobó ayer en el Congreso de la República es un presupuesto que significa una reducción a la inversión del más del 10 por ciento. En los gastos generales de más de 3,5 por ciento, donde no hay mucho margen de maniobra.

Pero si es necesario, hacia adelante haremos los ajustes correspondientes para mantener el equilibrio en nuestras finanzas públicas, que además lo tenemos que hacer por ley, porque nosotros mismos nos impusimos una camisa de fuerza con la reforma constitucional de la sostenibilidad fiscal y la ley de la regla fiscal, que nos obliga legalmente a mantenernos dentro de la senda de la responsabilidad fiscal.

Eso contrasta con muchos otros países, que no han podido y no han tenido la capacidad política, o no han tenido la voluntad política para tomar las acciones y las determinaciones correspondientes. Hoy, por ejemplo, infortunadamente –lo digo porque eso le pega a todo el mundo–, Standard & Poor’s le bajo nuevamente la calificación a Brasil. Nosotros estábamos hace un año en el mismo nivel que Brasil en materia de calificación, de acuerdo con las agencias de riesgo. En marzo se lo bajaron a Brasil y hoy se lo volvieron a bajar. A nosotros nos lo han mantenido. ¿Por qué? Porque hemos hecho el trabajo correctamente.

Ese crecimiento ha sido un crecimiento sano. ¿Qué quiere decir un crecimiento sano? Porque eso también ha sido una prioridad en nuestra política económica. Un crecimiento que genere empleo, un crecimiento con inflación baja y un crecimiento que pueda ser sostenible en el tiempo. A través de políticas focalizadas para lograr esos objetivos, hemos logrado el crecimiento. Este año vamos a seguir creciendo por encima de cualquier otro país de América Latina. Tal vez con Perú, nos estamos disputando ese primer puesto.

Mañana se van a publicar las cifras de crecimiento del Dane. ¿Qué calculamos nosotros que se va a publicar? Creo que un crecimiento en el segundo trimestre cercano al 3 por ciento. Si eso es así, quiere decir que vamos a lograr ese objetivo que nos propusimos desde el principio de crecer este año, a pesar de la tormenta económica, alrededor del 3,2 – 3,5 por ciento. ¿Eso cómo se compara con el resto de los países? Pues ahí están las cifras. América Latina en promedio va a crecer entre el 0,4 y el 0,5 por ciento. Eso quiere decir que vamos a crecer 6 ó 7 veces más que el promedio de América Latina. Claro que vamos a crecer menos que el año anterior, pero es un crecimiento que nos va a permitir seguir en ese círculo virtuoso.

La baja del precio del petróleo, que ha traído esta devaluación, pues tenemos que afrontar esa nueva coyuntura, que no es pasajera. Este es un ajuste estructural. Aquí no vamos a volver a ver tasas de cambio de 1.800 y de 2.000 pesos por dólar. Este es un ajuste estructural, que sé que tiene ganadores y perdedores. Y sé y sabemos todos que en el comercio hay muchos perdedores, sobre todo los que importan, que van a tener que ajustarse, que van a tener una transición. Toda transición es dolorosa, pero también al país se le presentan unas enormes oportunidades, inclusive a muchos comerciantes. Tenemos que ver cómo podemos sustituir importaciones, y tenemos, afortunadamente, mucho de dónde poder escoger en producción nacional, que es buena, y aquí hay una oportunidad para reforzar todos esos sectores productivos, que han estado golpeados por una tasa de cambio sobrevaluada, y que ahora van a tener una gran oportunidad de poder aumentar sus mercados internos y externos.

Comentaba el Presidente de Nutresa que ellos están sustituyendo importaciones rápidamente y que, al mismo tiempo, están vendiendo como nunca antes. Ayer Carlos Mario Giraldo, en la presentación de una película que les recomiendo a todos que vean: ‘Colombia, Magia Salvaje’, que realmente lo estremece a uno y lo hace sentirse orgullo de tener un país con semejante potencial, me decía: Nosotros estamos sustituyendo importaciones rápidamente, textiles y confecciones. De 6 millones de dólares ya estamos reduciendo a 2. Pero no es que estemos vendiendo menos. Simplemente es que estamos comprando aquí, porque hemos visto que la producción es igual o mejor y ahora es mucho más barata.

Eso para muchos comerciantes es aplicable. Ahí tenemos además un gran desafío, doctor Botero, para encadenarnos. Yo escuché su queja o su observación sobre las cadenas productivas, esos sectores que se denominan de talla mundial, donde el comercio también debía estar. Creo que el doctor Botero tiene toda la razón. Ahí el comercio también debería estar, porque tiene mucho que decir en esa cadena de productividad.

Entonces nos hemos ajustado. Por ejemplo, el ingreso petrolero hace dos años, en 2013, representaba casi el 20 por ciento (19,7 por ciento) de los ingresos totales de la Nación. Ahora va a representar el 2,5. De 19,7 a 2,5. Ya nos ajustamos. O sea que ya tomamos las decisiones y ya estamos viviendo esa nueva realidad. Ahí es donde digo que hay mucho margen para el optimismo, porque ahí hay una serie de oportunidades enormes.

Por ejemplo, este desajuste en materia comercial, importaciones versus exportaciones, eso se demora mucho tiempo, o no mucho, pero se demora en ajustarse. La gente, mientras toma las decisiones, encuentra mercados. Suma más o menos 6 mil y pico millones de dólares el déficit comercial, importaciones versus exportaciones.

Pues miren este cálculo. Usted ha ido, doctor Botero, a esa maravilla que se llama La Fazenda en los Llanos Orientales, la conoce muy bien, allá están ya produciendo maíz y soya, que tienen una productividad igual o mejor de la que se produce en Argentina, en Uruguay o en Estados Unidos. Con solo sustituir las importaciones de maíz y soya (estamos aprobando una ley en el Congreso de la República para que toda esa Altillanura se ponga a producir, por ejemplo, maíz y soya, y podamos también o inclusive exportar, y a estos precios con mayor razón), con solamente sustituir esos dos productos, más lo que va a representar esa refinería aquí en Cartagena (la refinería que está en este momento prendiéndose nuevamente, esa refinería va representar, entre menores importaciones y mayores exportaciones, 1.800 millones de dólares. Y la sustitución de estos dos productos son otros 3 mil y pico), casi que con eso solo, ya eliminamos el déficit comercial.

Eso se los digo para decirles que la situación que estamos viviendo, que es difícil, que nos estamos apretando el cinturón para mantener esa confianza hacia el futuro, es una coyuntura que ofrece unas grandes oportunidades. Sabemos perfectamente cuál ha sido nuestro rumbo y cuál tiene que seguir siendo el rumbo: disciplina fiscal, tener un manejo práctico pero responsable. Por eso con el Pipe 2.0 estamos promoviendo sectores que jalonen la economía, el sector de la vivienda, que va muy bien, para que se siga generando empleo.

Las cifras de empleo, las últimas cifras que se dieron a conocer hace una semana: 8,8 por ciento en el mes de julio de desempleo, el más bajo desde que se llevan las cifras. Ahí ustedes contribuyeron enormemente. Los dos sectores que más han contribuido a la generación de empleo son comercio y construcción. Hay que continuar en esa dinámica, eso es muy importante.

Entonces una economía que genera empleo. Y seguimos. Llevamos casi 60 meses bajando la tasa de desempleo. Me decía un altísimo funcionario del Tesoro Americano: Esto es algo que no se había visto en mucho tiempo en el mundo. Un país que lleva 60 meses bajando el desempleo mes tras mes. Solamente un mes, uno, diciembre de 2013, no bajó el desempleo frente a diciembre de 2012. De resto llevamos bajando el desempleo 60 meses seguidos. Y creando empleo más formal que informal. Eso es muy importante. O sea que la solidez de la economía y lo que hemos logrado es lo que tenemos que mantener. A veces hay que tomar decisiones difíciles y a veces hay que apretarse el cinturón.

Pero mi mensaje a ustedes es de optimismo. Apenas esta tormenta se calme, el viento de cola nos va a llevar a unas velocidades mucho más altas en materia de crecimiento económico. Eso y la dinámica económica que queremos que se mantenga en este país, es una dinámica económica con un crecimiento alrededor del 5 por ciento. Y si logramos la paz, vamos a crecer muchísimo más.

La sola inversión que ya estamos haciendo en materia de infraestructura, lo que diseñamos desde hace mucho tiempo con mucho cuidado, estructurando los proyectos, esa sola inversión va a cambiarle totalmente la competitividad al país, porque de Medellín a Cartagena se van a ahorrar la mitad del tiempo o de Medellín a Cali, en toda la conectividad del país, mientras duran esas inversiones, el aumento del crecimiento en la economía es alrededor del 1,5 por ciento adicional. Y lo que queda para el resto de la vida es un aumento de competitividad, de productividad, que va a agregarle un crecimiento del 0,8 al 0,9 por ciento de por vida.

Lo que estamos haciendo, focalizando la vivienda ya no tanto en la vivienda gratis, donde también vamos a continuar, pero en ciertos sectores de la clase media, que han sido el sandwich de las políticas de vivienda, la demanda ha sido espectacular y el crecimiento va a ser y va a seguir siendo espectacular. O sea que tenemos muchos motivos para poder ser optimistas.
 
Los tratados de libre comercio en el fondo no los hemos aprovechado. Tenemos que comenzar a aprovecharlos con mucha más agresividad. Aquí quiero ofrecerle, doctor Botero, algo que podemos hacer para tratar de resolver muchos de los problemas de la lista que usted me acaba de mencionar. Con el sector exportador y el sector productivo, hemos venido haciendo unas reuniones. Con la Ministra de Comercio, llevamos más de mil empresarios por sectores. Pero qué necesitan ustedes, qué trámites, qué problemas tienen para resolvérselos casi que ahí mismo o en los próximos 15 días o en el próximo mes. Hagamos ese mismo ejercicio con Fenalco. Y vamos a tratar de buscar cómo resolver muchos de los problemas que ustedes están teniendo. Sé del problema de la UGPP, eso ha sido un clamor nacional y lo vamos a resolver, y resolvámoslo rápidamente.

Pero lo que quería decirles es que la parte económica, la coyuntura económica es difícil. Somos los primeros en reconocerlo, pero estamos actuando responsablemente, estamos haciendo las cosas que creo nos toca hacer. Y vamos a seguir haciendo las cosas que nos toca hacer para mantener la economía colombiana en ese estado de solidez, que nos permita afrontar estas tormentas como las que está viviendo la región y el mundo.

Tema Venezuela

Pasemos al problema de Venezuela. Usted mencionaba a maduro, pero otro tipo de maduro. Usted mencionaba que Leo Marini comía huevo frito con arroz y maduro.

En el problema de Venezuela, les agradezco enormemente el apoyo de todos ustedes. Cuando hicimos las paces, por así decirlo, con Chávez, nos sentamos cara a cara y yo le dije: ‘Usted y yo hemos sido enemigos, nos hemos dicho hasta de qué nos vamos a morir, pero usted es el Jefe de Estado de Venezuela y yo soy el Jefe de Estado de Colombia, y tenemos que ver cómo podemos convivir como personas sensatas, como jefes de Estado sensatos, por el bien de nuestros pueblos. Le propongo que nos respetemos nuestras diferencias. Usted piensa diametralmente opuesto a lo que yo pienso en muchas cosas. Su Revolución Bolivariana yo no la comparto. Espero que le vaya bien, pero creo que el camino mío, que es el de la Tercera Vía, va a obtener mejores resultados. Pero ni usted me critica a mí, ni yo lo critico a usted. Y más bien tratemos de buscar esos comunes denominadores donde podamos trabajar juntos’.

Yo tengo que reconocer que hasta el día de su muerte cumplió su palabra, porque me dio la mano y me dijo: ‘Listo, trabajemos con ese espíritu, respetándonos las diferencias, sabiendo que hay unas diferencias profundas, y trabajemos en lo que nos puede unir y en lo que podamos trabajar juntos’.

Él ayudó mucho al inicio a todo este proceso de paz y eso también tengo que reconocerlo. En esta coyuntura que estamos viviendo, pues yo pensaba que eso se podía continuar y se lo dije, porque Maduro estuvo presente cuando hice las paces con Chávez, él estaba ahí sentado con la canciller actual, María Ángela Holguín. Son testigos. Y cuando se murió Chávez, le dije: ‘Sigamos en ese mismo espíritu, respetémonos nuestras diferencias. Si tenemos algo que decirnos, digámoslo por las vías normales, diplomáticas, en forma civilizada. Si hay diferencias, como siempre habrá en dos países que tienen 2.200 kilómetros de frontera, hagamos un esfuerzo’. Perfecto, me dijo que sí, y seguimos ese proceso, dirimiendo las diferencias por las vías diplomáticas, por las vías que corresponden, por el diálogo, y muy bien.

Lo que ha pasado ahora para mí también ha sido una sorpresa, porque cuando vimos lo que estaba sucediendo con nuestros compatriotas, quise llamar al Presidente Maduro, no me pasó al teléfono. Dije: ¿qué está pasando aquí? Que decidió cerrar la frontera, aduciendo que hay unos problemas de contrabando y de bandas criminales, él los llama paramilitares, yo lo llamo banda criminal, porque no son paramilitares. Y yo también estoy y en el Gobierno colombiano estamos igual o más interesados en combatir el contrabando, lo estamos haciendo, y en combatir las bandas criminales, lo estamos haciendo. Pero esos criminales, esos delincuentes, siempre se aprovechan de las fronteras.

Cuando los países colaboran y las Fuerzas Armadas de un país y del otro, y los policías de un país y del otro colaboran, en la frontera los que pierden son los delincuentes. Eso lo tenemos muy claro y lo hemos vivido muchas veces. Cuando no hay colaboración, los delincuentes hacen su agosto, porque aprovechan esa situación. Eso era lo que yo le quería decir al Presidente Maduro: Si el problema es el que usted está diciendo, si ese es el problema, entonces lo peor es cerrar la frontera. Más bien colaboremos los dos, para entre los dos ser más efectivos en contra del contrabando y en contra de las bandas criminales.

Entonces comenzó: que es que el problema de escasez en Venezuela era culpa de Colombia y que el problema de la tasa de cambio en Venezuela. Una tasa de cambio ya absurda –6 con 10, 6 con 50 la tasa de cambio oficial para ciertos productos, y 700 o más la tasa paralela, que eso era culpa también de Colombia, de las casas de cambio en Cúcuta. Y que la inflación también era producto o era consecuencia de las políticas colombianas. Y que su inseguridad, la tasa de homicidio en Venezuela está en 82 por cada 100 mil habitantes, nosotros la hemos venido reduciendo, estamos en el momento más bajo de los últimos 40 años, estamos en 26, que también es culpa de los colombianos. A lo cual yo le dije: Me da mucha pena, pero los problemas de Venezuela son hechos en Venezuela, no son hechos en Colombia.

Ahora lo último que dijo, hace un par de días, es que yo estaba empeñado en acabar con la Revolución Bolivariana. Y esta mañana le dije: ‘No, señor, la Revolución Bolivariana se está acabando por sí sola, se está autodestruyendo por los resultados que está produciendo. No me venga a mí a echar la culpa de que Colombia es la responsable de los problemas en Venezuela. Y, por favor, tampoco, y esto es lo que a mí más me interesa, lo que a mí más me indignó desde el principio, usted no puede tratar a nuestros compatriotas en la forma como los trataron al deportarlos. Todo país tiene derecho también a cerrar su frontera, ese es un acto soberano. Todo país tiene derecho a deportar a los ciudadanos de otros países que están ahí en forma ilegal. Nadie está discutiendo ese derecho. Pero la forma de hacerlo, cómo les violaron todos sus derechos, ahí sí tenemos que protestar, porque eso es totalmente inaceptable’.

Ustedes vieron las escenas. Yo fui y he ido en cuatro oportunidades a Cúcuta a hablar con los deportados sobre qué fue lo que pasó, cómo los deportaron. Ustedes vieron las escenas: marcaban las casas, unas casas humildes, con una R para Revisar y otra D para Demoler. Yo no había visto eso sino en las películas sobre lo que hacían los nazis en Alemania contra los judíos. Yo no había visto algo parecido. Por supuesto, hicimos la protesta y hemos protestado y seguiremos protestando. Y al mismo tiempo, seguiremos buscando una solución a ese problema. Nuestro interés, la prioridad nuestra ha sido la parte humanitaria de nuestros compatriotas. Esa es la prioridad número uno.

Por supuesto que necesitamos y queremos resolver el problema, si es que hay interés en resolverlo, porque lo que no hemos entendido bien es cuál es el verdadero propósito de todo esto que está sucediendo, qué hay detrás, cuáles son las intenciones, por qué se está haciendo eso. Hay muchas teorías.

Si es verdad que lo que quieren es combatir con más eficacia el contrabando y las bandas criminales, aquí estamos listos a colaborar, inclusive a compartir con ellos la eficacia de nuestras Fuerzas Armadas, de nuestra Policía, porque ahí hemos aprendido mucho. Estamos exportando, además. Es parte de nuestros productos de exportaciones cómo es que perseguimos a los delincuentes, porque aquí hemos pagado un precio muy alto en nuestra lucha contra las mafias. Y lo que está sucediendo en la frontera es producto de las mafias. Unas mafias poderosas que no solamente controlan el contrabando. Controlan la trata de personas, el narcotráfico. De manera que sabemos cómo hacerlo. Pero eso requiere voluntad de ambas partes. ¿O es que los productos que vienen de Venezuela vienen sin ninguna ayuda de nadie allá en Venezuela, que les dan gasolina, manivela, a todas esas exportaciones ilegales hacia Colombia? Entonces en esto hay de lado y lado. Y si queremos resolver el problema, tiene que ser de lado y lado.

Lo que he dicho: en mi radar, en el radar de este Gobierno en materia de relaciones exteriores, hay unas coordenadas: la de arriba se llama diplomacia, la de abajo se llama diálogo, la de la izquierda se llama firmeza y la de la derecha se llama prudencia, sensatez. Ese es el radar con el cual nosotros manejamos nuestras relaciones exteriores. Ahí no caben los insultos, no caben los irrespetos, no caben las payasadas. Ahí eso no lo aceptamos en nuestro radar. Entonces si queremos diálogo, tiene que ser dentro de esos parámetros. Así, con dialogo, con diplomacia, con respeto, podemos solucionar cualquier problema. Mientras eso no suceda, nosotros seguiremos defendiendo a nuestros compatriotas, sus derechos, y seguiremos defendiendo la dignidad de nuestro país.

Mientras tanto vamos a seguir haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para fortalecer la frontera. Hay que muchas veces –esa ha sido también la norma, como lo dije al principio–, aprovechar las crisis y los problemas para convertirlos en oportunidades. Creo que llegó el momento, lo estamos hablando en el Gobierno, con ustedes, con los demás gremios y con todo el sector productivo: aprovechemos esto para ver cómo realmente le damos un impulso al desarrollo en la frontera. Ya se tomó la decisión de eliminar el IVA durante un tiempo para ciertos productos, como se había sugerido, pero hay muchas más acciones que se pueden tomar para fortalecer la economía de toda la zona fronteriza.

Y ahora con la conectividad, porque hace poco firmamos las carreteras de cuarta generación de Cúcuta – Bucaramanga y de sacar muchos de los productos que no tienen que salir por Venezuela, pueden salir por Colombia ya con mucha más facilidad, porque va a haber movilidad, inclusive por el río Magdalena. El carbón que está represado allá, que está generando muchos problemas, son más de siete mil personas las que están a punto de perder su empleo, vamos ya a darle salida a ese carbón.

Ahí hay unas oportunidades que podemos aprovechar para fortalecer la economía en Cúcuta y en toda la zona fronteriza, y dejar de depender tanto del comercio con Venezuela. Y si el comercio con Venezuela se arregla, y ojalá se arregle, pues sería maravilloso. Ahí sí una ganancia adicional. Pero aprovechemos esto para poder ordenar nuestra frontera y fortalecer nuestra frontera. Ahí los invito a que trabajemos juntos, porque sé que el comercio en Cúcuta ha sido muy afectado, pero podemos también ver la forma para fortalecerlo y salir adelante trabajando todos juntos.

Proceso de paz

Finalmente, quiero hablarles sobre la paz. Doctor Velasco, yo le agradezco mucho sus palabras. Usted viene de un departamento que ha sufrido como pocos los avatares de esta guerra. Veía que hace 70 años, en una fotografía de Alberto Lleras del año 45, se inició realmente la primera semilla de Fenalco, los comerciantes. Ese mismo año, hace 70 años, más o menos por esa misma época, estaban derrotando en las urnas a Winston Churchill, quien había acabado de ganar, ni más ni menos, que la Segunda Guerra Mundial y ganó las elecciones Clement Attlee. La gente decía: Pero qué pasó, qué le pasó a Inglaterra, qué cosa tan increíble: A Churchill, el líder más importante del mundo occidental, que ganó la guerra por su tenacidad, por su perseverancia, lo derrotan en las urnas.

Alguien dijo allá en Inglaterra, en Londres: Es que hay momentos para la guerra y hombres para la guerra y hay momentos para la paz. Eso es así: hay momentos para la guerra y momentos para la paz. Ese momento para la paz en Colombia creo que ha llegado. Tenemos que aprovechar esa oportunidad para cambiar este país, porque es que llevamos demasiado tiempo en guerra. Tanto tiempo llevamos que nos hemos acostumbrado a la guerra. Muchos de nosotros vivimos en las ciudades y no nos damos cuenta el costo tan alto de este conflicto, que todavía está presente. Lo que ha costado estos 50 años de guerra y lo que seguirá costando si continúa.

Ustedes quiero que tengan la tranquilidad, la total tranquilidad de que todo lo que hemos hecho para negociar esta paz, desde el primer día, ha sido analizado, fríamente calculado, estudiado. Sabíamos, sabemos y sabremos hasta el final de este proceso dónde están nuestras líneas rojas. Líneas rojas que no hemos violado un milímetro en ninguna de ellas, si ustedes hacen memoria. Cuando presenté al país esta intención de buscar la paz diciendo: Aquí no vamos a hacer la paz por decreto, aquí no vamos a negociar nuestro sistema político, ni nuestro sistema económico, ni la propiedad privada, ni nuestra política comercial, ni nuestra política tributaria. Nada de eso va a estar en la negociación y nada de eso ha estado en la negociación.

Yo le propondría, doctor Guillermo, que usted hiciera un pequeño grupo de trabajo y estudiemos palabra por palabra, coma por coma, punto por punto, lo que ha salido de los acuerdos. Ustedes se van a dar total cuenta de que nada de lo que se ha negociado los afecta negativamente. Nada. Todo lo contrario: ¿ustedes se imaginan lo que pasa aquí en Colombia y en el resto de la región, que las Farc decidan no seguir protegiendo el narcotráfico y que ayuden al Gobierno colombiano a erradicar el narcotráfico de este país?

Lo otro que se ha negociado: profundizar nuestra democracia, como lo haría cualquier democracia y lo hace cualquier democracia en cualquier parte del mundo. O el desarrollo rural. Ahora que salió el Censo, que después de 45 años no se había realizado, lo que se vio es la necesidad de invertir más en el campo, y lo que se negoció es eso. A nadie se va a expropiar. A nadie. Todo lo contrario, lo que va a haber es mucha más inversión, más bienes públicos en el campo colombiano.

Lo que falta por negociar: las víctimas, sus derechos, el derecho a la verdad, ya está eso negociado. Una Comisión de la Verdad. El derecho a la reparación, estamos a punto de terminarlo. El derecho a la no repetición, por supuesto que esto no puede volver a suceder: 50 años de guerra nos deben haber dado una lección para no repetir lo que hemos visto, las atrocidades que se han cometido. Y la justicia. La justicia es dónde uno traza esa línea entre la justicia y la paz. Eso es lo que se está negociando.
 
El quinto punto, el fin del conflicto, cómo es que se va a hacer el cese al fuego bilateral y definitivo, eso tiene muchas aristas: dónde se van a concentrar, en cuántos sitios, quién va a garantizar la seguridad, cómo van a entregar las armas. Porque tienen que entregar las armas. De eso no les queda la menor duda. Se trata es que esta gente deje las armas, y si quiere hacer política, pues la haga pero sin armas. Y pare de contar.

¿Cuál es el miedo? ¿Cuál es el temor de que ‘es que el Presidente con tal de firmar la paz va a entregar el país’. ¿Qué es entregar el país? ¿Qué de lo que está en la agenda? Porque es que previamente, y esto es muy importante, previamente lo que se negoció fue una agenda de cinco puntos en torno a los cuales, si hay acuerdos, se termina el conflicto. Y eso es lo que va a suceder. Ahí no están en juego las Fuerzas Militares, ni la justicia militar, nada de lo que se ha dicho. Lo que pasa es que se ha dicho mucho. Y esta gente aspira, por supuesto, a hacer la revolución por decreto, pero es que eso no va a suceder. Y nuevamente: lean los acuerdos. Nada de lo que está ahí y nada de lo que va a estar en los otros acuerdos los va a afectar a ustedes, a ningún empresario, a ningún comerciante, negativamente. Todo lo contrario.

¿En qué estamos en este momento? Estamos en el proceso de ver qué se requiere para poder implementar los acuerdos y por eso la discusión sobre el acto legislativo. Aquí quiero explicarles muy brevemente: necesitamos una reforma constitucional, porque se nos quedó chiquita la reforma que hicimos que se denominó el Marco Jurídico para La Paz. Se quedó chiquita. Hay que hacer otras reformas constitucionales.

¿Cómo se pueden hacer las reformas constitucionales? Se pueden hacer de tres maneras: a través de una Constituyente, que es lo que quiere la guerrilla y nosotros dijimos no. Se puede hacer a través de un referendo y también dijimos que no. Yo he dicho que eso sería un suicidio. ¿Por qué? Porque, ¿ustedes se imaginan un referendo con 70 preguntas? Eso es imposible de administrar. O se puede hacer usando los procedimientos que tiene nuestra propia Constitución, que es a través del Congreso de la República. Un acto legislativo. Entonces decidimos hacerlo a través del Congreso con un acto legislativo.

Que se va a crear una comisión legislativa, es una de las posibilidades, sí. ¿Para qué? Para que las leyes que se requieran para implementar los acuerdos, aparte de la reforma constitucional, se puedan tramitar con más rapidez. Ese es el único propósito. ¿Por qué se hace eso? Porque está comprobado que en muchos otros países que han negociado procesos de esta naturaleza, dejar demasiado tiempo entre el momento en que se firman los acuerdos y el momento en que se implementan, se corre un riesgo de que se desmorone todo por ese limbo. Entonces acortar ese tiempo se vuelve muy importante y eso es lo que estamos queriendo acordar.

Nada tiene que ver esto con la refrendación. Yo le prometí al pueblo colombiano, les prometí a ustedes, que cualquier cosa que se negocie va a ser sometido a un proceso de refrendación. Nunca en ningún momento en estos tres años he dicho que voy a bajarme de esa promesa. Todo lo contrario, lo he ratificado permanentemente y aquí lo ratifico ante ustedes. La refrendación se va a hacer, pero eso tiene que ser negociado, porque así se propuso. Vamos a negociar con la guerrilla la forma de refrendar, pero el pueblo colombiano tendrá la última palabra. Es otro seguro que tienen los colombianos.

Entonces cuando yo digo que no voy a hacer referendo, me refiero es a que no voy a hacer referendo para modificar la Constitución. Pero nunca he dejado de decir que un compromiso formal mío, desde que comencé este proceso, es que voy a someter, sin necesidad de hacerlo, porque no tengo la obligación legal de hacerlo, pero tengo la obligación moral de hacerlo, que voy a someter lo que se acuerde a que el pueblo colombiano diga: me gusta o no me gusta. Este es un seguro adicional a todo esto que les estoy contando. Nelson Mandela decía, un consejo que además está en todos sus libros, en todos sus escritos: No le paren bolas a todo lo que se dice por fuera de los acuerdos. Ahí se dice mucho. Cada parte siempre dice lo que aspira a conseguir y la gente comienza a interpretar que eso va a quedar en los acuerdos. No. Si ustedes hacen un cálculo, una lista, una doble columna, de qué es lo que las Farc quisieran y qué es lo que ha salido de los acuerdos, se van a dar cuenta de que nada de lo que quieren, o muy poquito, es en lo que estamos, porque ellos sí quieren hacer la revolución por decreto.

Ellos sí quisieran que su sistema marxista leninista pudiera estar en algún momento en la mesa de negociación. Eso no se ha aceptado, no está ni siquiera en discusión. Les hemos dicho: si al día de mañana ustedes convencen al pueblo colombiano de que su sistema, su revolución, no sé cómo la llamen, bolivariana, quieren que el pueblo colombiano la adopte, pues si el pueblo colombiano vota por eso, pues allá el pueblo colombiano, pero no va a ser negociado en este proceso. Aquí lo único que estamos negociando es una transición sin armas a la legalidad y que se termine esta guerra.

Los beneficios. Quiero que piensen un poquito en los beneficios que le traería a Colombia el día que firmemos la paz. Les voy a dar dos ejemplos que he venido utilizando: Sudáfrica firmó la paz y la inversión extranjera se le multiplicó por 12 y las exportaciones se multiplicaron por 9. Angola firmó la paz y el crecimiento económico subió a 17,5 por ciento. Sri Lanka firmó la paz y el turismo automáticamente creció 35 por ciento. Hablando de Cartagena. Son beneficios enormes. Todo esto que les estoy diciendo de la Altillanura. Usted hablaba del campo colombiano. El campo colombiano está atrasado por el conflicto. Cincuenta años de conflicto no le han permitido al país hacer un buen uso de semejante potencial. Somos uno de los siete únicos países en el mundo que tienen la oportunidad de aumentar la producción de alimentos, en un mundo que cada vez está necesitando más alimentos. Y no hemos podido. ¿Por qué? Por el conflicto.

De manera que lo que quería también era darles a ustedes un parte de tranquilidad. Sabemos perfectamente qué venimos haciendo, para dónde queremos ir. Y cuando ustedes vean a dónde llegamos, se van a dar cuenta de que es lo mejor que le puede suceder al comercio colombiano y a Colombia. Muchas gracias.